miércoles, agosto 23, 2017

El conocimiento y su gestión en Gestacción con Javier Martinez de Catenaria

Asisto a una invitación que me hace Juan Vera de Gestacción, donde un grupo de personas escucharemos la presentación de Javier Martínez de Catenaria, titulada "Que va a significar gestionar el conocimiento en la era digital". Después de escucharlo, nos sentaremos a la redonda, provistos de cafecitos y ricos sándwiches, a escuchar nuestras impresiones de lo escuchado.

Hay gente como Rodrigo Collado del Banco Estado, Andrés Auger de WOM, Francisco Méndez de Kruger Corporation y mucha gente de la misma empresa Gestaccion, anfitriones del encuentro, como Arianna Martínez.

pastel de choclo
Juan opera como presentador del presentador, moderador de la conversación posterior y como agradable y cordial anfitrión.

La idea es escribir aquí las impresiones que revolotean por mi cabeza en la mañana, temprana, del día siguiente.
Javier Martínez nos bombardeó con una charla acompañada de una presentación con pantallazos, que no duraban en el telón más de 5 segundos en promedio; y tenían contenido textual e imágenes provocadoras. Nos decía después que era la forma que le funcionaba, para tener atrapada la atención del público y no se fueran, como habitualmente ocurre, a los celulares. Lo logró.

Los países que han prosperado son los países que han puesto el conocimiento de su población en el centro de los objetivos nacionales.
El conocimiento se adquiere a través del proceso de aprender, que no ocurre leyendo la receta de como hacer pastel de choclo, sino que haciéndolo, una y otra vez.

El mundo ha cambiado en pocos años, de manera que introducir data a la cabeza se ha tornado inútil, pues Google en el celular a la mano, lo suple con creces.
Y otra cosa, de creciente impacto, los robots, nos reemplazarán en una enorme cantidad de posiciones laborales.
Entonces la pregunta es, qué aprender. Y está claro que nuestros sistemas educacionales que siguen en la tarea de meter datos en la cabeza, está obsoleta. Necesitamos intervenir eso, la calidad de la educación, entendiendo bien qué es lo que hace falta que aprendamos. Y nos hemos enfocado en la gratuidad, sin atender debidamente estos aspectos. Uh.

Las empresas no han sido diseñadas como organismos de aprender, sino como maquinarias de hacer; transaccionales, eficientistas, orientados a la calidad del producto, a la rentabilidad.
Y hoy el aprender, el conocimiento, ha pasado a estar en el foco de la atención y preocupación de un creciente número de ejecutivos y consultores.

Se interroga a los expertos y se intenta escribir su conocimiento, en medios digitales de acceso amplio. Al parecer solo se transcriben recetas de como hacer pastel de choclo, pero no el verdadero conocimiento. Por eso ni se leen.
Hay desastres gravísimos de pozos petroleros, producto de fallos de un conocimiento que la empresa poseía, pero lo actores relevantes de ese pozo, no lo sabían.
Y con que dificultad se documentan los sistemas, siendo que los que lo hacen saben que es altamente probable que nadie lea lo que escriben. Por eso cuesta tanto que se haga. Y después cuando hay problemas, ni siquiera saben en que computador está corriendo el sistema. Soy testigo de ello.

El sistema educacional, por otra parte, nos dejó vacunados de las ganas de aprender. Solo lo haremos en el futuro en general, para fines específicos, como obtener una certificación o mandatados.
Cómo componemos esto, ha sido inquietud de varios.
Javier dice que lo que moviliza el aprendizaje, es un estado de desespero, de colapso, de no queda otra. Y que los consultores debieran ser agitadores provocadores de esa sensación de urgencia.

Hay otro por ahí, que viene llegando de un viaje a España, donde dice que nadie aprende, a nadie le interesa y lo pasan chancho. Afirma que la felicidad no requiere mayores conocimientos. Javier difiere.

Le pido la palabra a Juan que está a mi lado, pero ya no hay cupos disponibles; estamos cerca de la hora de término y deberá cerrar el mismo Javier, el expositor. Yo quería traer a colación esta distinción del conocimiento de cosas externas a nosotros, del conocimiento que ocurre desde dentro, cuando nos preguntan o nos preguntamos, que me pasa a mi con esto que aprendo. Sabiendo yo que detrás del desarrollo de esa sensibilidad, podré saber después qué es lo mio, cual es mi pasión, un tema que no fue apuntado por nadie en ese intercambio. Tengo un posteo al respecto.

Me voy pensando que mientras miremos a la empresa como algo externo a las personas, donde somos meros manipuladores de la cosa que pasa allá afuera, seguiremos mirando igual. Cuando nos veamos como parte del sistema, aparecerán las emociones de las personas y la cultura de la empresa como relevante.
Y yendo más allá, cuando aprendamos a escuchar o atender a la inteligencia del cuerpo, a la intuición, incluso aplicando meditación o mindfulness, podremos integrarnos aun más en nuestros contextos empresariales, con creatividades quizás insospechadas.

Un nutritivo y estimulante encuentro, al que agradezco haber sido invitado. Escribo esto por la posibilidad de seguir conversando, por vía virtual, de los temas ahí tratados.

4 comentarios:

  1. Gracias por compartir tu impresión. Por mi lado, me quedo con el concepto utilizado por Javier asociado a "Cabrearse" que es cuando las organizaciones están dispuestas a aprender, cuando se "cabrean" de las pérdidas e ineficiencias producto de la no gestión del conocimiento. En palabras de Juan Vera, cómo darle sentido de urgencia a esta necesidad.

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  2. gracias por tu particular aporte Gabriel.
    Una cosa que comentaste ayer y que comparto: los seres humanos somos aprendedores naturales (nacemos diseñados para aprender) pero el sistema educativo nos mutila esa capacidad hasta convencernos de que aprender equivale a estudiar y memorizar y no depende de nosotros sino de terceros. Le roba todo el disfrute hasta que terminamos por odiar el aprendizaje.

    Por otra parte, aprender exige recordar y recordamos las experiencias que tenemos (y no los cursos a los que asistimos o las conferencias que escuchamos) porque nos dejan un impacto emocional, un huella. Por tanto, es muy difícil aprender sin emoción y por lo mismo, estoy convencido que el principal motor del aprendizaje es la motivación (tu hablas de pasión)

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  3. Gracias Gabriel por tus subrayados de una interesantísima conversación. Me quedo resonando con tu párrafo dedicado a la relación con la empresa. Creo que la relación entre las empresas como proyecto y los que trabajan en ellas sigue siendo un aspecto central ¿De quién depende construir el vínculo? Seguramente de ambas partes y dependerá de en qué medidas las empresas ven a las personas como tales y no como recursos y en qué medidas los trabajadores consideran a las empresas como algo más que el espacio transaccional de cambiar horas de vida por dinero.

    En un momento el que la transformación de las profesiones, del sentido de aporte de valor y el puro concepto de trabajo están en revisión, mirar este vínculo, entender que es lo que hoy nos vincula, es una de las líneas de pensamiento que deberíamos resaltar. Un abrazo y seguiremos invitándote a esta aventura del pensar.

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