domingo, enero 18, 2026

La Revolución del Aprendizaje: Cuando la IA Transforma la Educación

Llevo tiempo escuchando que los profesores ya no pasarán materia. Y cada vez estoy más convencido de que esto no es una amenaza, sino una liberación.

La revolución tecnológica de la IA ha transformado la inteligencia en un recurso abundante y barato. La IA es un tremendo motor de respuestas: lo sabe todo, o casi todo, y muy bien. Cualquier cosa que quiera saber se la pregunto y me responde satisfactoriamente. ¿Has intentado aprender algo con NotebookLM? Es fascinante, rápido y fácil.

Pero aquí viene lo interesante: ¿qué necesitamos realmente? Saber de qué queremos aprender.

El Sistema que Nos Formó Ya No Sirve

El sistema escolar al que fuimos sometidos nos preparó mal para los tiempos que corren. ¿Cómo es posible que termines cuarto medio y no sepas qué quieres estudiar en la universidad? Esta pregunta me la he hecho mil veces.

Me acuerdo cuando aparecieron las plataformas de cursos gratuitos: Coursera, EDX, Udacity, Khan Academy. Las personas me decían "no sé qué estudiar". Yo les respondía: toma diez cursos en paralelo, escucha los primeros videos y solo sigue aquellos que te atrapen. Puede ser uno, dos o tres; no más. Era una manera de descubrir qué me gustaba a mí, no lo que otros decían que debía gustarme.

El Miedo a Preguntar Se Acabó

Escuché en el video que provocó esta reflexión algo revelador: el principal inconveniente para aprender en las universidades era el miedo a levantar el dedo y hacer una pregunta. Todos lo hemos sentido alguna vez.

Ahora imagínate la educación del futuro llevada por un tutor de IA personal. Trabaja solo para ti, siguiendo tus intereses, tus preguntas, lo que a ti te apasiona. Hacerle cualquier pregunta no te costará nada. Si hay algo que no entiendes, te lo explicará en la forma que sabe cuál es tu mejor manera y ritmo de aprender. Nunca te hará sentir mal y sabrá cuándo ya entendiste.

La conferencia magistral, la clase a una multitud de estudiantes donde todos aprenden lo mismo y memorizan lo que el profesor quiere que memorices, se acabó. Tú eres ahora el epicentro del proceso de aprendizaje y el ritmo lo pones tú. Se acabaron los calendarios con horarios fijos de cada clase.

La Pregunta Esencial

Lo más importante en el futuro es descubrir de qué área del conocimiento del mundo te quieres transformar en un experto. Tiene que ser algo que de verdad te guste y algo donde deberás determinar qué producto o servicio ofrecerás. Te tiene que gustar mucho, te tiene que fascinar. No elijas el dominio por plata.

Con la IA ya no hace falta estudiar cuatro años para después empezar a trabajar. Vamos trabajando y aprendiendo a la par. Aprender ahora con la IA es muy rápido. El aprendizaje será permanente, continuo, integrado a la vida misma.

Los Títulos Pierden Valor

Los títulos irán perdiendo su valor. Lo que valdrá será tu portafolio de lo que has hecho, tu trabajo real, tus proyectos, tu impacto.

Y las relaciones con pares, ¿qué pasa con eso? De eso se encargará la IA de conectarte con aquellos que comparten tus intereses o el tipo de personas con las que quieras conectar. Formarás parte de grupos, comunidades de aprendizaje donde lo que importa no es tu edad o tu título, sino tu curiosidad y compromiso.

Lo que Realmente Importa

Al final, lo principal a desarrollar es tu carácter, tu juicio, tu creatividad, tu iniciativa. La persona en que quieres convertirte. Porque la IA puede darte todo el conocimiento del mundo, pero no puede decidir por ti quién quieres ser.

Esa sigue siendo tu tarea. Y siempre lo será.


Referencia: video que motivó este posteo

jueves, enero 15, 2026

La IA no es una herramienta, es una infraestructura

(Y la intención es la nueva energía)

Durante siglos confundimos valor con esfuerzo.
Horas, sudor, repetición.
Luego lo confundimos con tiempo.
Más rápido, más barato, más eficiente.

Hoy, con la inteligencia artificial, ese suelo se mueve.
No tiembla: se redefine.

