miércoles, diciembre 31, 2025

Libro El secreto siempre es el amor de Karoline Mayer

Yo opino que Karoline Mayer es una santa. Tiene una energía, una disposición, una persistencia extraordinarias. Desde Alemania, a temprana edad, quiso ser misionera en China o la India, pero extrañamente su Congregación finalmente la mandó a Chile. Y aquí se quedó para siempre. Hasta la nacionalidad chilena le dieron por decisión unánime del parlamento. La llamó personalmente el presidente del Senado, Andrés Zaldívar, para contarle.

Este libro nos cuenta la historia de Karoline Mayer desde su ciudad natal Eichstätt, en Alemania, donde nació en 1943 (tiene nueve años más que yo). Su padre la apoyó siempre en sus anhelos de ser misionera; su madre no. Su padre murió antes de que ella partiera a Chile. Quedaron allá su madre con sus hermanos.

Sale de Nápoles rumbo a Valparaíso en barco, desde el norte de Italia, en 1968.

Viene con el nombre de Hermana Paulina. Me llama la atención su fuerte conexión con su interioridad, pues rehúsa hacer los votos que la Congregación le exige mientras ella no esté, desde el fondo de su alma, convencida. Y lo estará. Tenía 25 años.

En Santiago se aloja en un convento de monjas del barrio de los ricos, Las Condes, y empieza a estudiar Enfermería Universitaria. Siempre quiso estudiar Medicina.

Pero ella quiere irse a meter con los pobres. Descubre una población en Vital Apoquindo y empieza a dejarse caer ahí, en su tenida de monja. No la pescan mayormente. Le llaman la atención las guatas infladas de los niños, su flacura y las cabezas llenas de piojos. Conversa con las mujeres y se entera de que la gran mayoría de los hombres están sin trabajo.

Eso la moviliza. Ofrece sus servicios voluntarios en algún policlínico y desde allí va con remedios a las casas de los niños directamente.

Las mujeres le dicen que lo que hace falta es hacer un comedor: buscar alimentos, cocinar y dar de comer a los niños. Y así parte. Ubican un lugar medio botado, lo habilitan, ella consigue una olla grande y empiezan a ir a supermercados a pedir la comida que botan por vencida o en mal estado. Y empieza a haber comida para los niños.

Después será la guardería, donde tengan a los niños mientras más madres van a trabajar y así no queden solos, que hasta en incendios terminan las chozas.

Empiezan a aparecer voluntarias: personas de clase alta que consiguen cosas, hacen sus aportes.

Hacen una parroquia multiuso y después serán talleres para que hombres y mujeres sin nada que hacer confeccionen lo que sea.

Y esta joven monja pasa a ser uno de ellos, transformando la miseria en algo más llevadero.

Viene el golpe militar, que la encuentra ya viviendo entre los pobres, lo que tanto había deseado. Vive en una choza más, donde su cama será cama de atención de enfermos que hacen cola afuera.

La gente de las poblaciones suele ser de izquierda, incluso miembros de partidos políticos y células más activas. ¿Pensabas que iban a ser de la UDI o Patria y Libertad?

Bueno, y vienen los allanamientos militares, donde a muchos se los llevan presos.

Y a su casa llegan hombres y mujeres aterrorizados, que saben que los buscan. Y le piden ayuda. Y ella los ayuda. Hasta a la casa del obispo, que es su jefe, los lleva.

Termina ella también presa, interrogada, y con la ayuda de los altos mandos de la iglesia sale pronto.

Pero sigue metida en esta dinámica durante todo el largo periodo de la dictadura de Pinochet. Muy mal lo pasó, lo mismo la gente de los barrios pobres.

A ella no le cuentan cuentos; sabe cómo es la vida de los pobres.

Tiene la necesidad de crear un techo legal para todo lo que hace, pues ya son muchas cosas, hay mucha gente implicada y está recibiendo aportes, incluso de fuentes de Alemania, gracias a sus contactos. Y crea bajo el alero de la iglesia la Fundación Missio.

Mueve una verdadera industria, ya no solo donde comenzó, en Áreas Verdes en Vital Apoquindo. Vienen de otras poblaciones a pedirle ayuda y ayuda a montar allá las mismas estructuras organizativas que ya ha aprendido a llevar.

Se hará conocida y más gente querrá ayudar o conocerla. Si hasta la señora del Dictador la viene a conocer. Lucía Hiriart de Pinochet la visita más de una vez, siempre rodeada de la prensa y la televisión, que filman todo lo que hace y aporta, incluso de manera que se vea más grande de lo que era. No le ayudarán estas fotos sonrientes con la mujer del dictador.

Cuando las elecciones del Sí o el No, de si Pinochet sigue gobernando, en 1988, algunas personas de sus organizaciones empiezan a hacer proselitismo con las personas a las que atendían. Ella se entera y les dice que no tiene ningún problema con que comulguen con la ideología o partido que quieran, pero que mientras trabajen en la Fundación Missio, no lo hagan. Su jefe, el obispo, no está de acuerdo con ella. Están todos muy nerviosos porque no creen que Pinochet vaya a hacer unas elecciones limpias. Y ella se opone tenazmente y termina renunciando.

Aparece aquí una característica central de ella: es una devota de los pobres, incluso comulga con la línea de la Teología de la Liberación. Pensaba que la iglesia no solo debía preocuparse de la parte espiritual de los pobres, sino de las estructuras políticas y económicas.

Finalmente, en 1990, ella crea una nueva Fundación, la Fundación Cristo Vive, en cuyas oficinas le hice la última clase de mi curso de Coaching en IA a su gerente general, Fernando Contardo, quien me regaló este libro, que pasados algunos meses terminé leyendo.

Llamé a Fernando al terminar el libro y le agradecí el regalo. Le dije que había leído el libro en tres días y hasta había llorado con él.

No podemos dejar de leer este libro y conocer a esta increíble mujer. Vale la pena mirar el mundo un rato desde la mirada de ella, en estrecho contacto con los pobres de nuestro querido Chile.

viernes, diciembre 26, 2025

"¿Por qué la guerra?" - El diálogo entre Einstein y Freud que sigue vigente

En 1932, en el breve intervalo entre dos guerras mundiales, Albert Einstein y Sigmund Freud sostuvieron un intercambio epistolar extraordinario. La pregunta que los convocó fue tan simple como desafiante: ¿por qué las guerras? ¿Podemos eliminarlas o es una tarea imposible?

Einstein, quien inicia la conversación, acude a Freud como experto en las profundidades del alma humana, buscando comprender si existe alguna salida.

