sábado, noviembre 22, 2014

La historia de la felicidad

Esto que escribo brota del curso la ciencia de la felicidad, de la universidad de Berkeley, del que vengo hablando.

Antiguamente, se pensaba que la felicidad era un asunto de suerte, una especie de regalo de los dioses.
De ahí que la palabra felicidad, tenga ese componente en varios idiomas de este lado del mundo. Hap, de happiness, significa suerte; lo mismo "heur" de bonheur en francés, y "gluck" en el idioma alemán.
Para ser feliz, no había nada que hacer, te pasaba. Era una suerte y por supuesto, pasajera, que le pasaba a muy pocos. Seguía el paso de "la rueda de la fortuna".

Luego, los griegos hacen una transformación y Aristóteles por ejemplo, dice que una vida feliz es aquella vivida de acuerdo a la virtud, de cuerdo a valores.
Gran revolución, pues ahora la felicidad empezaba a estar en alguna medida en tus manos. Requería trabajo, disciplina y persistencia. Será un logro de unos pocos también, pero deja de ser una fatalidad, o lo contrario, del destino.

Los griegos no miraban la felicidad como el estar contentos o sentir cosas agradables, sino mas bien lo que se podría llamar una buena vida, valórica. Es, entiendo yo, como una paz o incluso regocijo suave interior.

Las religiones, la cristiana, al menos en su formato antiguo, no buscaban la felicidad aquí en la tierra, sino después de muertos, según méritos o virtudes también.

Otra revolución ocurre con la Ilustración, lo que se refleja en un texto en la enciclopedia francesa, que era como la Biblia de la Ilustración, que decía que todos tienen derecho a la felicidad. Eso si que fue nuevo: la felicidad, un derecho.

La declaración de independencia de EEUU en 1776, dice que alcanzar la felicidad es un derecho inalienable de todo ser humano.

John Locke dirá que la razón de ser de la vida del hombre es alcanzar la felicidad. Lo transforma en un tema central.

La felicidad deja de ser el producto de un trabajo laborioso de vida y pasa a ser algo que ir a buscar allá afuera, atraparlo y consumirlo. Cómo quien va a un buen restaurante.

Y hoy todos esperan ser felices y si no lo son, pareciera que están mal y es algo de que ocuparse, si es que no, preocuparse.

Da la impresión que hay algo que hemos perdido en el camino.

Hoy, gracias a la ciencia, estamos, se podría decir, re-descubriendo o afinando, cual es el aporte a la felicidad de la gratitud, del pensamiento positivo, del perdón, del aquietar la mente, de la meditación, etc.

Y parece ser que la felicidad mía, va conectada con la felicidad de los que me rodean y más allá incluso de lo que venimos pensando. La felicidad parece empieza a ser un tema político.

3 comentarios:

  1. Anónimo5:23 p.m.

    buena reflexión

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  2. Anónimo5:48 p.m.

    Gabriel , gracias por el trabajo que me has estado dando cada semana con tus reflexiones acerca de la felicidad, el primero que tomé fue el perdón que me ha llevado más allá de analizar si es que debo perdonar o pedir perdón, o perdonar a mi mismo. En esta última reflexión sobre la felicidad, lo primero que me tocó en lo profundo, es la imagen del ciclista descalzándose de sus zapatillas y donándose asimismo al regalarlas a una desvalida creatura que se conmueve profundamente frente a ese gesto de amor gratuito.

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  3. Anónimo3:05 p.m.

    Gracias Gabriel, por mandarme pequeños links de diversas temáticas, que me han echo reflexionar y superarme

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