La inteligencia —fabricada, entrenada, desplegada— se vuelve abundante.
Como la electricidad en su momento.
Como Internet después.
Infraestructura silenciosa que no pide permiso y lo atraviesa todo.

La pregunta ya no es si usas IA.
La pregunta es qué haces cuando pensar deja de ser escaso.


El valor migra

Cuando la inteligencia se vuelve commodity, el valor no desaparece: se desplaza.

Ya no está en ejecutar, sino en saber qué hay que hacer.
No en responder, sino en formular la pregunta correcta.
No en la herramienta, sino en el juicio.

La IA multimodal y unificada —texto, imagen, audio, simulación— amplía el campo.
La IA agéntica deja de esperar órdenes y empieza a actuar proactivamente.
Las réplicas digitales simulan escenarios antes de que ocurran.
La inteligencia se incrusta en robots, procesos, sistemas vivos.

El mundo se llena de capacidad.
Pero la capacidad sin dirección es ruido.


Usuarios… o constructores de fábricas

Aquí aparece una bifurcación clara —y no negociable—:

  • Puedes ser usuario de herramientas
  • O puedes ser constructor de fábricas de inteligencia

Las fábricas no producen respuestas.
Producen decisiones mejores, más rápidas, más consistentes.

Por eso el futuro no pertenece al ingeniero de prompts,
sino al ingeniero de problemas reales.

Quien entiende profundamente un dominio.
Quien sabe dónde duele el mundo.
Quien puede traducir complejidad en diseño.


Lo humano se vuelve central (otra vez)

Paradójico, ¿no?
Cuanta más inteligencia artificial tenemos, más importa lo humano.

  • El juicio con información incompleta
  • El gusto: saber qué es bueno… y por qué
  • La profundidad en un campo, no el barniz superficial
  • La valentía de sostener una visión original
  • El cuidado estratégico: elegir una dirección y comprometerse
  • La honestidad de admitir errores sin vacilar
  • La capacidad de aprender y adaptarse

Pensamiento crítico no como slogan, sino como músculo entrenado.


Sectores: no reemplazo, sino amplificación

  • Educación: tutor personalizado, especializado, incansable
  • Salud: no reemplaza al médico; lo potencia
  • Negocios: inteligencia operativa con barreras de entrada mínimas

La ventaja ya no está en acceder a la IA —eso es trivial—
sino en quién eres cuando la usas.


No aprendas herramientas. Conviértete en alguien

El error estratégico más común:
Aprender esta IA antes de que quede obsoleta”.

La jugada correcta es otra:
convertirte en experto en un dominio de conocimiento
y usar la IA como multiplicador de tu criterio.

Porque el factor diferenciador pasa a ser:

  • tu disciplina
  • tu integridad
  • tu coherencia
  • tu responsabilidad
  • tu seriedad
  • tu propósito


La pregunta final

No es técnica.
No es táctica.
Es existencial.

¿Qué fábrica de inteligencia vas a construir?
¿Y con qué intención?

Porque en este nuevo tablero,
cuando la inteligencia es abundante,
la intención se vuelve el valor central.

Todo lo demás… se puede automatizar.


Fuente: video de inspiración de Jensen Huang: link

martes, enero 13, 2026

Tres esferas, tres principios: la arquitectura social que Steiner vio en 1919

A veces un centenario no envejece: se vuelve urgente.

Rudolf Steiner escribió sobre la trimembración del organismo social en 1918-1919, en plena posguerra, cuando Europa buscaba desesperadamente un orden nuevo. Cien años después, cuando hablamos de IA, crisis climática, desigualdad estructural y colapso de sentido, sus ideas no suenan anticuadas.

Suenan inquietantemente actuales.


La intuición de fondo

Steiner parte de una pregunta simple y demoledora:

¿Y si aplicamos el principio equivocado en el lugar equivocado?

¿Y si queremos libertad donde necesitamos igualdad?
¿Y si imponemos igualdad donde se requiere libertad?
¿Y si organizamos la economía como si fuera una batalla, cuando debería ser una orquesta?

Su respuesta: la sociedad no es un bloque uniforme. Es un organismo vivo con tres ámbitos diferenciados, cada uno con su propia lógica, su propio principio rector.

