lunes, agosto 10, 2026

Leer, escribir y aprender: lo que la IA nos está quitando (y lo que nos está regalando)

Hace unas semanas conté aquí mi experiencia con el libro de Bernardo Andrews. Que no leí una línea, y sin embargo siento que sí lo leí. Que lo pasé por NotebookLM, generé reportes, conversé con el libro a través del chat, y terminé produciendo una reflexión razonablemente fiel a sus ideas.

Bernardo se molestó, un poco. Y con razón: estábamos usando dos definiciones distintas de la palabra leer.

Esa conversación no se cerró ahí. Siguió creciendo dentro de mí, y quiero compartir hacia dónde me llevó.


Leer ya no es una sola cosa

Durante siglos, leer fue una sola operación: recorrer las palabras que otro escribió. Pero en realidad esa palabra siempre escondió varias cosas distintas: acceder a un texto, comprenderlo, apropiárselo, dejarse transformar por él. No las distinguíamos porque no había alternativa: para hacer una había que hacer las cuatro juntas.

La IA acaba de separarlas.

Yo pude no haber recorrido las páginas del libro de Bernardo y, sin embargo, haber accedido a sus ideas, interrogarlas, relacionarlas con otras, producir una reflexión propia sobre ellas. En un sentido, leí el libro. En otro sentido, no tuve la experiencia de leerlo. Y esa diferencia me parece fértil, no empobrecedora.

Distingo al menos tres maneras de leer hoy. La lectura delegada: "dime de qué trata este libro", donde la máquina hace casi todo el trabajo. La lectura asistida, que es la que yo hice con Bernardo: uno conversa con el texto a través de un intermediario, sigue preguntando, sigue avanzando. Y la lectura directa, lenta, sin mediación, donde uno se topa con las palabras exactas del autor, con sus silencios y sus dificultades.

Que existan las dos primeras no vuelve inútil la tercera. Puede que ocurra lo contrario: al dejar de ser obligatoria, la lectura directa recupera un valor nuevo.

Es como caminar. Tenemos auto, avión, Google Maps. Y sin embargo seguimos caminando. Ya no caminamos veinte kilómetros porque sea la única forma de llegar al pueblo. A veces caminamos porque el camino mismo importa.

Con algunos libros queremos llegar. Con otros, queremos caminar.


¿Y escribir?

Aquí me atrapé a mí mismo diciendo algo radical: que entonces yo no leo ni escribo.

Lo discutiría, al menos la segunda mitad.

Porque cuando converso durante una hora con una IA, rechazo una idea, corrijo otra, meto mi propia experiencia, cambio el argumento, y al final digo "esto sí representa lo que pienso", ¿quién escribió?

La respuesta antigua era simple: quien puso las palabras.

La respuesta de hoy se complica. Quizás haya que separar redactar de escribir. La máquina puede redactar. Pero elegir qué merece ser dicho, desde qué experiencia, con qué intención, qué conservar y qué eliminar, y finalmente hacerse responsable de lo dicho: eso podría ser la nueva definición de autoría.

Lo que lleva a una pregunta incómoda y hermosa a la vez: ¿escribir consiste en producir palabras, o en producir pensamiento?

Hay un riesgo, eso sí, que no quiero minimizar. Muchas veces descubrimos lo que pensamos precisamente mientras luchamos por escribirlo. Si delego esa lucha demasiado pronto, la máquina me ahorra el esfuerzo, pero también puede robarme el fruto que solo aparece en medio del esfuerzo. No es "IA sí o IA no". Es qué parte conviene delegar y qué parte necesito conservar, porque ahí, justamente ahí, ocurre mi transformación.


Aprender ya no es almacenar

Confundimos aprender con almacenar durante mucho tiempo. Fechas, capitales, fórmulas, definiciones. Tenía sentido cuando la información era escasa. Google ya había resquebrajado ese modelo. La IA le da un golpe todavía mayor, porque ya no solo recupera información: la explica, la compara, la sintetiza, la argumenta.

Entonces, ¿qué significa aprender cuando ya no necesito poseer personalmente la mayoría de las respuestas?

Tener una respuesta no es lo mismo que haber aprendido. Un alumno puede entregar un ensayo magnífico hecho por IA y no haber aprendido nada. El mismo alumno puede usar esa misma IA para discutir dos horas con Sócrates, pedir objeciones a sus propios argumentos, descubrir sus contradicciones, y terminar comprendiendo muchísimo más que en una clase tradicional.

La herramienta es idéntica. Lo que cambia es la actividad cognitiva de quien la usa.


El valor de saber preguntar

Durante siglos premiamos a quien sabía responder. Ahora habrá máquinas que responderán mejor que nosotros una cantidad creciente de preguntas. Por eso aumenta el valor de otra capacidad: saber qué preguntar.