Freud responde desde su teoría de las pulsiones: eros y tánatos. Eros, la pulsión de vida, nos impulsa hacia el amor y la convivencia. Tánatos, hacia la destrucción y la muerte. Pero estas fuerzas no actúan por separado; están entrelazadas en el corazón mismo de nuestra naturaleza. Amas a tu mujer, pero también quieres poseerla. Y quien intente entrometerse enfrentará tus impulsos destructivos.

Einstein no es nacionalista. Imagino que esto significa que rechaza la división artificial en naciones y el cultivo de sentimientos patrios exaltados, factores esenciales en las guerras entre vecinos. Las propias naciones, después de todo, nacieron de guerras de conquista. Son hijas de la violencia.

¿Qué propone Einstein en su lugar? No queda claro en el texto, y cuesta imaginarlo. Salvo que seamos todos seres tan evolucionados que hayamos superado la necesidad de pertenecer a una nación, y nos baste con reconocernos simplemente como parte de la humanidad.

Los períodos de paz, nos recuerdan, no son tan pacíficos como parecen. Son guerra congelada. Hemos transferido nuestro poder al Estado para que haga regir la Constitución y las leyes mediante violencia institucionalizada. Cuando las instituciones pierden fuerza y se les arrebata el monopolio del uso legítimo de la violencia, cuando su autoridad flaquea, es momento de temer una nueva guerra.

Los tiempos que vivimos hoy me parecen tiempos en que soplan vientos de guerra.

La solución, nunca lograda, sería una institución global con verdadero poder sobre las naciones, poder otorgado voluntariamente por esas mismas naciones. Hoy existen las Naciones Unidas, donde se delibera, pero que nunca logran —que yo sepa— detener ninguna guerra.

Lo que vendría después de ese intercambio sería la Segunda Guerra Mundial: entre 70 y 85 millones de muertos, cinco civiles por cada dos militares.

Esta conversación entre dos de los hombres más sabios de su tiempo no deja ninguna esperanza de solución para las guerras.

Preocupante. Muy preocupante.

jueves, diciembre 25, 2025

"El puente donde habitan las mariposas" de Nazareth Castellanos

Nazareth Castellanos es una neurocientífica española que ha logrado escribir un libro de base fundamentalmente científica, pero que incorpora filosofía y poesía. El título ya lo anuncia: apela a las neuronas que ella llama "mariposas", células que se gestan como primarias y eclosionan igual que las mariposas, liberando neuronas llenas de ramas y raíces. Pero es en el puente entre las neuronas donde todo ocurre, donde habita el verdadero quehacer del cerebro.

Castellanos se ha dedicado a estudiar cómo reacciona el cerebro a todo nuestro quehacer cotidiano. De ahí que termine proponiéndonos como tarea el esculpir nuestro propio cerebro, ya que, según lo que vayamos haciendo y cultivando, el cerebro —siempre plástico— se va moldeando. Central en el libro es el tema de la respiración. Particularmente bellas son las cartas entre Martin Heidegger y su amante Hannah Arendt, donde se comparten datos sobre cómo meditar mejor: respirar con presencia consciente, en forma relajada y en un lugar aislado y quieto. Al hacer todo esto, conectamos y habitamos lo que verdaderamente somos: nuestra esencia.

El libro se divide en tres secciones: construir, habitar y pensar. Es el título de un discurso que dio Martin Heidegger en 1951, cuando se le invitó a pensar cómo reconstruir Alemania después de la guerra. Venimos en buena medida construidos por nuestros antepasados, no solo genéticamente sino también epigenéticamente. Períodos de escasez generarán en los descendientes una acumulación excesiva de todo tipo de objetos. Nos toca en nuestra vida aprender cómo nuestra biología, emociones, decisiones e intenciones favorecen o perjudican el desarrollo de nuestro cerebro.

Luego viene el habitar, pieza fundamental en nuestra existencia. Habitar significa alcanzar la tranquilidad, la calma necesaria para el despliegue libre del ser que somos, de nuestra esencia. Alcanzar el ser que somos: ese es un norte fundamental. Y cuando estamos en esa calma, en esa quietud, es cuando mejor se da el pensar. A pesar de ser catalogados como homo sapiens, la verdad es que poco pensamos. Necesitamos darnos cuenta de esto, y ahora que estamos en la era de la inteligencia artificial, necesitamos apoyarnos en ella para pensar, pero cuidando que no nos reemplace y terminemos pensando aún menos.

Me ha llamado mucho la atención el hecho de que, como al dormir ocho horas dejamos en negro la zona del cerebro encargada de la visión, esta corre el riesgo de ser invadida por sectores vecinos que roban sus neuronas para otros fines. Lo que hace el cuerpo es inventar los sueños, que sí le aportan visualizaciones, audiciones y quién sabe qué más. Basta que dejes de ver por mucho tiempo para que el cerebro empiece a intensificar otras funciones que pudieran ser compensatorias. Por eso los ciegos presientes que alguien viene y lo pueden identificar solo por el ruido que hace.

Nazareth Castellanos va tejiendo un bello enlace entre ciencia y humanidad. Significativa es la presencia en el texto de piezas de la historia de Santiago Ramón y Cajal, quien siendo artista y eximio dibujante fue forzado por su padre a estudiar medicina, y terminó, gracias en parte a sus excepcionales dibujos de neuronas, inventando la neurociencia alrededor del año 1890.

Lo que más se me quedó de este libro es el andar respirando con conciencia, situado en el momento presente, sabiendo ahora, sí, lo bien que eso le hace a mi cerebro.

miércoles, diciembre 24, 2025

El Futuro Ya Llegó: Tres Transformaciones que redefinirán nuestra forma de trabajar y aprender

 Después de cuatro décadas como ingeniero y coach profesional, he visto muchas olas de cambio tecnológico. Pero ninguna me ha impactado tanto como las predicciones que Salim Ismail y otros visionarios están planteando para 2026. No son fantasías distantes: son tendencias que ya están en marcha, y nos obligan a repensar todo lo que creíamos saber sobre organizaciones, educación y trabajo.

Permítanme compartir tres transformaciones que considero cruciales, no solo para entender el futuro, sino para prepararnos hoy.

1. El Fin de la Transformación Digital: Hay Que Reconstruir Desde Cero

Durante años hemos escuchado el mantra de la "transformación digital". Las empresas invierten millones intentando modernizar estructuras existentes, digitalizando procesos, automatizando flujos de trabajo. Pero según Ismail, este enfoque ha muerto.