Y cada uno conectado con uno de los grandes valores de la Revolución Francesa:

  • Libertad → vida cultural y espiritual
  • Igualdad → vida jurídica y política
  • Fraternidad → vida económica

No como slogan. Como arquitectura.

  1. Libertad: la vida cultural y espiritual

    La libertad debe reinar en todo lo que tiene que ver con el desarrollo humano, la creatividad, el conocimiento, la educación, el arte, la ciencia, la salud.

    Aquí no caben mandatos externos.
    Aquí no funciona el control burocrático.
    Aquí no se puede estandarizar.

    Un maestro necesita libertad para educar según su conciencia y la realidad del niño frente a él.
    Un médico necesita libertad para curar desde su conocimiento, no desde un protocolo impuesto por lucro.
    Un artista, un científico, un pensador necesitan espacio para explorar, errar, crear.

    La dimensión espiritual requiere libertad para discernir desde dentro.

    No se trata de hacer lo que me dé la gana.
    Se trata de responder desde la conciencia despierta, no desde el mandato externo.

    Cuando el Estado, el mercado o la ideología invaden este ámbito, lo asfixian. Convertimos la educación en métrica, la salud en negocio, el pensamiento en propaganda.


  2. Igualdad: la vida jurídica y política

    La igualdad debe operar en todo lo que tiene que ver con derechos, regulaciones, justicia, seguridad.

    Aquí sí funciona "un ser humano, un voto".
    Aquí sí tiene sentido la ley igual para todos.
    Aquí construimos el marco común que nos protege y nos ordena.

    Constitución, justicia, regulaciones laborales, seguridad ciudadana: ámbitos donde no importa tu talento, tu riqueza, tu origen. Importa tu condición humana.

    Ante la ley, todos iguales.

    Pero cuando intentamos aplicar la igualdad a la economía —dice Steiner— matamos la iniciativa.
    Y cuando intentamos aplicarla a la cultura, matamos la creatividad.

    La igualdad es esencial... en su lugar.


  3. Fraternidad: la vida económica

    Y aquí viene lo radical.

    Steiner propone que la economía no debería organizarse en torno a la competencia, ni al lucro individual, ni a la acumulación.

    Debería organizarse en torno a la fraternidad.

    Esto significa:

    + Los seres humanos se asocian para producir y distribuir bienes y servicios para la comunidad.
    + Aportas según tus capacidades.
    + Recibes según tus necesidades.
    + La propiedad privada no es un derecho absoluto, sino una responsabilidad social.

    La empresa como bien común

    Steiner va más lejos:

    Una empresa creada por un grupo de personas no les pertenece. Son sus administradores temporales.

    Cuando ya no pueden gestionarla (por edad, incapacidad, muerte), la empresa pasa a quienes tienen las capacidades necesarias para seguir sirviéndola. No se hereda automáticamente. No es un botín familiar.

    La analogía es clara:

    Si un barco es capitaneado por un experimentado capitán, no se lo pasará a su hijo que no tiene dedos para el piano.

    La empresa es un organismo económico al servicio de la comunidad, no un patrimonio privado a perpetuidad.


    Un caso concreto: la salud

    Steiner aplica su esquema a la medicina, y lo que emerge es luminoso:

    + El conocimiento y el tratamiento médico deben ser libres (esfera cultural):
    Nadie le dice al médico cómo curar. No hay protocolos impuestos por lucro. El acto médico responde a la conciencia profesional, no al balance financiero.

    + El acceso a la salud debe ser igualitario (esfera jurídica):
    Garantizado por el Estado de derecho. Nadie queda afuera por falta de recursos.

    + La gestión de recursos debe ser fraterna (esfera económica):
    Economía asociativa que cubre las necesidades de quien sufre. No por lucro, sino por servicio.

    ¿Difícil de imaginar? Sí.
    ¿Imposible? No necesariamente.
    Pero requiere un cambio de conciencia, no solo de sistema.

Las patologías del desorden

Steiner identifica las enfermedades sociales que surgen cuando aplicamos el principio equivocado en el lugar equivocado:

  • Si aplicamos igualdad a la economía, matamos la iniciativa.
    (El error del socialismo estatista.)
  • Si aplicamos libertad sin límite a la economía, matamos la justicia.
    (El error del capitalismo salvaje.)
  • Si aplicamos regulación burocrática a la cultura, matamos la creatividad.
    (El error del Estado omnipresente.)