Y no cualquier pregunta, porque la IA también fabrica mil preguntas en diez segundos. El territorio humano está en descubrir cuál pregunta merece ser formulada. Eso pide curiosidad, experiencia, sensibilidad, criterio, biografía.

Una máquina puede proponer: "¿cuáles son las consecuencias de la longevidad?". Pero que un hombre que lleva siete décadas vividas se pregunte "¿qué significa vivir una vida larga cuando ya no necesito demostrar quién soy?" es otra cosa completamente distinta.

La pregunta nace de una existencia.


La pregunta madre

Si ordeno todo lo anterior, aparece una secuencia: qué significa leer, qué significa escribir, qué significa aprender, qué significa pensar y, finalmente, qué significa ser humano.

Durante siglos definimos parte de nuestra superioridad por capacidades cognitivas: calcular, recordar, razonar, escribir, componer, jugar ajedrez. Y estamos construyendo máquinas que empiezan a participar de esos mismos territorios.

Entonces la IA no solo nos da una herramienta. Nos quita un espejo. Ya no puedo decir con tanta tranquilidad "soy humano porque hago estas cosas que nada más puede hacer".

Y eso obliga a buscar más hondo. Quizás ser humano tenga menos que ver con nuestras capacidades y más con nuestra condición: tener cuerpo, haber nacido, saber que voy a morir, amar personas concretas, sufrir pérdidas, arrepentirme, maravillarme, hacerme cargo de mis decisiones.

Puede que hayamos confundido, demasiado tiempo, ser inteligentes con ser humanos.


Mi conclusión, por ahora

La IA no está haciendo innecesario aprender. Nos está obligando a descubrir para qué aprendemos. No termina con la lectura: nos obliga a preguntarnos para qué leemos. No termina con la escritura: nos obliga a preguntarnos para qué escribimos. No termina con el pensamiento: nos obliga a distinguir pensar de producir respuestas.

Y quizás, al final, la inteligencia artificial no nos obliga tanto a preguntarnos qué llegará a ser la máquina. Nos obliga a preguntarnos qué queremos llegar a ser nosotros.

¿Y tú? Cuando lees algo hoy, con o sin ayuda de una IA, ¿qué de esas cuatro cosas —acceder, comprender, apropiarte, dejarte transformar— estás realmente haciendo?



domingo, agosto 09, 2026

El mundo convertido en estacionamiento

 La película costó 4.500 pesos. El estacionamiento, 7.100.

Me quedé mirando la boleta un buen rato. El protagonista más caro de la función no fue ningún actor: fue el auto, inmóvil, durante dos horas, en un cajón de cemento.

Y ahí empecé a tirar del hilo.

Hace poco quise subir un cerro que he caminado durante cincuenta años. Cincuenta años sin pedir permiso, sin que nadie me exigiera nada en la entrada. Esta vez había alguien con una caja registradora al pie del sendero. Puede que el cobro sea legal. Puede que financie senderos o prevenga incendios. Pero algo en mí se resistió a pagar por caminar por la montaña que siempre fue de todos.

No es el dinero lo que me irrita. Es su apetito sin fondo.


De la economía de mercado a la sociedad de mercado

Una cosa es tener una economía de mercado: una herramienta extraordinaria para producir e intercambiar. Otra muy distinta es vivir en una sociedad de mercado, donde todo —absolutamente todo— se evalúa por su capacidad de generar una transacción.

Cuando eso ocurre, el paciente se convierte en cliente. El alumno, en consumidor. El hincha, en audiencia monetizable. El caminante, en usuario. Y la atención humana —esa cosa antigua y gratuita— se convierte en un costo que hay que eliminar.

El fútbol ya no es un partido: es transmisión, apuestas, camisetas, reventa y estacionamiento VIP. La FIFA llegó a vender el "derecho a comprar" entradas al Mundial: se paga por adquirir el derecho a volver a pagar. Barroco, ¿no?


La economía del peaje

El estacionamiento del mall no crea un bien nuevo. No produce nada. Simplemente controla un acceso inevitable y cobra por atravesarlo.

Eso es lo que yo llamaría una economía de peajes: se ocupa un espacio necesario, se reduce al mínimo la atención humana, se automatiza el cobro, y el cliente no tiene alternativa práctica. El ingreso entra solo, casi por inercia. No se gana produciendo más. Se gana estando parado frente a una puerta por la que todos deben pasar.

Y esa lógica del peaje se ha filtrado en todas partes. En la ruta, cada pocos kilómetros. En el cerro, a la entrada del sendero. En la vida entera, si uno mira con cuidado.


El cercamiento de lo común

Durante siglos existió algo llamado "los bienes comunes": bosques, senderos, aguas que una comunidad usaba sin que nadie fuera dueño exclusivo. De a poco, esos espacios se cercan, se delimitan, se explotan.

Yo caminé ese cerro toda mi vida adulta como parte de un mundo compartido. Ahora hay alguien en la entrada que invoca una propiedad y coloca una caja registradora entre la gente y la montaña.

