miércoles, junio 05, 2013

Reflexionando acerca de los grupos Un Alto en el camino

Tomo distancia y miro lo que estamos haciendo con la Carmen Pinto en estos grupos que llamamos Un Alto en el camino, donde reunimos a mitad hombres y mitad mujeres, no parejas, y los ponemos a conversar sobre temáticas que vamos poniendo nosotros, atendiendo a nuestra percepción y pesquisa, de que hace falta ahí.

Mostramos, entregamos, ciertas prácticas que hemos concluido son de alto valor, como la meditación, que llamamos ejercicio de centramiento, que realizamos siempre al comienzo de cada sesión.
La práctica, a nivel de rito ya, de la escucha activa. Que consiste en que cuando alguien tiene la palabra nadie lo puede interrumpir, hasta que él dice o da una señal de término. Y el grupo "le regala" la escucha, atente, presente; es decir, sin celulares y ojalá sin estar pensando qué voy a decir yo después, sino en total disposición a atender a lo que esa persona al frente me está diciendo.

Estas dos prácticas, por si mismas, a mi entender, son la columna vertebral de todo lo que hacemos.

La conversación apunta a responder preguntas del tipo ¿qué te pasa a ti con ... esta pregunta, esta historia, esta "provocación"?
Y ello busca llevar a la persona a acceder a su ser profundo, en ese momento y hablar desde ahí. No todos distinguen lo que es escuchar el interior en una materia, sino que más bien se van por el lado de sus opiniones, muchas veces guiadas por las valóricas que trae desde un mundo que lo ha formado y lo guía con juicios y opiniones, que no necesariamente son la expresión sincera de lo que es la posición profunda de la persona.
Este borde no es simple ni fácil. No siempre es obvio discernir entre el ser y el deber ser. A veces incluso se entremezclan.

Y la otra variante que tratamos de eludir, es esta práctica tan instalada, de poseer la verdad. Y ello nos lleva a discusiones acerca de quien tiene la razón. Personas que empiezan sus razonamientos, diciendo "la verdad es que...", parados en ese paradigma de la verdad sin paréntesis en la explicación de Humberto Maturana.
Buscamos poner el acento en el observador particular que es cada uno y desde ahí hablar y desde ahí escucharnos y desde ahí conversar.

Poder hablar desde estos lados, requiere generar un espacio cuidado, de confianza, sagrado dicen algunos, donde el hablar desde el ser verdadero sea posible. No siempre es fácil lograr esto. Las emociones de miedo, de dominación, por ejemplo, interfieren.

Otro aspecto relevante de lo que hacemos, es facilitar el fenómeno grupal. Cuando hablamos y nos escuchamos, una y otra vez, se produce un fenómeno que pienso está en nuestra naturaleza, que es el ser con otros. Se empieza a esfumar el limite entre el yo y el nosotros, y se produce una especie de fusión, de conexión profunda, que constituye al grupo en un organismo por si mismo. Este fenómeno es notable y en confianza, puede movilizar experiencias diversas, entre ellas de creatividad, de conexión con el ser profundo y desde ahí la intuición, etc. Experiencias significativas.

Estamos abriendo las matrículas para un siguiente grupo, así que si quieres incorporarte, ponte en contacto con nosotros.

6 comentarios:

  1. Gabriel: Como partner/acompañante de esta aventura, comparto todo lo que dices y reafirmo el poder de los Grupos como una vía de autoconocimiento y de crecimiento en la inter-acción.
    También ha sido una escuela de aprendizaje en el respeto y la aceptación amorosa de la diversidad.

    Ha sido y sigue siendo una experiencia potente y profundamente enriquecedora, como lo han reportado los participantes, pero también para mi como persona, como mujer y profesional en estos temas del "ser humanos".
    Feliz de seguir y compartir el ser tripulantes y seguir navegando en este viaje que hoy nos toca y hemos inventado.
    Carmen

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  2. Gracias Gabriel por comentar lo de la escucha activa y por el link a la entrevista de Maturana. Me impresionó, no la vi antes. Abrazo.

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    1. Buena Alec; gracias por comentar y saludos

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  3. Gabriel, a lo que has escrito añado que, en mi caso, este grupo significó también un importante ejercicio de aceptación de la diversidad, algo que siempre me ha costado mucho: aceptar al "distinto", al que piensa diferente, tiene otros valores u otra óptica para analizar nuestra realidad (que no es "nuestra" sino de cada uno, como ustedes dicen). Un alto en el camino me ayudó a ser más humilde y muy reconocedora del valor de otros.

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  4. Querido Gabriel, esto es lo que siempre quisiste.
    Te reconozco como un muy buen comunicador y la dupla ha sido un acierto! felicitaciones!!

    Ali

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  5. Participé del primer Alto en el Camino, una experiencia que recuerdo como algo valioso, sobre todo en eso de aprender a escuchar y aceptar la diversidad e incluso celebrarla. También gatilló en mí dolores y certezas en las que no había terminado de ahondar, creo. Un año después, es en mi un tesoro el recuerdo de cada una de las personas que me acompañaron en ese alto en el camino. Les mando un abrazo a la Carmen y a ti.

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