Cada principio es vital.
Cada principio es patológico... fuera de su esfera.


¿Utopía o lucidez?

Lo que Steiner propone suena imposible.
Y probablemente lo sea... tal como estamos ahora.

Pero no propone un manual, sino un mapa.
No un sistema cerrado, sino una dirección.

Y sobre todo, una advertencia:

El futuro social no se resuelve con buenas intenciones ni con sistemas perfectos. 

Se resuelve con conocimiento real del ser humano.

Sin ese conocimiento, toda reforma —por bienintencionada que sea— termina produciendo nuevas formas de opresión.

El desafío hoy

Cien años después, seguimos cometiendo los mismos errores:

  • Queremos que el mercado regule la educación (y la destruimos).
  • Queremos que el Estado controle la cultura (y la asfixiamos).
  • Queremos que la economía sea "libre" (y genera desigualdad estructural).

Steiner no nos pide que apliquemos su modelo mañana.
Nos pide que pensemos de nuevo.

Que dejemos de aplicar soluciones genéricas.
Que reconozcamos que la vida social tiene ritmos diferenciados.

Y que cada esfera requiere su propio principio rector:

  • Libertad donde se crea.
  • Igualdad donde se regula.
  • Fraternidad donde se produce y distribuye.

Un cierre abierto

No sé si la trimembración social es la respuesta.

Pero sé que la pregunta es correcta:

¿Qué principio estamos aplicando en cada ámbito de la vida social?
¿Estamos organizando la sociedad según la lógica del ser humano, o según la inercia del sistema?

Steiner escribió en 1919, mirando el colapso de una era.

Nosotros estamos en 2026, mirando el colapso de otra.

Quizás sea hora de volver a leerlo.
No para aplicar recetas.
Sino para despertar preguntas.


Referencia: Libro El desafío social de nuestro tiempo de Rudolf Steiner: link

domingo, enero 11, 2026

Libro El desafio social de nuestro tiempo de Rudolf Steiner

El desafío social de nuestro tiempo
Leer a Rudolf Steiner en la era del Estado, el PIB… y la Inteligencia Artificial

Hay libros que no envejecen: esperan.
Esperan a que el mundo alcance el punto exacto de tensión en el que sus palabras dejan de ser teoría y se vuelven espejo.

El desafío social de nuestro tiempo de Rudolf Steiner, escrito en 1918, es uno de ellos.

Leerlo hoy —cuando hemos cambiado a Dios por el Estado, al Mesías por la ideología, al cielo por el PIB… y ahora por la IA— produce una mezcla incómoda y fértil: incomodidad porque desnuda nuestras ilusiones, fertilidad porque señala un camino que no pasa por sistemas, sino por conciencia.


La fantasía moderna: si ordenamos afuera, sanará adentro

Steiner lo ve con una claridad quirúrgica: la gran fantasía moderna es creer que, si organizamos bien el mundo exterior, el mundo interior dejará de doler. Spoiler: no ocurre.

Hoy lo decimos con nuevas palabras:

  • La tecnología lo resolverá todo
  • La IA eliminará el trabajo, el error y el conflicto
  • Si optimizamos suficiente, seremos felices

Pero ahí no está la salvación.
Ni el sentido.
Y mucho menos el paraíso.

El problema no es la herramienta.
El problema es la conciencia de quien la usa.


El ser humano no es espontáneamente social

Aquí Steiner incomoda de verdad:
el hombre no es naturalmente social. Ser social es una conquista, no un instinto.

El pensar ordinario —tal como lo ejercemos— ya es antisocial por estructura: separa, abstrae, reduce al otro a una representación. No nos relacionamos con el otro, sino con la *idea* que nos hacemos de él. El cerebro necesita simplificar para operar; el problema comienza cuando confundimos el mapa con el territorio.

La relación auténtica aparece cuando logramos suspender el juicio.
Cuando el otro deja de ser mi idea del otro y vuelve a ser presencia viva.


Pensar separa, sentir distorsiona, querer se apropia

Steiner no idealiza nada:

  • El pensar separa
  • El sentir, si no es educado, distorsiona
  • La voluntad (el querer), cuando cree amar, muchas veces se apropia

El amor no espiritualizado no une: captura.
Busca confirmarse, intensificarse, sentirse necesario.