¿En qué momento el simple acto de caminar por la naturaleza pasó a ser un producto?


Cuando lo esencial se vuelve industria

En salud, educación y vivienda el asunto es más grave todavía, porque uno no puede simplemente decidir no consumir. Nadie elige enfermarse. Ninguna familia puede prescindir de educar a sus hijos. Y al final, hasta morir genera una factura.

Chile está entre los países de la OCDE donde los hogares destinan una mayor proporción de su gasto directo a salud: más del 5% del consumo familiar, frente a un promedio de 3,2% en la organización.

Hay razones reales detrás de esto: la medicina es más compleja, vivimos más años, la educación exige personas calificadas. Pero cuando a esos costos reales se suman sistemas opacos, intermediarios, comisiones y mercados concentrados, la familia termina sola frente a riesgos que antes se repartían socialmente.


El nombre más amplio: financiarizar la vida

Ya no basta con que una empresa preste un buen servicio y gane una utilidad razonable. Tiene que aumentar márgenes, capturar al cliente, cobrar suscripciones, explotar datos, encontrar el próximo espacio de cobro.

La pregunta dejó de ser "¿qué servicio valioso podemos prestar?" y pasó a ser "¿cómo extraemos un poco más de dinero de cada interacción?".

Ahí nace mi malestar. Y sospecho que el tuyo también, si has llegado hasta aquí leyendo.


Lo que hemos perdido

Creo que hemos perdido, en buena medida, la idea de lo suficiente. La noción de que una ganancia puede ser legítima sin tener que crecer para siempre.

También hemos debilitado la frontera entre precio y valor. El precio dice cuánto cuesta algo. El valor dice qué significa para nosotros. Una montaña, un partido de fútbol con un nieto, la educación de un hijo, la despedida de alguien querido: tienen valor, pero no deberían quedar reducidos a su precio.


Una idea antigua que todavía respira

Hay un cuento chino, de hace unos 2.400 años, sobre un árbol enorme y torcido que ningún carpintero quería talar, porque su madera no servía para nada útil. Y precisamente por ser "inútil" para el mercado, ese árbol vivía siglos, daba sombra, era lugar de encuentro.

Su inutilidad era lo que lo hacía grande. El día en que se vuelve útil para la industria, lo talan.

Yo soy ese árbol cuando subo el cerro sin propósito comercial, sin ticket, sin transacción. Ese caminar sin más objetivo que caminar es el acto "inútil" que me mantiene vivo de una manera que ningún precio puede capturar. Y lo que me indigna es que alguien haya decidido que mi inutilidad sagrada ahora tiene tarifa.

El Tao Te King dice algo que nombra exactamente este malestar: cuando una comunidad pierde el sentido de lo común, inventa reglas, contratos, seguros, peajes. Y esas reglas, que parecen orden, son en realidad la señal de que algo esencial ya se rompió. El peaje no es la causa de la locura. Es el síntoma. Es la costra sobre la herida.


No todo está cercado todavía

No quiero que esto se lea como un lamento sin salida. Todavía hay cosas que no se pueden comprar: una conversación larga con un amigo, el silencio de una mañana, la luz sobre un cerro, el abrazo de un nieto que no tiene idea de cuánto cuesta el estacionamiento.

Eso sigue ahí. Todavía no lo han concesionado.

Y quizás ahí está la única forma de resistencia que de verdad tengo a mano, a los 73 años y con ocho nietos que me recuerdan todos los días lo que no tiene precio: seguir subiendo ese cerro. Buscar el que todavía no tiene barrera. Llevar a un nieto a un lugar donde nadie le pida un ticket. No es evasión. Es decir, con los pies: esta hora no es mercancía.

No se trata de declarar la guerra al mercado. Yo mismo fui empresario y sé que una empresa puede crear enorme valor. Se trata de otra pregunta, más incómoda:

¿Qué cosas queremos comprar y vender, y qué cosas deberíamos proteger de esa lógica?

¿Y tú? ¿Cuál es tu cerro, tu espacio todavía sin barrera, el que te niegas a dejar que le pongan precio?



jueves, agosto 06, 2026

Transformación personal con la asistencia de IA

Transformación personal con la asistencia de IA: convierte tu idea en un proyecto real

¿Cuántos años lleva esa idea esperando en un cajón?

Durante los últimos meses he acompañado a decenas de personas a descubrir el potencial de la inteligencia artificial. Casi todas llegaron pensando que querían aprender una herramienta. Casi todas terminaron descubriendo algo mucho más importante: que la IA puede ser una extraordinaria compañera para hacer realidad una idea que llevan tiempo postergando.

Por eso hoy mi propuesta ha cambiado.

No se trata de aprender más inteligencia artificial. Se trata de avanzar en aquello que realmente quieres crear.

