Me detuve a revisar Basanos.info, una plataforma chilena que reúne y procesa información pública sobre agricultura, ganadería, crédito, endeudamiento y seguridad alimentaria.
Los datos provienen de instituciones como la Comisión para el Mercado Financiero, ODEPA, el INE, Aduanas y la Superintendencia de Insolvencia y Reemprendimiento. No estamos, por lo tanto, ante opiniones lanzadas al viento, sino ante cifras oficiales puestas en relación.
Y lo que aparece es inquietante.Chile está perdiendo capacidad productiva en sectores esenciales, mientras el crédito se retira de casi toda la economía real. Al mismo tiempo, algunos mercados agrícolas están tan concentrados que miles de productores deben negociar frente a uno, dos o muy pocos grandes compradores.
No es solamente un problema agrícola.
Es un problema económico, social y político.
El pan nuestro de cada día… ya no es tan nuestro
Durante décadas, Chile produjo una parte importante del trigo que consumía. Hoy, más de la mitad del trigo utilizado por los molinos es importado.
La superficie sembrada ha caído entre un 67% y un 74% desde sus máximos de la década de 1980. La Araucanía concentra actualmente cerca de la mitad de la superficie triguera del país, pero el centro de gravedad de la industria se desplazó hacia Santiago.
Entre 2017 y 2024, la molienda nacional disminuyó un 7,1%, mientras la Región Metropolitana pasó a concentrar el 50,4% de toda la molienda del país. El 72% del trigo importado entra por San Antonio y desde allí viaja hacia los grandes molinos de la capital.
El resultado es una paradoja bastante chilena: producimos trigo en el sur, pero importamos trigo por la zona central para molerlo en Santiago.
El molino de provincia pierde volumen. El productor local pierde poder de negociación. La actividad económica se concentra. Y el país se vuelve más dependiente de los precios internacionales, del dólar, de los puertos y de cadenas logísticas que no controla.
La soberanía alimentaria no significa producir todo dentro de nuestras fronteras. Eso sería poco realista. Significa conservar una capacidad productiva suficiente para que el país no quede completamente expuesto cuando el mundo entra en crisis.Y el mundo, como sabemos, últimamente ha perdido la costumbre de avisar antes de entrar en crisis.
¿Quién fija realmente el precio?
Basanos.info compara el precio pagado al agricultor con la llamada paridad de importación: cuánto costaría traer ese mismo producto desde el exterior y dejarlo disponible en el molino.
Cuando el agricultor chileno recibe persistentemente un precio inferior a esa referencia, aparece una pregunta inevitable:
¿Estamos frente a un mercado competitivo o frente a un mercado donde unos pocos compradores tienen demasiado poder?
En el trigo candeal, utilizado principalmente para pastas, la compra se encuentra fuertemente concentrada en empresas como Carozzi y Lucchetti. En economía, esto se llama oligopsonio: muchos vendedores enfrentados a muy pocos compradores.
No hace falta que los compradores se pongan formalmente de acuerdo para que exista una enorme asimetría. Basta con que el productor tenga pocas alternativas para vender, mientras el comprador puede escoger entre muchos productores o reemplazar el trigo nacional por trigo importado.
En el trigo harinero ocurre algo igualmente revelador: durante los meses de cosecha —entre enero y abril— los agricultores reciben, en promedio, alrededor de un 17% menos que fuera de temporada.
Justamente cuando todos necesitan vender, el precio baja.
El agricultor, además, no siempre puede guardar su producción. Tiene deudas que pagar, costos de cosecha, semillas, fertilizantes y compromisos bancarios. Su capacidad de esperar es limitada.
El gran comprador, en cambio, puede esperar, almacenar, importar y negociar.
Uno llega a la mesa con el trigo. El otro llega con el reloj.
Por eso, cuando hablamos de precios, conviene abandonar cierta ingenuidad. Los precios no siempre nacen del encuentro libre y equilibrado entre oferta y demanda. También expresan relaciones de poder.
No estoy afirmando que estas cifras prueben una colusión. Eso requeriría una investigación específica. Pero sí muestran mercados concentrados, productores debilitados y brechas de precios que merecen ser explicadas.La mano invisible del mercado, cuando hay demasiado poder concentrado, puede terminar siendo bastante visible.
El campo también se está descapitalizando
La preocupación no termina en el trigo.
En la ganadería bovina, cerca del 25% de los animales faenados son vacas, es decir, hembras que podrían cumplir una función reproductiva.
Cuando un productor comienza a vender sus vientres, muchas veces no está aumentando su producción: está liquidando su capital.
Puede hacerlo por sequía, falta de crédito, endeudamiento o malos precios. Es una solución para sobrevivir hoy que reduce su capacidad de producir mañana.
En el sector lechero se repite el mismo desequilibrio. Miles de productores pequeños y medianos negocian frente a unas pocas grandes industrias compradoras. Mientras mayor es la concentración de la compra, menor es la capacidad del productor para discutir precios y condiciones.
El problema de fondo vuelve a ser el mismo:
Muchos que producen y pocos que compran.