El egoísmo más peligroso no es el que se declara, sino el que se disfraza de amor.

El amor verdadero no comienza cuando siento, ni cuando quiero,
sino cuando dejo de usar al otro para confirmarme a mí mismo.


Democracia, opinión y dominio

Steiner anticipa algo inquietante:
en democracia se libera la opinión,
la opinión se vuelve lucha,
la lucha se vuelve dominio,
y el dominio termina negando la democracia.

Las formas sociales no están hechas para durar, sino para enseñar.
Cuando olvidamos eso, las absolutizamos… y nos dormimos en ellas.


El gran peligro contemporáneo: dormir mejor

Aquí el texto se vuelve profético.

Estado, ideología, algoritmo, IA paternalista, manuales, best practices.
Todo muy eficiente.
Todo muy dormido.

La IA puede convertirse en el mayor dormidero social de la historia:
todo resuelto, todo asistido, nada pensado.

O puede ser el gran espejo que nos obligue a despertar agencia.

La pregunta no es técnica.
Es existencial: ¿Usaremos la IA para dormir mejor o para pensar más despiertos?

La vida —dice Steiner— no busca nuestra comodidad; busca nuestra conciencia.


El caos no es el enemigo

Nuestra época está llamada a algo específico:
a vivir conscientemente el caos.

Crisis de sentido.
Colapso de relatos.
Tecnologías que deshumanizan.
Sistemas que reducen al hombre.

No es un error del sistema:
es el campo de entrenamiento del alma consciente.

El enemigo no es el caos.
El enemigo es dormirse en él… o huir de él.


Lo social no se arregla con ideas sociales

Steiner es tajante:
el problema social no se resuelve con sistemas, sino con conocimiento real del ser humano.

Sin conocimiento espiritual del hombre, toda sociología termina produciendo sistemas antisociales, aunque hablen de cooperación.

La buena intención no sustituye al conocimiento de la realidad humana.
El error de fondo es siempre el mismo: pensar antes de conocer.


Ver al otro: la tarea decisiva

El futuro social no se legisla: se imagina conscientemente.

Pero no fantasía.
Imaginación moral.

Hacerse una imagen viva del prójimo.
No una opinión.
No un juicio.
Una imagen viva.

Cultivar interés genuino por la biografía ajena.
Ver al otro como misterio, no como concepto.

Cuando eso ocurre, la vida social deja de ser fricción
y comienza a ser encuentro.


Un cierre

Nuestra época no está llamada a resolver lo social,
sino a fundar las condiciones interiores para que lo social futuro sea posible.

Respirar —dice Steiner— es exponerse, dejar entrar lo otro, no estar protegido.
Hoy ese gesto debe volverse consciente.

El socialismo sin espíritu aplasta.
El espíritu sin libertad se evapora.

Y la IA…
la IA solo amplifica lo que ya somos.

Por eso, el verdadero desafío social de nuestro tiempo
no está afuera,
no está en el sistema,
no está en el algoritmo.

Está donde siempre estuvo:
en la conciencia despierta del ser humano
capaz de ver al otro
no como idea,
sino como presencia viva.

viernes, enero 02, 2026

Libro Sobre el tiempo de Norbert Elias

Hay libros que llegan como quien no quiere la cosa… y se quedan para siempre. *Sobre el tiempo* es uno de ellos.

Su autor, Norbert Elias, fue un sociólogo judío alemán de trayectoria singular y vida marcada por la historia. Huyó del nazismo en 1933, vivió en Francia, luego enseñó en Inglaterra, Ghana y Holanda. Su madre fue asesinada en Treblinka en 1942. Elias murió en 1990, pero dejó preguntas que siguen vivas —y punzantes.

Mi propia inquietud por el tiempo tiene un origen doméstico y luminoso. Un día, Silvestre, mi nieto de tres años, le preguntó a su padre, mi hijo Diego:
—*Papá, ¿qué es el tiempo?*

No sé qué le respondió Diego. Pero sí sé que, minutos después, me llamó a Santiago para contarme la escena. Desde entonces, no he parado de pensar, leer y cavilar sobre esa pregunta simple y devastadora.