Quizás quieres escribir un libro. Preparar una conferencia. Desarrollar un nuevo servicio. Emprender un negocio. Investigar un tema que te apasiona. Ordenar años de experiencia para dejar un legado. O simplemente destrabar ese proyecto que no logra despegar.

Mi trabajo es acompañarte en ese proceso.


Coach, no profesor de tecnología

Combino más de 25 años de experiencia como coach profesional con las herramientas de inteligencia artificial más útiles de la actualidad. No para reemplazar tu pensamiento, sino para potenciarlo.

La IA investiga, organiza, propone alternativas, resume, redacta borradores y acelera muchas tareas. Pero las decisiones importantes —las que de verdad importan— siguen siendo tuyas. Siempre.

Trabajaremos sobre tu proyecto concreto, el tuyo, no un ejercicio genérico. En cada sesión iremos aclarando la idea, investigando lo necesario, organizando la información, diseñando una propuesta, creando contenidos, resolviendo obstáculos y construyendo un plan de acción que te permita avanzar entre un encuentro y otro.

Y en el camino aprenderás, de manera natural, las herramientas de IA que realmente necesitas para tu proyecto. Si aparecen nuevos modelos, los incorporaremos. Si conviene diseñar agentes de IA que trabajen por ti, los construiremos juntos. No aprenderás tecnología por acumular conocimiento, sino porque te ayuda a avanzar.


¿Para quién es esto?

Para personas que sienten que tienen algo importante por crear y quieren un compañero de ruta que combine conversación, estrategia e inteligencia artificial.

ideas guardadas en un cajón
Puede tratarse de:

  • Un libro.
  • Un artículo.
  • Una charla o curso.
  • Un nuevo servicio profesional.
  • Un emprendimiento.
  • Un proyecto personal.
  • Una investigación.
  • Un legado de vida.
  • O cualquier idea que merezca transformarse en realidad.


Cómo trabajamos

Cada proceso se adapta al proyecto y al ritmo de la persona. La propuesta base considera cuatro sesiones de trabajo personal, con tareas y avances entre cada encuentro. Si el objetivo es más acotado, diseñamos juntos un proceso más breve.


Mi invitación

No vengas a aprender inteligencia artificial.

Ven a construir algo que hoy todavía existe solo en tu imaginación.

La IA será una gran compañera de viaje. Pero el protagonista sigues siendo tú.

¿Cuál es esa idea que hace tiempo quiere salir a la luz?



miércoles, agosto 05, 2026

Chile: el pan importado y el crédito que abandonó la producción

Me detuve a revisar Basanos.info, una plataforma chilena que reúne y procesa información pública sobre agricultura, ganadería, crédito, endeudamiento y seguridad alimentaria.

Los datos provienen de instituciones como la Comisión para el Mercado Financiero, ODEPA, el INE, Aduanas y la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento. No estamos, por lo tanto, ante opiniones lanzadas al viento, sino ante cifras oficiales puestas en relación.

Y lo que aparece es inquietante.

Chile está perdiendo capacidad productiva en sectores esenciales, mientras el crédito se retira de casi toda la economía real. Al mismo tiempo, algunos mercados agrícolas están tan concentrados que miles de productores deben negociar frente a uno, dos o muy pocos grandes compradores.

No es solamente un problema agrícola.

Es un problema económico, social y político.


El pan nuestro de cada día… ya no es tan nuestro

Durante décadas, Chile produjo una parte importante del trigo que consumía. Hoy, más de la mitad del trigo utilizado por los molinos es importado.

La superficie sembrada ha caído entre un 67% y un 74% desde sus máximos de la década de 1980. La Araucanía concentra actualmente cerca de la mitad de la superficie triguera del país, pero el centro de gravedad de la industria se desplazó hacia Santiago.

Entre 2017 y 2024, la molienda nacional disminuyó un 7,1%, mientras la Región Metropolitana pasó a concentrar el 48,9% de toda la molienda del país. El 72 % del trigo importado entra por San Antonio y desde allí viaja hacia los grandes molinos de la capital.

El resultado es una paradoja bastante chilena: producimos trigo en el sur, pero importamos trigo por la zona central para molerlo en Santiago.

El molino de provincia pierde volumen. El productor local pierde poder de negociación. La actividad económica se concentra. Y el país se vuelve más dependiente de los precios internacionales, del dólar, de los puertos y de cadenas logísticas que no controla.

La soberanía alimentaria no significa producir todo dentro de nuestras fronteras. Eso sería poco realista. Significa conservar una capacidad productiva suficiente para que el país no quede completamente expuesto cuando el mundo entra en crisis.

Y el mundo, como sabemos, últimamente ha perdido la costumbre de avisar antes de entrar en crisis.


¿Quién fija realmente el precio?

Basanos.info compara el precio pagado al agricultor con la llamada paridad de importación: cuánto costaría traer ese mismo producto desde el exterior y dejarlo disponible en el molino.

