Hice un taller de inteligencia artificial en la Fundación Cristo Vive, donde estuve compartiendo con Karoline Mayer, su fundadora, que puso en el foco de su misión "combatir la pobreza".
Leyendo después a Eugenio Tironi, salta esta idea de los tecno-optimistas, que combaten la escasez y me surge el siguiente posteo.
Tal vez estamos luchando contra el problema equivocado
Durante décadas hemos hablado de combatir la pobreza. La frase es correcta, necesaria, incluso moralmente incuestionable. Pero últimamente me ronda otra idea: ¿y si fuera más potente luchar contra la escasez que luchar contra la pobreza?
La pobreza describe una condición: personas que no tienen suficientes recursos para vivir bien. La escasez apunta a algo más profundo: la insuficiencia de aquello que necesitamos o valoramos. Escasez de alimentos, de vivienda, de médicos, de profesores, de tiempo, de conocimiento.
Si solo combatimos la pobreza, terminamos preguntándonos cómo distribuimos mejor lo que ya existe. Si combatimos la escasez, aparece una pregunta distinta: ¿cómo hacemos que exista mucho más? Ahí entra la tecnología.
La tecnología como máquina de abundancia
Esta es una de las intuiciones que encuentro más estimulantes en Marc Andreessen. Su optimismo tecnológico merece todas las preguntas críticas posibles, pero contiene una idea poderosa: gran parte del progreso humano ha consistido en transformar cosas escasas en cosas abundantes.
Hubo un tiempo en que la información era escasa: había que viajar, entrar a una biblioteca, encontrar un libro. Internet cambió eso. Algo parecido ocurrió con la música, las fotografías, la capacidad de cálculo. Un teléfono en el bolsillo contiene hoy capacidades que antes estaban reservadas a gobiernos o grandes corporaciones. Eso es tecnología: no solo hacer las cosas más rápido, sino cambiar la ecuación de la escasez.
Y ahora aparece la inteligencia artificial
La inteligencia siempre ha sido un recurso escaso. Formar a un buen médico, profesor o ingeniero toma años; su tiempo y su conocimiento son limitados. Por eso la inteligencia especializada ha sido históricamente cara.
La IA empieza a modificar esa ecuación. Por primera vez construimos sistemas capaces de poner una enorme capacidad intelectual al alcance de millones de personas, casi instantáneamente. Un niño puede tener un tutor disponible las 24 horas. Un pequeño empresario puede acceder a análisis que antes solo tenía una gran compañía.
Esto no significa que la IA reemplace mágicamente a médicos o profesores. Significa algo quizás más importante: la inteligencia humana comienza a ser amplificada por una inteligencia artificial abundante. Como dice Andreessen, el precio de la inteligencia está cayendo. Y si eso ocurre de verdad, estamos frente a algo enorme.
La pregunta cambia
Si faltan viviendas, podemos subsidiar a quienes no pueden comprarlas. Pero también podemos preguntarnos cómo hacer que construirlas sea radicalmente más barato. Si faltan médicos, podemos repartir mejor las horas disponibles, o multiplicar la capacidad diagnóstica de cada uno con IA. Si faltan profesores excelentes, podemos imaginar que cada niño tenga acceso permanente a un tutor inteligente personalizado.
De administrar escasez pasamos a producir abundancia.
Pero la abundancia no garantiza una buena sociedad
Podemos producir abundancia tecnológica y conservar una sociedad profundamente desigual. Podemos tener información infinita y personas desinformadas. Podemos tener inteligencia artificial extraordinaria y millones de personas sin acceso a ella. La tecnología no resuelve automáticamente la política, la ética ni la distribución del poder.
Por eso necesitamos dos movimientos simultáneos: crear abundancia y preguntarnos quién tiene acceso a ella. No basta con inventar; hay que democratizar.
Tal vez ésta sea una gran misión de la IA
No utilizarla solamente para que algunas empresas ganen más dinero, ni para que quienes ya somos productivos produzcamos todavía más. Eso sería una utilización muy pobre de una tecnología tan poderosa.
La gran oportunidad podría ser otra: usar la inteligencia artificial para atacar sistemáticamente las escaseces que limitan la vida humana. Educación, atención médica, asesoría jurídica, oportunidades, capacidad para emprender, acceso a personas que puedan ayudarnos a pensar.
Quizá la pregunta que deberíamos hacernos frente a cada nueva aplicación de inteligencia artificial sea muy sencilla: ¿qué escasez humana estamos ayudando a eliminar?
¿Cuál es la escasez que más te gustaría ver desaparecer?



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