Este libro llegó a mis manos gracias a Klaus Heynig. El título ya seduce: *Sobre el tiempo*. Y el contenido cumple con creces.

Decimos “el tiempo corre”, como si fuera una cosa. Igual que decimos “el viento sopla”. Sustantivamos lo que no es objeto. Pero el tiempo **no es una cosa**. Entonces… ¿qué es?

Elias propone un recorrido histórico por la construcción del concepto de tiempo: cómo emerge, cómo se afina, cómo termina gobernándonos.

En la mitología griega aparece **Cronos**, el titán hijo de Urano y Gaia, que castra a su padre y devora a sus hijos por miedo a ser destronado. El tiempo lo devora todo. El mito lo dice sin rodeos, con brutal poesía.

Mucho antes, en Stonehenge —ese reloj cósmico de piedra erigido entre el 3000 y el 1600 a.C.— un rayo de sol, en el solsticio de verano, golpea un altar central. No había relojes, pero ya había **noción de tiempo**.

El tiempo no está quieto como el peso o la distancia. El tiempo **transcurre**. Se observa en el movimiento del sol y la luna: el sol marca el año; la luna, los meses.

En el siglo VIII a.C., el año romano tenía diez meses y comenzaba en marzo. Más tarde se añadieron enero y febrero, alcanzando doce meses y 355 días. Enero proviene de **Jano**, el dios de las dos caras: una mira al pasado, la otra al futuro. Nada más temporal que eso.

Será **Julio César** quien ordene el calendario, estableciendo los 365 días. Para ello trae a Roma al astrónomo alejandrino Sosígenes. Nace el calendario juliano. Y, de paso, julio recibe su nombre.

Luego aparece **Galileo Galilei**. Estudiando el deslizamiento de esferas por planos inclinados, descubre la aceleración de la gravedad. ¿Cómo mide el tiempo? Con agua. Un recipiente, un orificio, agua que escurre. No medía segundos ni minutos: medía **cantidad de agua**. Y sin embargo, medía tiempo.

Norbert Elias
Los primeros instrumentos no medían “el tiempo” como lo entendemos hoy: medían procesos naturales.

El tiempo social aparece temprano. En las asambleas griegas, los discursos se regulaban con relojes de arena. No hablaban de minutos: hablaban de **volumen de arena**.

Horas, minutos y segundos son inventos humanos. Convenciones útiles. El reloj es un mecanismo donde un movimiento regular —circular, constante— se convierte en patrón. Sesenta segundos, una hora, doce horas.

Y aquí estamos. Bastante esclavizados, si somos honestos. Organizamos reuniones, clases, entregas, trenes, vidas enteras siguiendo ese tic-tac consensuado.

En la era industrial, las ciudades se llenaron de relojes y los trenes empezaron a salir “a la hora”. Cuando los colonos estadounidenses se encontraron con los sioux, uno de los grandes problemas fue el acople temporal: los sioux no compartían esa abstracción.

Durante siglos, el tiempo se pensó como una dimensión fija de la naturaleza. Hasta que llegó **Albert Einstein** y lo relativizó: el tiempo depende de la velocidad del viajero.

El siglo XX terminó de sacudir el tablero:
– la relatividad de Einstein,
– la incertidumbre de **Werner Heisenberg** (1927),
– la incompletitud de **Kurt Gödel** (1931).

Todo lo que parecía firme, empezó a moverse.

Conclusión —sin anestesia:
el tiempo es una abstracción humana que se volvió realidad operativa. Nos permite coordinarnos, hacer ciencia, construir sociedad. Es clave en la separación entre naturaleza y cultura.

Hace pocos días celebramos el Año Nuevo —del 25 al 26— con fuegos artificiales y risas, completamente inconscientes de lo arbitrario que es fijar *ese* instante como fin y comienzo.

Desde que leo este libro, experimento el tiempo de otra manera. No sabría explicarlo del todo. Quizás con más conciencia. Con la sospecha persistente de que este invento humano —tan útil, tan brillante— también nos gobierna con una intensidad que rara vez cuestionamos.