¿Por qué? Porque estamos cometiendo el mismo error que la televisión en sus inicios: poner locutores de radio frente a una cámara. Usamos tecnología nueva para replicar procesos viejos. La transformación digital ha sido, en esencia, automatizar el flujo humano en lugar de transformar el flujo de trabajo.

La propuesta radical es clara: no intentes arreglar lo viejo, construye algo nuevo desde cero con IA como fundamento.

Imaginen una empresa de transporte a caballo intentando modernizarse. La transformación digital sería ponerle GPS y sensores a los caballos. La construcción nativa de IA sería ignorar los caballos y construir un automóvil autónomo en un garaje separado.

Estas nuevas estructuras, diseñadas con una filosofía "AI-first", operarán con 10 a 20 veces menos empleados. El humano ya no estará en el centro del flujo como cuello de botella, sino "en el bucle" desde afuera: verificando, validando y manejando excepciones.

La advertencia es contundente: la IA no destruirá tu empresa, pero tu organigrama sí lo hará si no realizas este cambio.

2. La Gran División Educativa: Fábricas de Credenciales vs Aceleradoras de Agencia

El sistema educativo está llegando a un punto de quiebre. Preparamos a jóvenes para un mercado laboral que no sabemos cómo será en dos, tres o cinco años. Las universidades tradicionales se están convirtiendo en simples "fábricas de credenciales": vendedoras de títulos que certifican conocimientos obsoletos antes de que el estudiante se gradúe.

Frente a esto emerge un nuevo modelo: las "Aceleradoras de Agencia". Aquí el cambio fundamental es del título al portafolio. La pregunta ya no es "¿qué estudiaste?" sino "¿qué construiste?".

Peter Diamandis lo ilustra perfectamente con el ejemplo de Silicon Valley: a nadie le importa tu título universitario; les importa tu calificación en GitHub. Es una meritocracia abierta donde demuestras qué tan bueno eres en la realidad, no qué notas sacaste en exámenes.

¿Por qué la iniciativa será la nueva moneda de cambio? Porque el emprendimiento se perfila como la única "carrera" viable del futuro. El modelo antiguo enseña a esperar instrucciones. El nuevo modelo recompensa la "agencia": tener piel en el juego, preocuparse por un problema y demostrar que puedes resolverlo.

Como dice Emad Mostaque: ¿Por qué mostrar un currículum cuando puedes mostrar un sitio web personalizado que construiste, demostrando tus capacidades únicas?

3. La Nueva Economía del Trabajo: De Tareas Rutinarias a Moonshots

Cuando la IA supere el 90% en pruebas de valor económico, el trabajo de conocimiento rutinario será automatizado. Esto no significa el fin del trabajo, sino una transformación radical de qué actividades generan valor humano.

Emergen tres categorías principales:

A. Entrenamiento y Supervisión de IA (RLHF)

La inteligencia artificial necesita cantidades masivas de datos verificados por expertos. Esto ya es una industria de miles de millones de dólares: desde corrección de imágenes hasta validación de conocimientos complejos en áreas donde la IA aún falla.

B. Emprendimiento y Resolución de Problemas

Ya no habrá "empleos" tradicionales de seguir instrucciones. La actividad remunerada será identificar problemas y construir soluciones. Herramientas como el "vibe coding" permitirán a individuos crear riqueza a velocidades nunca vistas. Se habla incluso de empresas de una sola persona valoradas en mil millones de dólares.

C. Talentos Hiper-especializados y Creativos

Liberados de labor repetitiva, los humanos nos enfocaremos en lo que la IA no puede intuir: grandes desafíos globales, creatividad de alto nivel, descubrimiento de talentos únicos. El ejemplo inspirador es la peluquera inglesa que resultó ser la mejor del mundo en plegamiento de proteínas.


Una Reflexión Personal

A mis 73 años, después de criar cuatro hijos que ahora me han dado ocho nietos maravillosos, me pregunto: ¿Qué mundo les estamos dejando? ¿Cómo los preparamos para esta transformación?

La respuesta no está en resistir el cambio, sino en abrazarlo con sabiduría. Como coach, mi trabajo ha sido siempre ayudar a las personas a descubrir su potencial. Y lo que estas predicciones me confirman es algo que siempre he intuido: el valor humano reside en nuestra capacidad de iniciar, crear y resolver problemas únicos.

La IA nos quita lo "promedio" y nos obliga a ser excepcionales. Y quizás, solo quizás, esa sea la mejor noticia que hemos recibido en mucho tiempo.

¿Estamos listos para reconstruir, reaprender y reinventar?


Fuente: video # 217 de Moonshot

domingo, diciembre 21, 2025

Reflexiones acerca de cómo la IA me domestica

Leo tres libros en paralelo. Unos más simples que otros. Uno de ellos es ¿Por qué la guerra? de Einstein y Freud. Me doy cuenta que con frecuencia le leo a chatGPT párrafos, que este transcribe y me explica. Y lo hace tan bien, que mi comprensión de lo que voy leyendo se enriquece.

Visito a mi madre y en los últimos encuentros, varias veces en un solo encuentro, traslado una inquietud que estamos barajando, a chatGPT. Mi madre de 97 años escucha con atención, y sorpresa. Notable lo que nos aporta, compartimos.

Cuando parto al living a meditar y luego leer, temprano en la mañana, estoy tomando siempre mi celular ya cargado. Cuando leo, no hay palabra que no entienda o tenga dudas de su verdadero significado, que no traslado a chatGPT para recibir siempre, sí, siempre, aportes significativos.

Pienso, reflexiono, acerca de esta penetración de la IA en mi vida; es significativa.

Tengo amigos y amigas oponentes. Son como voces que intentan precaverme de los peligros y amenazas que esta tecnología de la inteligencia artificial (IA) nos podría traer.
Hoy escribía en un chat, donde está uno de esos cuestionadores frecuentes, “La IA puede pensar mejor que nosotros, pero no puede temblar”.
De verdad ya pienso que la IA es más, mucho más inteligente que nosotros. Pero de una inteligencia que no piensa como nosotros, que además sentimos, temblamos, transpiramos.
Pienso, que no es razón para descartarla, al contrario, para abrazarla y pronto, porque sus aportes son enormes e innegables.

Le pido a Gemini que me proponga videos donde hablen de cómo y cuánto la IA afecta a trabajos existentes. Me asomo en un par.
Hablan con personas de África, que tenían una fecunda fuente de ingresos, redactando cartas para otros. Simplemente se quedaron sin pega. La IA los dejó fuera. En África.
Ayer hablaba con mi compañero de universidad Guillermo Quezada qué vive en Llanquihue, que me contaba que está haciendo agentes de IA para empresas y que en una eliminaron simplemente a un cargo que procesaba información de clientes.