Cuando el agricultor chileno recibe persistentemente un precio inferior a esa referencia, aparece una pregunta inevitable:

¿Estamos frente a un mercado competitivo o frente a un mercado donde unos pocos compradores tienen demasiado poder?

En el trigo candeal, utilizado principalmente para pastas, la compra se encuentra fuertemente concentrada en empresas como Carozzi y Lucchetti. En economía, esto se llama oligopsonio: muchos vendedores enfrentados a muy pocos compradores.

No hace falta que los compradores se pongan formalmente de acuerdo para que exista una enorme asimetría. Basta con que el productor tenga pocas alternativas para vender, mientras el comprador puede escoger entre muchos productores o reemplazar el trigo nacional por trigo importado.

En el trigo harinero ocurre algo igualmente revelador: durante los meses de cosecha —entre enero y abril— los agricultores reciben, en promedio, alrededor de un 17% menos que fuera de temporada.

Justamente cuando todos necesitan vender, el precio baja.

El agricultor, además, no siempre puede guardar su producción. Tiene deudas que pagar, costos de cosecha, semillas, fertilizantes y compromisos bancarios. Su capacidad de esperar es limitada.

El gran comprador, en cambio, puede esperar, almacenar, importar y negociar.

Uno llega a la mesa con el trigo. El otro llega con el reloj.

Por eso, cuando hablamos de precios, conviene abandonar cierta ingenuidad. Los precios no siempre nacen del encuentro libre y equilibrado entre oferta y demanda. También expresan relaciones de poder.

No estoy afirmando que estas cifras prueben una colusión. Eso requeriría una investigación específica. Pero sí muestran mercados concentrados, productores debilitados y brechas de precios que merecen ser explicadas.

La mano invisible del mercado, cuando hay demasiado poder concentrado, puede terminar siendo bastante visible.


El campo también se está descapitalizando

La preocupación no termina en el trigo.

En la ganadería bovina, cerca del 25% de los animales faenados son vacas, es decir, hembras que podrían cumplir una función reproductiva.

Cuando un productor comienza a vender sus vientres, muchas veces no está aumentando su producción: está liquidando su capital.

Puede hacerlo por sequía, falta de crédito, endeudamiento o malos precios. Es una solución para sobrevivir hoy que reduce su capacidad de producir mañana.

En el sector lechero se repite el mismo desequilibrio. Miles de productores pequeños y medianos negocian frente a unas pocas grandes industrias compradoras. Mientras mayor es la concentración de la compra, menor es la capacidad del productor para discutir precios y condiciones.

El problema de fondo vuelve a ser el mismo:

Muchos que producen y pocos que compran.


El crédito se retira de la economía productiva

Quizás la señal macroeconómica más preocupante de Basanos.info sea la evolución del crédito bancario medido en UF, es decir, descontando el efecto de la inflación.

Trece de los catorce principales sectores económicos tienen hoy menos crédito que en sus respectivos máximos históricos:

  • Pesca: 62,3% menos.
  • Silvicultura y madera: 52,9% menos.
  • Minería: 45,3% menos.
  • Fruticultura: 41,6% menos.
  • Industria manufacturera: 30,8% menos.
  • Agricultura y ganadería: 28% menos.
  • Comercio: 19,2% menos.

Si se compara específicamente con 2019, el crédito destinado al agro se ha reducido un 22,4% en términos reales.

¿Qué nos están diciendo estas cifras?

Que los bancos están financiando menos la pesca, el bosque, el campo, la fruta, la industria y el comercio. Es decir, menos inversión, menos capital de trabajo y menos capacidad para resistir una mala temporada.

El crédito no es un detalle administrativo. Es la sangre que permite que una empresa siembre, produzca, contrate, invierta y espere hasta vender.

Cuando esa sangre deja de circular, la economía no siempre muere de golpe. Primero se enfría. Después se achica. Finalmente, algunas empresas desaparecen sin hacer mucho ruido.


La vivienda: la excepción asistida

Hay un sector que marcha en dirección contraria: el crédito hipotecario.

Mientras el financiamiento productivo retrocede, los préstamos para vivienda se encuentran en niveles récord. Sin embargo, este crecimiento ha sido apoyado por el subsidio estatal a la tasa de interés vigente desde julio de 2025.

Entre julio de 2025 y febrero de 2026, aproximadamente el 47% de los nuevos créditos hipotecarios utilizó este beneficio.

Esto no demuestra, por sí solo, la existencia de una burbuja inmobiliaria. Pero plantea una pregunta incómoda:

¿Por qué el crédito crece donde existe apoyo estatal y se contrae donde hay que producir, competir y asumir riesgos?

Hay otra luz amarilla: la mora hipotecaria superior a 90 días se encuentra en su nivel más alto desde 2016.

Nuevos créditos subsidiados por una parte. Más familias atrasadas por otra.