Y todo empezó con una pregunta de un niño de tres años.
Como suelen empezar las cosas importantes.

miércoles, diciembre 31, 2025

Libro El secreto siempre es el amor de Karoline Mayer

Yo opino que Karoline Mayer es una santa. Tiene una energía, una disposición, una persistencia extraordinarias. Desde Alemania, a temprana edad, quiso ser misionera en China o la India, pero extrañamente su Congregación finalmente la mandó a Chile. Y aquí se quedó para siempre. Hasta la nacionalidad chilena le dieron por decisión unánime del parlamento. La llamó personalmente el presidente del Senado, Andrés Zaldívar, para contarle.

Este libro nos cuenta la historia de Karoline Mayer desde su ciudad natal Eichstätt, en Alemania, donde nació en 1943 (tiene nueve años más que yo). Su padre la apoyó siempre en sus anhelos de ser misionera; su madre no. Su padre murió antes de que ella partiera a Chile. Quedaron allá su madre con sus hermanos.

Sale de Nápoles rumbo a Valparaíso en barco, desde el norte de Italia, en 1968.

Viene con el nombre de Hermana Paulina. Me llama la atención su fuerte conexión con su interioridad, pues rehúsa hacer los votos que la Congregación le exige mientras ella no esté, desde el fondo de su alma, convencida. Y lo estará. Tenía 25 años.

En Santiago se aloja en un convento de monjas del barrio de los ricos, Las Condes, y empieza a estudiar Enfermería Universitaria. Siempre quiso estudiar Medicina.

Pero ella quiere irse a meter con los pobres. Descubre una población en Vital Apoquindo y empieza a dejarse caer ahí, en su tenida de monja. No la pescan mayormente. Le llaman la atención las guatas infladas de los niños, su flacura y las cabezas llenas de piojos. Conversa con las mujeres y se entera de que la gran mayoría de los hombres están sin trabajo.

Eso la moviliza. Ofrece sus servicios voluntarios en algún policlínico y desde allí va con remedios a las casas de los niños directamente.

Las mujeres le dicen que lo que hace falta es hacer un comedor: buscar alimentos, cocinar y dar de comer a los niños. Y así parte. Ubican un lugar medio botado, lo habilitan, ella consigue una olla grande y empiezan a ir a supermercados a pedir la comida que botan por vencida o en mal estado. Y empieza a haber comida para los niños.

Después será la guardería, donde tengan a los niños mientras más madres van a trabajar y así no queden solos, que hasta en incendios terminan las chozas.

Empiezan a aparecer voluntarias: personas de clase alta que consiguen cosas, hacen sus aportes.

Hacen una parroquia multiuso y después serán talleres para que hombres y mujeres sin nada que hacer confeccionen lo que sea.

Y esta joven monja pasa a ser uno de ellos, transformando la miseria en algo más llevadero.

Viene el golpe militar, que la encuentra ya viviendo entre los pobres, lo que tanto había deseado. Vive en una choza más, donde su cama será cama de atención de enfermos que hacen cola afuera.

La gente de las poblaciones suele ser de izquierda, incluso miembros de partidos políticos y células más activas. ¿Pensabas que iban a ser de la UDI o Patria y Libertad?

Bueno, y vienen los allanamientos militares, donde a muchos se los llevan presos.

Y a su casa llegan hombres y mujeres aterrorizados, que saben que los buscan. Y le piden ayuda. Y ella los ayuda. Hasta a la casa del obispo, que es su jefe, los lleva.

Termina ella también presa, interrogada, y con la ayuda de los altos mandos de la iglesia sale pronto.

Pero sigue metida en esta dinámica durante todo el largo periodo de la dictadura de Pinochet. Muy mal lo pasó, lo mismo la gente de los barrios pobres.

A ella no le cuentan cuentos; sabe cómo es la vida de los pobres.

Tiene la necesidad de crear un techo legal para todo lo que hace, pues ya son muchas cosas, hay mucha gente implicada y está recibiendo aportes, incluso de fuentes de Alemania, gracias a sus contactos. Y crea bajo el alero de la iglesia la Fundación Missio.

Mueve una verdadera industria, ya no solo donde comenzó, en Áreas Verdes en Vital Apoquindo. Vienen de otras poblaciones a pedirle ayuda y ayuda a montar allá las mismas estructuras organizativas que ya ha aprendido a llevar.