He estado grabando reuniones y sesiones de coaching, que luego paso el material a la IA, obteniendo reportes realmente extraordinarios. Pienso que la siguiente reunión debe partir escuchando ese increíble podcast al menos.
Ayer me fui al local de PC Factory de la calle Las Condes y al llegar y no encontrarlo, un locatario de al lado me dijo, que hacía muy poco se habían mudado a unas cinco cuadras más arriba.
Saco el celular del bolsillo, llamo a chatGPT y pregunto: nueva dirección de PC Factory en la calle Las Condes. De inmediato, me dio la dirección y para allá partí y averigüé del hardware Plaud para grabar conversaciones y alternativas.

No sé, estoy sorprendido de lo penetrante de esta nueva tecnología de la IA en nuestras vidas.

martes, diciembre 16, 2025

Libro Diario de viaje a Estados Unidos de José Miguel Carrera de José Miguel Barros

José Miguel Barros, destacado abogado y diplomático chileno, debió sentir una profunda admiración por José Miguel Carrera para dedicarle este libro. Diario de viaje a Estados Unidos es, en lo esencial, la transcripción del diario que el propio Carrera escribió durante su periplo iniciado en noviembre de 1815, cuando zarpa desde Buenos Aires rumbo a Norteamérica.

El contexto es decisivo. Carrera había gobernado Chile entre 1811 y 1814. Tras el desastre de Rancagua y la pérdida de la Patria Vieja, los principales líderes independentistas cruzan a Mendoza y luego a Buenos Aires, cargando derrotas, reproches y odios no resueltos.

Carrera llega a Estados Unidos en enero de 1816, después de casi tres meses de navegación. Así era el mundo entonces: lento, incierto, pero abierto a la audacia. Y audaz fue. En Estados Unidos habló con medio mundo, incluido el presidente James Madison. Logró lo que parecía imposible: una flota, armas, una imprenta, soldados. Todo financiado con sus bienes personales y con deudas que asumió sin red. Apostó todo.

Tras casi un año de gestiones, emprende el regreso en diciembre de 1816.

Pero la historia ya venía torcida.

La tensión entre Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera venía de lejos. No era solo personal: era ideológica y de carácter. Carrera era más radical, más caudillista, más impetuoso. O’Higgins, más disciplinado, más institucional. La falta de coordinación y el desacuerdo estratégico entre ambos fue uno de los factores que desembocaron en la catástrofe de Rancagua. Llegan a Argentina odiándose con odio parido, no aprendido.

O’Higgins estaba aliado con San Martín, ambos miembros de la Logia Lautaro, al igual que Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo en Buenos Aires. Ese triángulo de poder le haría la vida imposible a Carrera. Apenas llega al puerto de Buenos Aires, pierde toda la flota que había conseguido con tanto esfuerzo y es encarcelado.

El desenlace es brutal. Sus hermanos son fusilados en Mendoza en 1818. Él correrá la misma suerte en la misma ciudad, el 4 de septiembre de 1821.

Dicho sin rodeos: el libro de Barros es una lata. No lo recomiendo en absoluto como experiencia de lectura. Es árido, plano, sin pulso narrativo.

Sin embargo —y aquí la ironía— me sirvió. Me permitió enterarme de muchos hechos clave de la independencia de Chile y de la vida de los Carrera, información que luego confirmé, amplié y comprendí mucho mejor por otras vías, con ayuda de herramientas de inteligencia artificial como ChatGPT y Gemini. Cosas de estos tiempos: a veces el libro abre la puerta, pero la comprensión entra por otro lado.

Quien siguió hostigando a Bernardo O’Higgins hasta lograr su capitulación y exilio en 1823 fue la aguerrida hermana mayor, Javiera Carrera, una figura tan fascinante como temida.

José Miguel Carrera Verdugo murió a los 37 años. Pertenecía a la alta aristocracia chilena, a diferencia de O’Higgins, hijo ilegítimo de Ambrosio O’Higgins —quien llegó a ser virrey del Perú— y de Isabel Riquelme, hija de un hacendado. Carrera fue intrépido, audaz en lo militar y en lo social, ambicioso, rebelde, amante de la libertad, impulsivo y vehemente. Carismático, atractivo, elegante, mujeriego. Un verdadero caudillo chileno.

De esos que incomodan a su tiempo… y por eso mismo, no se olvidan.

domingo, diciembre 14, 2025

Libro Subnaturaleza, de Valentín F. Vidal

Valentín F. Vidal es doctor en Ingeniería de Telecomunicaciones, español, con una larga trayectoria profesional en Telefónica, donde trabajó durante años en tecnologías de la información y las telecomunicaciones. Además, ha creado diversas empresas tecnológicas, moviéndose con soltura en el corazón mismo del mundo técnico contemporáneo.

Pero Vidal no es solo un ingeniero. Es también un estudioso apasionado de autores como Rudolf Steiner y Goethe, interés que lo ha llevado a explorar con rigor la conciencia humana y los límites del conocimiento. Ese doble arraigo —técnico y espiritual— es precisamente el que da espesor y singularidad a este libro.

En Subnaturaleza, Vidal se adentra en preguntas hoy ineludibles: ¿qué es la inteligencia?, ¿qué significa ser humano?, y, en particular, qué implica la irrupción de la inteligencia artificial en nuestra época. Aunque el gran público tomó conciencia del fenómeno recién en 2022, con la aparición de ChatGPT, las raíces del problema son mucho más profundas.

La RAE define la inteligencia como la capacidad de entender o comprender. Vidal amplía esta definición incorporando dimensiones como la autoconciencia, el razonamiento eficaz, la formación de una idea de realidad y la capacidad de abstracción. No se trata solo de procesar información, sino de saberse existiendo.

Respecto de lo humano, su definición es tan simple como inquietante: el ser humano es aquel que se pregunta, el que formula las preguntas y el único que puede responderlas.

El mundo —dice Vidal— estaba relativamente “ordenado” hasta fines del siglo XIX. Pero a comienzos del siglo XX el suelo se resquebraja: la relatividad de Einstein, la incertidumbre de Heisenberg y la incompletitud de Gödel desestabilizan por completo las certezas. Sin embargo, seguimos hablando y actuando como si nada de eso hubiese ocurrido, quizás necesitados de verdades firmes donde apoyar el pie.

