jueves, noviembre 03, 2016

Notas de mi último encuentro con Egon Wolff (29-julio-2016)

Conversamos con Egon acerca de la vida, que tiene final, que de repente a uno se le viene encima la última milla y ..
El cuerpo empieza a fallar, empieza a debilitarse, a tener leves fiebres, va al médico y te encuentra agua en los pulmones. Te deja hospitalizado y quieto por tres días; te saca el agua de los pulmones, una millonada de tus auteros caudales y te deja con un cuerpo que ha olvidado pararse, ha perdido fuerza aquí y allá, y sales como un viejazo, con una nueva muleta en la mano. Sales más viejo, la meta final se siente más cerca.

La vida es un tránsito a plazo fijo. Se acaba y vives inconsciente de aquello, hasta la etapa en que hoy vive Egon; en que la cosa es inminente.

Las creencias. Egon piensa que la vida es como una luz; que un dia se apaga y nada queda.
No hay vida después de la vida; no hay nada después.

Vive casado con la Anamaría, que cree distinto. Es como mi mamá, la Chivi.
Va a misa todos los días, reparte hostias a los enfermos y tres días a la semana, va a sesiones de oración.
Ella cree en una vida después de la vida, cree en la inmortalidad del alma, pero lo mejor es que aquello la llena de contactos y encuentros con otros, la llena de una vida social afectuosa, nutritiva, que la tiene bien. Como a la Chivi.
Yo la acompaño los domingos a misa; se que lo agradece.

A Egon le gusta pintar; la verdad se lo pasa en eso. Pinta al acuarela, donde él hace una parte de la creación y el agua, lo otro.
El pintar lo absorbe completamente. Se sumerge en el acto creativo que es pintar y disfruta de una manera que no puede dejar.
El fruto del ejercicio de pintar, son obras, pinturas que acumula en una bodega, siendo ya sobre 300, sin interés ni intención por venderlas o hacer alguna exposición.
El disfruta, se realiza con el ejercicio diario, del acto creativo, estético, de imágenes bellas que encuentra aquí y allá, en su ya reducido mundo, captando la belleza que le maravilla, presente en todas partes.

Egon vive en paz. Se regocija con las pequeñas sensaciones de todo tipo del momento presente. Está bien, disfruta; en solitario. Me lo confiesa.

Tuvo dos buenos amigos en su vida; ya se fueron.
Esos compañeros de curso de la universidad, que estuvieron en su cumpleaños … habla con ellos, una vez al año; por teléfono.
Me habla de uno de ellos, al que caracteriza como muy voltaico. Si nos reuniéramos, él se lo hablaría todo y yo estaría todo el rato callado. No.
Eso lo ha dejado, muy solo. Pero no se queja; está bien.

este cuadro suyo lo tengo en mi escritorio
Siento que conmigo tiene una conversación que disfruta y valora. Al dejarlo en su casa, me invita a seguir conversando ahí. Yo prefiero seguir, y no acepto.
Quedamos de repetir la escena, no muy lejos en el tiempo.
Nos damos un sentido abrazo al despedirnos, mientras lo ayudo a bajarse del auto y ponerse de pie, para seguir solo con su bastón, mientras Verónica nos espera sonriente y feliz de recuperar a su Egon sano y salvo como le había prometido.

Manejo de vuelta a casa, con una sensación fuerte en el pecho, de satisfacción, emoción, de haber sostenido un encuentro significativo, profundo y humano.


Nota: Lo paso a buscar. Ya no maneja. Su Nana, la Verónica, me lo encarga con cariño; cuidemelo, me dice.
Y nos vamos a ese local que queda en la carretera, un poco más al sur, llamado Las Alemanas.

Este es el blog que le hice cuando intentamos vender sus cuadros sin éxito.

Egon murió a anteayer, a los 90 años.

5 comentarios:

  1. Se fue después de entregar toda su creatividad, hasta el último suspiro, ahora a través de sus acuarelas. Que fuerza!
    Un abrazo Gabriel por la pérdida de tu amigo Egon.

    ResponderEliminar
  2. me acongojó !! personas que sumaron en tu vida. Creo que Egon debe estar muy sorprendido, porque al igual que la Chivi, estoy segura que se reencontró con sus dos grandes amigos.

    ResponderEliminar
  3. Gabriel me gustó mucho la emoción de tu relato, eso es valiosisimo. Un gran abrazo y nos debemos varias conversaciones nosotros.

    ResponderEliminar
  4. Conocí a Egon en su casa en Cachagua , ya hace años. Un gran hombre , no se creía el cuento y una humildad rara en un escritor (dramaturgo) .
    Me sorprende que no creía en la otra vida, pero sin duda era un hombre espiritual.

    Juan Echenique

    ResponderEliminar
  5. Un regalo tu relato, Gabriel. Gracias
    Simple y profundo, teñido de tristeza
    Un abrazo y compañía en estos momentos

    ResponderEliminar