El crédito se retira de la economía productiva
Quizás la señal macroeconómica más preocupante de Basanos.info sea la evolución del crédito bancario medido en UF, es decir, descontando el efecto de la inflación.
Trece de los catorce principales sectores económicos tienen hoy menos crédito que en sus respectivos máximos históricos:
- Pesca: 62,3% menos.
- Silvicultura y madera: 52,9% menos.
- Minería: 45,3% menos.
- Fruticultura: 41,6% menos.
- Industria manufacturera: 30,8% menos.
- Agricultura y ganadería: 28% menos.
- Comercio: 19,2% menos.
Si se compara específicamente con 2019, el crédito destinado al agro se ha reducido un 22,4% en términos reales.
¿Qué nos están diciendo estas cifras?
Que los bancos están financiando menos la pesca, el bosque, el campo, la fruta, la industria y el comercio. Es decir, menos inversión, menos capital de trabajo y menos capacidad para resistir una mala temporada.
El crédito no es un detalle administrativo. Es la sangre que permite que una empresa siembre, produzca, contrate, invierta y espere hasta vender.
Cuando esa sangre deja de circular, la economía no siempre muere de golpe. Primero se enfría. Después se achica. Finalmente, algunas empresas desaparecen sin hacer mucho ruido.
La vivienda: la excepción asistida
Hay un sector que marcha en dirección contraria: el crédito hipotecario.
Mientras el financiamiento productivo retrocede, los préstamos para vivienda se encuentran en niveles récord. Sin embargo, este crecimiento ha sido apoyado por el subsidio estatal a la tasa de interés vigente desde julio de 2025.
Entre julio de 2025 y febrero de 2026, aproximadamente el 47% de los nuevos créditos hipotecarios utilizó este beneficio.
Esto no demuestra, por sí solo, la existencia de una burbuja inmobiliaria. Pero plantea una pregunta incómoda:
¿Por qué el crédito crece donde existe apoyo estatal y se contrae donde hay que producir, competir y asumir riesgos?
Hay otra luz amarilla: la mora hipotecaria superior a 90 días se encuentra en su nivel más alto desde 2016.
Nuevos créditos subsidiados por una parte. Más familias atrasadas por otra.
Dos realidades que conviven bajo el mismo techo.
Las empresas que mueren sin aparecer en las estadísticas
Las liquidaciones judiciales muestran solamente una parte de la crisis empresarial.
Según los antecedentes recogidos por Basanos.info, por cada empresa que llega a una quiebra formal podrían existir alrededor de doce cierres silenciosos: negocios que dejan de funcionar, despiden a sus trabajadores, venden lo que pueden y bajan la cortina sin iniciar un procedimiento judicial.
¿Por qué?
Porque una liquidación formal puede resultar cara y prolongarse, en promedio, durante 3,2 años.
La verdadera crisis empresarial no siempre aparece en los titulares. A veces ocurre un martes cualquiera, cuando un pequeño empresario entrega las llaves, apaga la luz y se va para su casa.
Producimos menos, importamos más y financiamos poco
Si uno mira cada cifra por separado, siempre puede encontrar una explicación técnica.
El trigo importado puede ser más barato. Los bancos pueden considerar riesgoso al agro. La industria puede necesitar economías de escala. Los productores ganaderos pueden ajustar sus rebaños. El Estado puede estimular la compra de viviendas.
Todo puede explicarse.
Pero cuando juntamos las piezas aparece un dibujo mayor:
Chile produce menos alimentos estratégicos, depende más de las importaciones, concentra la transformación industrial, reduce el crédito productivo y deja a miles de productores negociando frente a grandes poderes compradores.
Eso ya no es una suma de anécdotas.
Es una transformación estructural.
Y debiéramos preguntarnos hacia dónde nos conduce.
La pregunta que queda abierta
No se trata de cerrarnos al comercio internacional ni de mirar a toda gran empresa como enemiga. Chile necesita comercio, inversión, empresas eficientes y mercados modernos.
Pero también necesita competencia efectiva, transparencia en la formación de precios, financiamiento productivo y productores capaces de sobrevivir.
Cuando unos pocos tienen la capacidad de comprar, importar, almacenar, financiar y esperar, mientras miles deben vender con urgencia, el mercado deja de ser una cancha pareja.
Entonces, la pregunta no es solamente cuánto cuesta el trigo.
La pregunta es quién tiene el poder de fijar las condiciones, quién captura el valor y quién termina pagando el costo.
El campo chileno no está pidiendo caridad. Está pidiendo condiciones para competir.
Porque un país que deja morir lentamente su capacidad de producir alimentos puede seguir creciendo en las estadísticas durante algún tiempo.
Pero se vuelve más frágil.
Y la fragilidad, como tantas cosas importantes, suele permanecer invisible… hasta el día en que deja de serlo.
Los invito a explorar los datos y gráficos de Basanos.info, revisar sus fuentes y sacar sus propias conclusiones.
Yo ya saqué una:
Aquí hay una conversación que Chile no puede seguir postergando.
Referencia y fuente de todo este análisis: basanos.info