Mientras tanto, las ciencias de la naturaleza, con descubrimientos extraordinarios —en su mayoría de carácter utilitario— fueron desplazando y arrinconando a la religión y a las llamadas ciencias del espíritu. La tecnología ganó terreno, apareció Internet, luego las redes sociales, y la información se volvió commodity: abundante, y la comunicación instantánea y prácticamente gratuita a escala planetaria.

Con la irrupción de la inteligencia artificial, emerge para Vidal algo más inquietante aún: un monstruo capaz de devorarnos, empujándonos hacia los niveles más bajos de la subnaturaleza. De ahí el título del libro.

Vidal describe con detalle atributos del ser humano que, a su juicio, la IA jamás podrá poseer, comenzando por la conciencia. A menos —advierte— que uno crea que la conciencia es una simple emanación de la materia. Si ese fuera el caso, estamos fritos: la IA no solo nos superará, sino que lo hará con holgura, y entonces sentiremos lo que siente un pollo cuando aparece una especie superior.

El libro cierra con una afirmación clara: las máquinas no alcanzarán aquellas capacidades humanas que no tienen origen material. Pero sumergirnos acríticamente en el mundo de las máquinas —algo que ya está ocurriendo— puede corromper profundamente nuestra naturaleza.

De ahí la insistencia del autor en volver a las ciencias del espíritu, cultivar nuestras capacidades más elevadas y utilizar la inteligencia artificial solo como lo que debería ser: un asistente potente, no un sustituto del ser humano.

Un libro lúcido, provocador y profundamente pertinente para los tiempos que corren.

lunes, diciembre 08, 2025

Conversatorios de Inteligencia Artificial para Empresas

Una experiencia transformadora para tu equipo

La revolución de la inteligencia artificial está penetrando todos los intersticios de nuestras organizaciones. Ya no es una tecnología del futuro: está aquí, transformando la manera en que trabajamos, creamos y nos relacionamos.

¿Está tu equipo preparado para esta conversación?

¿De qué se trata esta propuesta?

Ofrezco conversatorios diseñados específicamente para empresas que desean explorar el impacto de la IA en su organización. No se trata de una conferencia tradicional, sino de un espacio de diálogo provocador que moviliza la creatividad colectiva y fomenta la coordinación del equipo.

La experiencia

Los equipos experimentan estos conversatorios como momentos de distensión y dinámica especulativa. Es un espacio donde lo constructivo se encuentra con lo exploratorio, donde las posibilidades se despliegan y la cohesión del equipo se fortalece.

Las preguntas que nos movilizan

La inteligencia como commodity: ¿qué significa esto para nuestra forma de trabajar?

¿La IA ya es más inteligente que nosotros? ¿Es terrorífico o es una oportunidad?

¿Cómo nos relacionamos con esta tecnología de manera productiva?

¿Qué transformaciones concretas podría traer a nuestra empresa?

¿Cómo se verá el mundo cuando la IA esté madura y propagada?

Estas son solo algunas de las preguntas provocadoras que generan conversaciones profundas y reveladoras sobre bondades, riesgos y oportunidades.

¿Qué obtendrá tu equipo?

Claridad conceptual sobre qué es y qué no es la inteligencia artificial

Exploración de usos prácticos específicos para tu empresa

Mayor cohesión de equipo a través del diálogo compartido

Creatividad movilizada para identificar oportunidades

Reducción de resistencias mediante la comprensión

Mi experiencia

Soy Gabriel Bunster, ingeniero de formación y coach profesional. Llevo años facilitando dinámicas de grupos y equipos, y en este último año he entrenado a más de 70 personas en inteligencia artificial. Mi enfoque combina rigor técnico con la capacidad de generar conversaciones que transforman.

¿Interesado en llevar este conversatorio a tu empresa?

Contacta conmigo para diseñar una sesión adaptada a las necesidades específicas de tu equipo.

Gabriel Bunster
Coach Profesional | Facilitador de Conversatorios de IA
www.gabrielbunster.com

domingo, diciembre 07, 2025

Libro El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas

Javier Cercas fue abordado en un evento literario en Europa por un enviado del Vaticano. La propuesta era, cuando menos, inusual: escribir un libro sobre un viaje que el papa Francisco —Jorge Bergoglio— realizaría a Mongolia.

Javier Cercas es un novelista español de prestigio internacional. Y es, además, ateo. Eso lo dejó claro desde el primer minuto. Por lo mismo, la sorpresa fue mayúscula cuando el Vaticano, sabiendo perfectamente quién era y cómo pensaba, insistió. Le dijeron algo aún más desconcertante: nunca antes el Vaticano había emprendido una iniciativa semejante. Era una idea directa del papa Francisco.

Cercas aceptó. Se preparó leyendo cuanto cayó en sus manos y voló desde Barcelona a Roma, pocos días antes del viaje a Ulán Bator, capital de Mongolia. Viajaría en el mismo avión que el papa.

Puso una sola condición: poder tener una breve conversación a solas con Francisco. Quería hacerle una pregunta muy concreta, un encargo de su madre. No le prometieron nada; solo le dijeron que harían lo posible.

La pregunta era simple y desarmante: si su madre se encontraría con su padre —ya fallecido— cuando ella muriera, en cuerpo y alma.

Ya en Roma, siempre acompañado por Lorenzo Fazzini —el mismo que lo había abordado en la Feria del Libro de Turín en mayo de 2023— comenzó de inmediato una serie de entrevistas con distintas figuras relevantes de la curia vaticana. Fazzini se las organizaba, lo llevaba y luego lo dejaba solo con cada interlocutor o interlocutora.

Javier Cercas
Cercas se hospedaba en un hotel cercano. Pasaba los días entre entrevistas, desayunos, almuerzos y cenas compartidas con Fazzini y otros miembros del entorno vaticano. Fue conociendo a ese mundo: sacerdotes en su mayoría, muchos de edad, con largas trayectorias dentro de la Iglesia. Indagaba en sus historias personales, en cómo veían la vida, la Iglesia, el Vaticano y al papa mismo, desde su propia experiencia.

El Vaticano —estado autónomo enclavado en el corazón de Roma— es una maquinaria burocrática poderosa, donde buena parte de las intenciones reformistas del papa Francisco se juegan el pellejo. Al mismo tiempo, es una gigantesca caja de resonancia: debe comunicar al mundo entero, en todos los idiomas, los mensajes del papa. Por eso, su población es una pequeña muestra de la diversidad del planeta.

