miércoles, enero 28, 2026

Libro Supercomunicadores de Charles Duhigg

Charles Duhigg, periodista y escritor norteamericano, nos ofrece en este libro una exploración fascinante sobre cómo nos comunicamos y, más importante aún, cómo lo hacen aquellos que destacan en ello: los supercomunicadores.

Después de leer este libro, una verdad se vuelve cristalina: uno de nuestros anhelos más profundos es conectar con otros. El fracaso en esta conexión se manifiesta en la crisis de soledad que caracteriza nuestros tiempos.

¿De qué se trata conectar?

La conexión sucede en las conversaciones, y tiene todo que ver con cómo conversamos. Charles Duhigg identifica tres tipos fundamentales de conversación:

Conversaciones prácticas: El objetivo es resolver problemas, obtener información, tomar decisiones.

Conversaciones emocionales: Expresamos nuestras emociones buscando ser validados, vistos en profundidad, comprendidos.

Conversaciones de identidad: Expresamos quiénes somos, cuáles son nuestros valores y creencias, a qué grupos pertenecemos.

Los problemas de comunicación surgen cuando no identificamos el tipo de conversación que se está desarrollando y respondemos desde otro registro.

Un ejemplo clásico: tu pareja te cuenta todo lo que siente respecto de un problema de relaciones en el trabajo, y tú... le propones una solución. Error. Lo que necesita es tu escucha, contención y apoyo, no una solución al problema.

Por eso, cuando llegues a un espacio de conversación, lo primero es preguntarte: ¿qué tipo de conversación se está sosteniendo aquí? Luego, acóplate. Te irá bien.

Conversaciones difíciles

Me llamó especialmente la atención una sección sobre conversaciones entre personas confrontadas por algún conflicto. Por ejemplo, en Estados Unidos, quienes defienden el derecho a portar armas versus quienes abogan por prohibirlas.

¿Cómo abordar estos diálogos? El conflicto no radica en las ideas que las personas sostienen sobre el tema, sino en lo que sienten al tenerlas o en lo que les genera que otros las tengan.

Estas conversaciones, moderadas y con reglas de respeto, apelan fundamentalmente a que las personas hablen con sinceridad sobre lo que sienten. La contraparte debe formular preguntas indagatorias con genuina intención de comprender, para luego expresar con sus propias palabras lo que ha entendido del sentir del otro. Esto continúa hasta que la contraparte confirma: "Sí, eso es".

Se ha demostrado que es posible dialogar sin necesariamente llegar a un acuerdo.


El poder de la identidad

Un tema del que reconozco tener menos conciencia es el de la identidad. Me sorprendió un estudio realizado en Estados Unidos con mujeres excelentes en matemáticas que consistentemente obtenían peores calificaciones que los hombres. Antes del examen, se les pidió realizar un ejercicio de identidad: graficar todos los grupos o comunidades a las que pertenecían. Al tomar conciencia de que no solo eran mujeres, sino también fotógrafas, paracaidistas, directoras de tránsito, lo que fuera, luego igualaron en rendimiento a los hombres con conocimientos similares en matemáticas.

Otro caso notable ocurrió en una ciudad de Irak que había vivido bajo el gobierno del Estado Islámico, donde se habían dedicado a perseguir cristianos. Tras la caída del régimen, los cristianos que habían huido comenzaron a regresar. Imagina cómo se sentían al andar por las calles, siendo que los árabes siempre habían estado socialmente por debajo de los cristianos.

Fue el fútbol donde comenzó la reconciliación. Los organizadores de la actividad deportiva exigieron que en los equipos debía haber mezcla de cristianos y árabes. Hubo resistencia inicial, pero a medida que pasaba el tiempo y se animaba la escena deportiva, empezaron a convivir, a celebrar goles y victorias juntos, y terminaron queriéndose.

Las identidades que se odian pueden encontrar en el fútbol un santo remedio, pues los pone juntos a jugar y emocionarse con las mismas cosas. Es lo que pasa con los niños pequeños. Me acordé de mi candidato presidencial más querido, Harold Mayne-Nicholls, prestigiado dirigente del deporte.


Navegando nuevas reglas

Vivimos tiempos de cambios en las reglas de nuestra convivencia. Le suelo decir a mi mujer que no emita juicios sobre otras personas. Estamos tan acostumbrados a hacerlo.

No hace mucho, le dije a un hijo de una pareja de buenos amigos: "Oye, ¡qué flaco estás!", en buena onda. Me respondió con molestia, diciéndome que no se hacen comentarios sobre el cuerpo de las personas.

¿Desde cuándo? Está pasando. ¿Es la onda woke? No lo sé, pero me siento en tierra pantanosa. A veces, sin querer, puedes estar hiriendo gravemente a alguien con algo que antes solo provocaba risa. Los cómicos han tenido que filtrar fuertemente sus programas, lo tengo claro.


Reflexión final

Comunicarse con otros no siempre es fácil. Leer un libro como este ensancha la mirada, al menos un poco.

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