Dos realidades que conviven bajo el mismo techo.


Las empresas que mueren sin aparecer en las estadísticas

Las liquidaciones judiciales muestran solamente una parte de la crisis empresarial.

Según los antecedentes recogidos por Basanos.info, por cada empresa que llega a una quiebra formal podrían existir alrededor de doce cierres silenciosos (esta es una estimación metodológica): negocios que dejan de funcionar, despiden a sus trabajadores, venden lo que pueden y bajan la cortina sin iniciar un procedimiento judicial.

¿Por qué?

Porque una liquidación formal puede resultar cara y prolongarse, en promedio, durante 3,2 años.

La verdadera crisis empresarial no siempre aparece en los titulares. A veces ocurre un martes cualquiera, cuando un pequeño empresario entrega las llaves, apaga la luz y se va para su casa.


Producimos menos, importamos más y financiamos poco

Si uno mira cada cifra por separado, siempre puede encontrar una explicación técnica.

El trigo importado puede ser más barato. Los bancos pueden considerar riesgoso al agro. La industria puede necesitar economías de escala. Los productores ganaderos pueden ajustar sus rebaños. El Estado puede estimular la compra de viviendas.

Todo puede explicarse.

Pero cuando juntamos las piezas aparece un dibujo mayor:

Chile produce menos alimentos estratégicos, depende más de las importaciones, concentra la transformación industrial, reduce el crédito productivo y deja a miles de productores negociando frente a grandes poderes compradores.

Eso ya no es una suma de anécdotas.

Es una transformación estructural.

Y debiéramos preguntarnos hacia dónde nos conduce.


La pregunta que queda abierta

No se trata de cerrarnos al comercio internacional ni de mirar a toda gran empresa como enemiga. Chile necesita comercio, inversión, empresas eficientes y mercados modernos.

Pero también necesita competencia efectiva, transparencia en la formación de precios, financiamiento productivo y productores capaces de sobrevivir.

Cuando unos pocos tienen la capacidad de comprar, importar, almacenar, financiar y esperar, mientras miles deben vender con urgencia, el mercado deja de ser una cancha pareja.

Entonces, la pregunta no es solamente cuánto cuesta el trigo.

La pregunta es quién tiene el poder de fijar las condiciones, quién captura el valor y quién termina pagando el costo.

El campo chileno no está pidiendo caridad. Está pidiendo condiciones para competir.

Porque un país que deja morir lentamente su capacidad de producir alimentos puede seguir creciendo en las estadísticas durante algún tiempo.

Pero se vuelve más frágil.

Y la fragilidad, como tantas cosas importantes, suele permanecer invisible… hasta el día en que deja de serlo.

Los invito a explorar los datos y gráficos de Basanos.info, revisar sus fuentes y sacar sus propias conclusiones.

Yo ya saqué una:

Aquí hay una conversación que Chile no puede seguir postergando.


Referencias:
Fuente de todo este análisis: basanos.info
Entrevista al dirigente agrícola Camilo Guzmán: link



domingo, julio 26, 2026

Libro La derrota de occidente de Emmanuel Todd

Emmanuel Todd es un connotado historiador francés que anticipó, ocho años antes, el colapso de la Unión Soviética.
Este libro, publicado en enero de 2024, mira la geopolítica mundial desde una perspectiva bastante original e interesante, al menos desde mi punto de vista.


La familia como primera escuela política

La estructura familiar, dice Emmanuel Todd, es la primera escuela de construcción de hábitos y preferencias, que después terminan en sistemas políticos, culturas generales y estructuras de poder.

Hay culturas cuyas familias son netamente patriarcales, favoreciendo a los hijos hombres. Otras son de familias nucleares, donde padre y madre gobiernan de forma bastante equitativa y los hijos se van prontamente de las casas familiares, cultivando la independencia y el individualismo.

Todd mira con mucha detención estas dimensiones de las distintas culturas. La democracia de occidente se explicaría por estas razones, y los sistemas más autoritarios o comunitarios, de la misma forma.


El origen protestante de la revolución industrial

Occidente tiene un origen católico, luego protestante, en todos los países del norte de Europa, especialmente Holanda, Inglaterra y después Estados Unidos, donde explota la revolución industrial con un sistema de valores muy propio del protestantismo, que le da sustento y punch a toda esa transformación.


El espejismo de la victoria

La Unión Soviética se derrumbó en 1991, poco después de la caída del muro de Berlín, en noviembre de 1989. Estados Unidos pasa a ser el vencedor de esa disputa histórica que fue la Guerra Fría, y entra en un periodo de soberbia durante toda esa década final del siglo XX.

Lo que no se toma tanto en cuenta es la crisis en que estaba también Estados Unidos, especialmente en su zona central. La globalización desmanteló la industria automotriz y la industria en general del país. Todo se fue a producir offshore, a China y a otros países asiáticos.