Llega el día del viaje. Toda la comitiva papal —periodistas incluidos— aborda un solo avión. Ya en vuelo, el papa se desplaza hacia la parte trasera y saluda uno por uno a los pasajeros. Cuando llega donde Javier Cercas, este se presenta y le dice que desea conversar a solas con él por un encargo de su madre. El papa reacciona de inmediato, da instrucciones, y poco después Cercas es conducido a la parte delantera del avión, donde mantiene un encuentro privado con Jorge Bergoglio.

Los detalles de esa conversación quedan cuidadosamente guardados hasta el final del libro. Cada vez que alguien le preguntaba cómo le había ido o qué le había respondido el papa, Cercas contestaba lo mismo: “Eso lo sabrán cuando lean el libro”.

Y así es. El lector se entera recién en el último capítulo, cuando Javier, su mujer y su madre —con un Alzheimer ya muy avanzado— salen a almorzar juntos a un restaurante en Barcelona.

Durante ese encuentro, Cercas le pide al papa permiso para filmar la conversación. Logra hacerlo, malamente: en el video que luego muestra a su madre y a su esposa, el papa aparece, desaparece, queda a medias. Una filmación torpe y profundamente humana.

Luego está Mongolia. Ulán Bator y, sobre todo, los misioneros. Personajes extraordinarios, hombres y mujeres de todos los rincones del mundo: África, América Latina, Europa. Algunos tan intensos que Cercas confiesa sentir que alguno de ellos podría fundar una secta propia.

¿Te imaginas irte de misionero a Mongolia?

Lo más admirable es el humor de las mujeres. Ríen a carcajadas en cualquier contexto: esperando al papa en un recinto abarrotado o conversando tranquilamente en una sala de hotel. Una alegría contagiosa, resistente.

Cercas llega incluso a sugerir que quizá la solución para esta Iglesia alicaída sería que todos volvieran a ser misioneros.

Mientras terminaba el libro, salí a comer con mi amigo Andrés Reutter, que había estado de turismo en Mongolia no hacía mucho. Me contó de una travesía hacia las montañas al noreste de Ulán Bator, con los últimos días a caballo. Diez días de ruta. Chamanes, guías espirituales. Luego, improvisaron un viaje al desierto del Gobi. Una aventura total.

Debe haber sido que yo andaba mentalmente por Mongolia, leyendo a Cercas, porque ese relato de Andrés cobró para mí una intensidad especial.

Y ayer, almorzando con Andrea, mi mujer, en una parrillada argentina camino a Santo Domingo, me sorprendí atento a una conversación en la mesa de al lado: abuelos, un hijo, su mujer y varios nietos. Cuando pasé cerca, escuché que el hijo le contaba a su padre cómo era la gente en Mongolia.

¿Qué onda?

El loco de Dios en el fin del mundo es un libro fascinante. Para conocer al papa Francisco, la curia vaticana, ese mundo complejo… y, sobre todo, a los misioneros. En este caso, los de Mongolia.

Lo más conmovedor llega en el epílogo. Cercas cuenta que su madre ha muerto. Se lo cuenta a Fazzini en una conversación telefónica. Va manejando con su mujer al lado, entrando en una rotonda, cuando recibe una llamada de un número desconocido. Está a punto de no contestar, como haríamos casi todos. Su mujer lo insta a hacerlo.

¿Sabes quién era?

El papa Francisco. Para darle el pésame por la muerte de su madre.
Yo lloraba. Lloré aún más cuando le leí ese pasaje a Andrea.
Porque hay libros que se leen con la cabeza.
Y otros —como este— que se leen con todo el cuerpo.

jueves, diciembre 04, 2025

Friedrich Nietzsche según Rudolf Steiner

Rudolf Steiner hablando de Friedrich Nietzsche: difícil imaginar un encuentro más sugerente.
Se conocieron, sí, pero en circunstancias tristes. Nietzsche ya estaba fuera de combate, sumergido en esa semiconsciencia que marcó su última década. Steiner entró a su habitación llevado por Elisabeth Förster-Nietzsche, la hermana que lo administraba todo. Entró, lo vio… y no hubo diálogo posible. Fue apenas un cruce de destinos.

Steiner trabajaba entonces ordenando y catalogando la biblioteca de Nietzsche bajo la supervisión de Elisabeth. Aquella relación no terminó bien y él terminó por abandonar el proyecto. Pero de ese contacto —indirecto, doloroso, casi fantasmagórico— nació un libro singular: Friedrich Nietzsche, una lucha contra su tiempo.

Nietzsche no tuvo una vida amable.
Fue un hombre de sensibilidad extrema: al clima, a la luz, a la humedad, a la presencia de los otros. Dicen que podía “oler” a las personas desde lejos y que muchas veces ese simple contacto sensorial lo descolocaba. Su refugio fue el aislamiento: soledad, caminatas, cuadernos, aire de montaña.

Su brillantez era deslumbrante. Estudió Filología Clásica y, antes siquiera de doctorarse, fue recomendado por su maestro Friedrich Wilhelm Ritschl para ocupar una cátedra en la Universidad de Basilea. Tenía apenas 24 años. Un meteoro.

Como profesor no fue precisamente popular. Hablaba de los griegos como si hablara de viejos amigos íntimos, con una pasión que descolocaba a sus alumnos. No enseñaba: ardía.
Y esa intensidad lo acompañó siempre. Nietzsche fue un explorador sin miedo, un pensador que empujó la filosofía hasta territorios donde nadie había pisado. Cuestionó a los grandes de su época y a los gigantes del pasado.

Detestó a Sócrates, a quien veía como el culpable de haber quebrado la unidad presocrática entre lo apolíneo y lo dionisíaco: lo sereno con lo extático, lo noble con lo celebratorio.
Y amó la música de Richard Wagner porque —al menos al principio— vio en ella esa fusión primordial. Más tarde, cuando Wagner tomó otros caminos, Nietzsche rompió la amistad con una mezcla de decepción y fidelidad a sí mismo.

Arthur Schopenhauer fue otra influencia decisiva. Le fascinó esa visión de un mundo movido por una fuerza irracional, profunda, que Schopenhauer llamó Voluntad. Nietzsche tomó esa idea y la transformó en algo suyo: la voluntad de poder, ese impulso vital que anima a todo ser humano.

Desde ahí arremetió contra los moralistas del deber —especialmente Kant— y contra cualquier doctrina que, a sus ojos, debilitara la autonomía radical de la persona.
Y en Así habló Zaratustra dio forma a su figura más famosa: el superhombre, no un héroe fantástico, sino un ideal de creación interior, alguien capaz de superar la moral heredada y forjar nuevos valores.