Se hará conocida y más gente querrá ayudar o conocerla. Si hasta la señora del Dictador la viene a conocer. Lucía Hiriart de Pinochet la visita más de una vez, siempre rodeada de la prensa y la televisión, que filman todo lo que hace y aporta, incluso de manera que se vea más grande de lo que era. No le ayudarán estas fotos sonrientes con la mujer del dictador.

Cuando las elecciones del Sí o el No, de si Pinochet sigue gobernando, en 1988, algunas personas de sus organizaciones empiezan a hacer proselitismo con las personas a las que atendían. Ella se entera y les dice que no tiene ningún problema con que comulguen con la ideología o partido que quieran, pero que mientras trabajen en la Fundación Missio, no lo hagan. Su jefe, el obispo, no está de acuerdo con ella. Están todos muy nerviosos porque no creen que Pinochet vaya a hacer unas elecciones limpias. Y ella se opone tenazmente y termina renunciando.

Aparece aquí una característica central de ella: es una devota de los pobres, incluso comulga con la línea de la Teología de la Liberación. Pensaba que la iglesia no solo debía preocuparse de la parte espiritual de los pobres, sino de las estructuras políticas y económicas.

Finalmente, en 1990, ella crea una nueva Fundación, la Fundación Cristo Vive, en cuyas oficinas le hice la última clase de mi curso de Coaching en IA a su gerente general, Fernando Contardo, quien me regaló este libro, que pasados algunos meses terminé leyendo.

Llamé a Fernando al terminar el libro y le agradecí el regalo. Le dije que había leído el libro en tres días y hasta había llorado con él.

No podemos dejar de leer este libro y conocer a esta increíble mujer. Vale la pena mirar el mundo un rato desde la mirada de ella, en estrecho contacto con los pobres de nuestro querido Chile.

viernes, diciembre 26, 2025

"¿Por qué la guerra?" - El diálogo entre Einstein y Freud que sigue vigente

En 1932, en el breve intervalo entre dos guerras mundiales, Albert Einstein y Sigmund Freud sostuvieron un intercambio epistolar extraordinario. La pregunta que los convocó fue tan simple como desafiante: ¿por qué las guerras? ¿Podemos eliminarlas o es una tarea imposible?

Einstein, quien inicia la conversación, acude a Freud como experto en las profundidades del alma humana, buscando comprender si existe alguna salida.

Freud responde desde su teoría de las pulsiones: eros y tánatos. Eros, la pulsión de vida, nos impulsa hacia el amor y la convivencia. Tánatos, hacia la destrucción y la muerte. Pero estas fuerzas no actúan por separado; están entrelazadas en el corazón mismo de nuestra naturaleza. Amas a tu mujer, pero también quieres poseerla. Y quien intente entrometerse enfrentará tus impulsos destructivos.

Einstein no es nacionalista. Imagino que esto significa que rechaza la división artificial en naciones y el cultivo de sentimientos patrios exaltados, factores esenciales en las guerras entre vecinos. Las propias naciones, después de todo, nacieron de guerras de conquista. Son hijas de la violencia.

¿Qué propone Einstein en su lugar? No queda claro en el texto, y cuesta imaginarlo. Salvo que seamos todos seres tan evolucionados que hayamos superado la necesidad de pertenecer a una nación, y nos baste con reconocernos simplemente como parte de la humanidad.

Los períodos de paz, nos recuerdan, no son tan pacíficos como parecen. Son guerra congelada. Hemos transferido nuestro poder al Estado para que haga regir la Constitución y las leyes mediante violencia institucionalizada. Cuando las instituciones pierden fuerza y se les arrebata el monopolio del uso legítimo de la violencia, cuando su autoridad flaquea, es momento de temer una nueva guerra.

Los tiempos que vivimos hoy me parecen tiempos en que soplan vientos de guerra.

La solución, nunca lograda, sería una institución global con verdadero poder sobre las naciones, poder otorgado voluntariamente por esas mismas naciones. Hoy existen las Naciones Unidas, donde se delibera, pero que nunca logran —que yo sepa— detener ninguna guerra.

Lo que vendría después de ese intercambio sería la Segunda Guerra Mundial: entre 70 y 85 millones de muertos, cinco civiles por cada dos militares.

Esta conversación entre dos de los hombres más sabios de su tiempo no deja ninguna esperanza de solución para las guerras.

Preocupante. Muy preocupante.