Hoy la guerra de Ucrania está revelando la incapacidad de Estados Unidos para suministrar las armas y el material bélico que se requiere en el frente de batalla que occidente libra contra Rusia.


De la religiosidad activa al nihilismo

Viene ocurriendo, bajo la superficie, un deterioro persistente de la base de principios y moral que sustenta a todo occidente. De la religiosidad activa, en que las personas iban a los ritos semanales con prolijidad, se pasó a una religiosidad zombi, como la llama Todd, en que se conservan los valores y principios pero se deja de asistir a los ritos. Y finalmente se nos ha venido encima la religiosidad cero, donde ya ni los principios rigen.

Es cosa de ver el gobierno de Trump, presidente electo por segunda vez por la mayoría del país, que no respeta ninguna norma ni principio. Es tan impredecible que sus políticas nacionales e internacionales parecen más bien pulsiones de una personalidad definitivamente neurótica.

Lo que mejor describe el momento actual es el vacío tóxico del nihilismo, donde se ensalza la falta total de principios.


¿Cómo llegamos hasta aquí?

No lo sé. Solo sé que esto ha posicionado al resto del mundo, en este conflicto de occidente —Europa incluida— en Ucrania contra Rusia, más del lado de Rusia.

¿Cómo es posible que Putin, al parecer, le haya hecho bien al país en todos los indicadores que Emmanuel Todd despliega, como la mortalidad infantil, las muertes por suicidio, el alcoholismo o la drogadicción? Son esos los datos desde donde el autor saca sus conclusiones y comparaciones.


El enredo europeo

Europa es un enredo mayor. Alemania se fortaleció al hacerse de Alemania del Este, y pasó a ser el país más potente de la región. El problema para Estados Unidos es que, para Alemania, cada vez se le hace más inminente una buena alianza con Rusia, por sintonía y necesidades energéticas.

Occidente está en franco deterioro, y es posible que salga en definitiva derrotado, transversalmente, de esta cruenta guerra de Ucrania.


Mi conclusión

Un libro excelente para un ignorante como yo, para interiorizarme al menos algo de lo que es y viene siendo la geopolítica mundial. Muy recomendable.

¿Y tú? ¿Te parece que occidente está realmente en decadencia, o crees que esta lectura es demasiado pesimista?



lunes, julio 20, 2026

Libro El espíritu creativo de Daniel Goleman, Paul Kaufman y Michael Ray

Qué tema, la creatividad.

Al leer este libro de Daniel Goleman, Paul Kaufman y Michael Ray, pienso que fuimos formados para no ser creativos, y que estamos entrando en una era en que todo se trata de serlo.


La herencia de la era industrial

La era industrial requería personal dócil, que hiciera pocas preguntas y que hiciera bien la pega, todo en la línea de producción. Los mantras mandatorios eran "hacer lo correcto", decir "lo que es debido", y poco más.

Llegó el tiempo de rescatar y encender ese espíritu creativo que todos llevamos dentro. Eso dice el libro.

¿Por qué ahora? Porque en la era de la IA, nuestros trabajos podrían ser reemplazados por robots o algoritmos, y se hace imperativo ser creativos para diseñar nuestra vía de escape, o nuestra vía de prosperar. Alguien decía por ahí que estamos en la mejor época para vivir. Pues tu vida, ahora sí, está en tus manos, gracias a la IA.


Cuatro capítulos, un solo hilo

El libro está dividido en cuatro partes: qué es esto de la creatividad, dónde reside y cómo se moviliza; cómo desarrollarla y cultivarla en los niños, en la casa y en la sala de clases; cómo desarrollarla y cultivarla en la empresa; y finalmente, la importancia de la comunidad para desatarla.

De inmediato pienso: cuánta creatividad hay en Silicon Valley.


Mi propio intento, y su fracaso

He tratado de organizar grupos con el objetivo de ser creativos, en la línea de mi giro. No me fue bien.
Parece que lo que más sabemos hacer los chilenos es criticar, traer a colación los problemas y las dificultades. A un querido amigo mío, que declaró al partir que no quería crear nada sino solo socializar, le dije al andar que lo veía como un saboteador de cualquier iniciativa. Peleamos y rápidamente nos amigamos, pero ya fuera del grupo.


Ejemplos que inspiran

El libro está lleno de personas creativas y de iniciativas creativas que son una verdadera inspiración.

Una empresa manufacturera en que todos los empleados tienen el mismo cargo: "empleado responsable". Los productos salen con un sello que lleva la forma de las personas que participaron en su construcción o montaje, y son responsables ante el cliente. Estas empresas cultivan un clima propicio para que las personas den ideas y no les sean aplastadas. Sus valores esenciales son la confianza, el respeto, el entusiasmo y el cuidado por la persona.