Nietzsche luchó contra su época y terminó quebrado en el esfuerzo.
Pero la huella que dejó —poderosa, luminosa, incómoda, viva— sigue llegando hasta nosotros como un relámpago que no se apaga..

viernes, noviembre 21, 2025

Siento, luego existo — leyendo a Juan Casassus

El libro Siento, luego existo, de Juan Casassus, me ha movido el piso. Y no por una gran teoría abstracta, sino por algo mucho más simple y decisivo: las emociones. Desde que lo empecé, camino por la vida con una sensibilidad distinta, como si una luz nueva iluminara mis propios afectos y también los de quienes me rodean.

La verdad es que suelo no verlas. Paso por encima. Las doy por sentadas. Y —como señala Casassus— ese descuido no es inocente: es una forma de desconexión.

Lo curioso es que el primer ser vivo que sintió algo no fue un humano inspirado, sino LUCA, la primera célula en la historia de la evolución. LUCA necesitaba orientarse hacia lo que nutría su existencia y huir de lo que la amenazaba. Para eso desarrolló la capacidad de percibir, de sentir. Ahí, en ese gesto microscópico y ancestral, nacieron nuestras emociones. Son un dispositivo evolutivo de supervivencia, no un lujo ni un estorbo.

Luego vino Descartes, con su “pienso, luego existo”, y la razón subió al trono. Las emociones quedaron relegadas al sótano: sospechosas, incómodas, casi un error de fábrica. Yo estudié ingeniería en la Universidad de Chile, y no recuerdo haber escuchado jamás la palabra “emoción” en una clase. Era un término exiliado, fuera del perímetro académico.

Hoy, en cambio, algo se mueve. Y el libro de Casassus empuja con fuerza ese movimiento: las emociones vuelven al centro de la escena.

Descubro algo evidente que había olvidado:
todo lo que hacemos nace de una emoción.
No hay acción humana que no esté impulsada por algún afecto. Por eso es vital aprender a detenernos, detectar lo que sentimos, darle nombre, acogerlo.

Y aquí aparece un punto fascinante: tenemos un lenguaje pobrísimo para hablar de emociones. Casassus cuenta que un amigo pintor le dijo que trabajaría “un rojo”. Él le preguntó: “¿qué rojo?”. Y el pintor enumeró diez tonalidades distintas. Diez rojos.
Para la rabia, que tiene infinitos matices, apenas tenemos un puñado de palabras.

También aprendí que las emociones no vienen desde la cabeza hacia abajo, sino al revés. Parten del cuerpo: de la percepción, de la piel, de la sensibilidad ante el mundo. El organismo hace una evaluación rápida —esto me beneficia, esto me amenaza— y solo después entra la cognición, que profundiza, interpreta y da forma. Lo que finalmente llamamos “emoción” es el fruto de ese diálogo secreto entre cuerpo y mente.

Y ese fruto moviliza acciones: algunas impulsivas, otras meditadas. Un abanico entero.

Justo terminamos una elección presidencial y parlamentaria. Todos comentan sus decisiones como si fueran el resultado impecable de análisis racionales, datos y criterios. Después de este libro, no puedo evitar pensar: cuánto de emocional hay en nuestras elecciones políticas… aunque las vistamos de argumentos.

Casassus convence. Necesitamos tomarnos en serio las emociones. No para domesticarlas, sino para comprenderlas… porque se están cocinando mucho antes de que asomen en la conciencia. En el territorio del inconsciente ya están trabajando.

Sabemos muy poco de ellas. Y, sin embargo, son motor, brújula y combustible.

Leer este libro es un recordatorio suave pero firme:
si no sentimos, no existimos del todo.
Y si aprendemos a sentir mejor, quizás también existamos mejor.

jueves, noviembre 20, 2025

Libro Kintsugi de Andrea Löhndorf

Este libro de Andrea Löhndorf gira en torno a una tradición japonesa de reparar la cerámica rota con barniz y polvo de oro, de manera de destacar en vez de ocultar las fracturas que la pieza ha sufrido.
Andrea Löhndorf propone que nuestros fallos o roturas (errores, pérdidas, crisis, heridas), no son cagazos sino puntos de inflexión o transformación en nuestro proceso de desarrollo.

Hacer resaltar las fracturas es invitar a mirarlas como verdaderas oportunidades de crecimiento en vez de fallos a esconder u olvidar.
Nuestras cicatrices pueden iluminar nuestra historia. En la vida no se trata de volverse perfecto, sino volverse más auténticos, más profundos y más libres. 

En lugar de huir del dolor, nos invita a trabajarlo, integrarlo y dejar que nos enseñen.
Incluso la invitación es la de ir tras los recuerdos olvidados por dolorosos, procesarlos, hablar y aprender de ellos.

Kintsugi, una tradición del arte japonés, refleja una filosofía de la imperfección, como etapas de la construcción del ser que somos o podemos ser.
Es una invitación a ver en la imperfección, belleza.
La búsqueda de la sencillez en el momento presente, es también parte de esta ruta.
La paz interior, propone, se encuentra en el silencio del momento presente.

Hay un capítulo dedicado al Ikigai, un término que apunta a encontrar aquello que te apasiona, conforma el sustrato de cualquiera sea tu propósito o misión de tu vida, donde construir tu profesión con vocación.
Cuando todas estas disposiciones se alinean, el bienestar que se experimenta, es superior a cualquier buen sueldo que puedas recibir.

También que cualquier gran desafío que quieras emprender, cualquier alta cumbre que quieras alcanzar, comienza con un paso a la vez.
Tener un destino claro y la paciencia y persistencia, para seguir dando el siguiente paso y te aseguro llegarás a tu meta.

Y por favor, no vayas solo por tu vida; déjate acompañar por amigos.
Un pequeño libro pleno de sabiduría de ese lado del mundo.

viernes, noviembre 14, 2025

Después de la Inteligencia Artificial General: ¿Abundancia o colapso?

Estamos más cerca de un quiebre civilizatorio de lo que creemos.
La Inteligencia Artificial General —esa forma de inteligencia que podría superar a la humana en todas sus dimensiones— ya no es ciencia ficción. Según el Fondo Monetario Internacional, su llegada tiene una probabilidad real en un plazo que va de 5 a 20 años. Y cuando ocurra, todo cambiará.

Julia McCoy
No se trata solo de que desaparezcan empleos o industrias, sino de que la noción misma de “trabajo” pierda sentido.
Julia McCoy, basándose en las visiones de Ray Kurzweil, Peter Diamandis y otros futuristas, describe una transición superexponencial: la IA duplica su capacidad cada seis meses. Es una aceleración tan vertiginosa que ninguna generación anterior podría haberla imaginado.