Un caso notable es el de la catedral de San Juan el Divino, en Estados Unidos, donde el dean, o principal sacerdote, se preocupa de formar escultores para aportar a la construcción de la catedral inconclusa, pero con el fin de sacar personas de la pobreza. Me llamó mucho la atención. Pareciera que solo la Iglesia tiene el corazón puesto en las personas que forma, en su educación y en su conocimiento, y no, como ahora, en que todo ha sido contaminado por los objetivos económicos.

También vi la importancia de que las empresas tengan salas cuna y jardines infantiles, para que quienes trabajan puedan estar tranquilos de que sus hijos están bien cuidados, y puedan visitarlos mientras trabajan.


Dónde nace la creatividad

La creatividad se nutre de la relación directa con los clientes. Ese es el punto donde más escucha debe poner la alta dirección si quiere una empresa creativa.

Y hay otro ingrediente: la creatividad se logra en espacios y momentos de ocio. Alguien que no está haciendo nada, que está en una conversación de café, o en el momento de un cigarro en una plaza, solo, en nada. Y de ahí salta la liebre.


Para despabilarnos

Somos creativos en Chile. Bien poco, la verdad.

Por eso recomiendo sobremanera leer este libro. Para despabilarnos, digo yo.

¿Y tú, cuándo fue la última vez que dejaste espacio para no hacer nada?



jueves, julio 09, 2026

Libro La Antártica chilena de Óscar Pinochet de La Barra

Un libro importante, si quieres interiorizarte de la historia y realidad del territorio antártico chileno. La Antártica es un importante continente de la corteza terrestre. Un continente bastante inhóspito, la verdad, descubierto en forma tardía por la humanidad.

Oscar Pinochet
En el libro se habla de los primeros navegantes audaces que llegan a sus costas, de diversas nacionalidades. Los primeros negocios extractivos que se instalan por esas costas son los industriales de la ballena y la foca. Hoy sentimos con otro dolor cultural las matanzas que esas faenas significaron. Hoy entiendo que están prohibidas.

Después aparecerán los aventureros que quieren ser los primeros en alcanzar el polo sur. La más memorable, para mí, es la del irlandés Ernest Shackleton en su barco Endurance, en 1914, que partió del sur de Inglaterra con 28 navegantes. Fueron triturados por los hielos en el congelado mar de Weddell. Estuvieron en un mismo punto desde enero a octubre del año 1915, momento en que Shackleton ordenó abandonar el barco e intentar el regreso. Lo lograron, a duras penas, con hechos dignos de héroes, que fueron. No murió ninguno, cosa notable.

Antes, en 1911, Roald Amundsen había logrado ser el primer hombre en llegar al polo sur, el 14 de diciembre. Un mes después llega al polo Robert Falcon Scott, el 17 de enero de 1912, donde encontró la bandera noruega ya clavada. Al regreso, este, junto a las cuatro personas que lo acompañaban, mueren congelados, faltos de víveres. Todos estos aventureros son, sin duda, una atracción de la historia de la Antártica.

Más tarde llegará el primer barco a vapor a estas costas y después un barco con un avión a bordo, que fue el primer avión en sobrevolar la Antártica y descubrir que había una cordillera con altas cumbres. Se empiezan a instalar las primeras bases, que no podrían llamarse asentamientos, pues pocos son capaces de pasar un año completo en esas inhóspitas latitudes. El tema central que las convoca son las motivaciones científicas.

Después vendrá en el libro una extensa sección de cómo los distintos países se disputan la soberanía de tramos de estos territorios. Se mira cómo se resuelven estas disputas en el hemisferio norte y cómo se resuelve la asignación de Groenlandia a Dinamarca, en vez de a Noruega, pues antes ambos habían sido el mismo país. Bueno, hoy hay otro país que quiere echarle mano a este enorme territorio.

En el norte el principal criterio fue la cercanía. Y desde los bordes territoriales en los continentes se tiraron líneas concéntricas que llegaban hasta el polo norte. En el sur el criterio de cercanía no aplicaba, pues las distancias eran demasiado grandes. Pensemos en África, Australia y Nueva Zelandia. Solo Chile podría acogerse a ese criterio. Se analizará en el libro el caso de Inglaterra, dueño de las Falkland, que con su mentalidad imperial apuntó a apropiarse hasta de las islas Shetland del Sur, en pleno territorio de Chile. Rusia es otro litigante, pues aventureros de su país también han merodeado por la Antártica, incluso con bases meteorológicas. Suma y sigue.

Termina el libro con instancias de resolución y búsqueda pacífica de los litigios e intereses en ese continente. El Tratado Antártico será un logro histórico, que declara a este un territorio de paz y de exploración científica colaborativa.
Un verdadero tratado de todos los aspectos que pudieran interesarnos de los temas de ese continente y de los intereses chilenos en él. Agradezco a quien me prestó este libro (Jaime Guarda) y me felicito por haber tenido la paciencia de terminarlo.