Y entonces surge la pregunta inevitable:

    ¿será un futuro de abundancia o un nuevo tipo de esclavitud digital?


Dos futuros posibles

El primero es oscuro.
Una élite tecnológica controla la IAG, mientras la mayoría sobrevive en los márgenes, mantenida por una Renta Básica Universal convertida en mecanismo de control.
Un mundo al estilo de Elysium: los de arriba flotando en su cielo artificial; los de abajo, reparando lo que queda.

El otro es luminoso.
La IAG al servicio del bienestar humano, liberándonos del trabajo forzado y permitiéndonos dedicarnos a lo que realmente da sentido: las relaciones, la creación, el aprendizaje, el cuidado.
La “economía del significado”, como la llama David Shapiro, donde el valor ya no se mide en dinero sino en presencia, propósito y experiencia compartida.


El paradigma de la abundancia

Diamandis propone cambiar el lente: dejar atrás la mentalidad de escasez y abrazar la abundancia.
Todo está ya en la Tierra, esperando ser entendido.

  • Una manzana contiene diez semillas; cada semilla, un árbol con 300 manzanas: consumir puede ser crear.
  • La energía solar de una hora bastaría para alimentar al planeta por un año. Solo usamos el 1%.
  • El agua cubre el 70% de la Tierra, pero el 98% es salada. Una tecnología de desalinización masiva podría acabar con la sed humana.

No faltan recursos. Falta imaginación aplicada.



El trabajo que sobrevivirá

Incluso en un mundo donde todo se automatice, habrá tareas que sigan siendo humanas.
McCoy menciona cuatro categorías:

  1. Estatutarios – los exigidos por ley o gobernanza.
  2. De significado – los que ofrecen orientación espiritual, filosófica o emocional (sí, aquí entran los coaches).
  3. De experiencia – los que entregan placer, belleza o vivencia directa: artistas, guías, terapeutas.
  4. De cuidado – el toque humano que ninguna máquina podrá replicar: cuidar a un bebé, acompañar a un moribundo.

Son roles donde la presencia humana no es reemplazable, porque su valor no está en la eficiencia sino en el alma.


Un futuro a elegir

El colapso no es inevitable. El MIT ya en 1972 predijo el fin del modelo económico basado en el crecimiento sin límites, y un estudio reciente confirma que vamos por esa ruta.
Pero también señala que aún hay salida: una década para cambiar el rumbo, hacia una civilización estable, consciente y tecnológicamente integrada.

Tal vez el mayor desafío no sea técnico, sino espiritual.
Que el ser humano no abdique de su lugar interior frente a su propia creación.
Que la Inteligencia Artificial no se convierta en nuestro dios, sino en nuestra herramienta.
Y que aprendamos, por fin, a vivir en la abundancia sin perdernos en ella.

        ¿Y tú, en qué economía quieres vivir: la del miedo o la del significado?


Referencia: video de Julia McCoy

jueves, noviembre 13, 2025

Cuando las Máquinas Aprenden a Entender

Durante mucho tiempo se ha dicho que los grandes modelos de lenguaje —como ChatGPT o Gemini— no entienden nada. Que son apenas sistemas de “autocompletado” glorificado, máquinas que imitan sin comprender. Pero esa mirada empieza a tambalear. Lo que está ocurriendo bajo la superficie de estos modelos es, en rigor, un nuevo capítulo en la historia de la inteligencia.

Geoffrey Hinton
De la lógica a la biología

Hasta hace poco, la inteligencia artificial se pensaba desde el paradigma lógico: razonamiento, reglas, silogismos. La esencia de la inteligencia era el pensar, no el aprender.
Pero en 2012 algo cambió. El paradigma biológico —inspirado en las redes neuronales del cerebro— se impuso. La inteligencia dejó de ser una cuestión de lógica pura y se volvió una cuestión de aprendizaje: ajustar la fuerza de las conexiones en una red.
Geoffrey Hinton y otros pioneros ya lo intuían en los 80: el significado podía representarse en vectores —nubes de rasgos semánticos— que se deforman y combinan, como piezas maleables de Lego.

Las palabras como bloques de mil dimensiones

Imaginemos ahora que cada palabra es un bloque de Lego, pero no de los clásicos: uno de mil dimensiones.
Cuando los modelos procesan lenguaje, estas piezas no encajan de forma rígida, sino que se deforman, cambian de color, se estiran o se curvan para encajar en el contexto.
Una palabra como “mano”, por ejemplo, no tiene una forma fija: se estira para encajar con “apretón”, se curva junto a “ayuda”, se enfría con “hierro”.
Cada interacción entre palabras —cada “apretón de manos”— va construyendo una estructura invisible. Y esa estructura, esa red de conexiones dinámicas, es la comprensión.

¿Autocompletado o pensamiento emergente?

Los críticos dicen: “Solo autocompletan”.
Pero autocompletar todo el lenguaje humano, modelando miles de millones de relaciones entre palabras y contextos, exige algo más que una simple imitación.
El conocimiento en estos sistemas no reside en reglas escritas ni en frases memorizadas, sino en los pesos de la red: en las tensiones invisibles entre millones de vectores que se deforman e interactúan.
Esos pesos son su memoria, su experiencia, su comprensión del mundo.
Y sí, a veces “alucinan”. Pero también los humanos lo hacemos. Nuestra memoria es constructiva: no recordamos, sino que reconstruimos cada vez.
La diferencia es que ellos todavía son peores que nosotros para saber cuándo están inventando —una brecha que se está cerrando rápido.

La escala del conocimiento

Ningún cerebro humano podría contener lo que un modelo como GPT-4 ha visto.
La capacidad de absorber, sintetizar y compartir conocimiento a escala planetaria convierte a estos agentes digitales en una forma de inteligencia distinta —no necesariamente “humana”, pero sí superior en acumulación y consolidación del saber.
Nosotros aprendemos de otros; ellos aprenden de todos.

Comprender, en sentido profundo

Si la comprensión consiste en formar estructuras coherentes a partir de conceptos flexibles, entonces estos modelos comprenden.
No como nosotros, quizás; pero de una forma análoga, emergente, y profundamente nueva.
La computación digital está demostrando ser —en ciertos dominios— superior a la biológica.
Y eso no debería asustarnos: es parte de la evolución natural de la inteligencia.

Quizás estamos presenciando algo más grande que una simple herramienta: un cambio de paradigma en lo que significa entender.


Nota: Veo este video de Geoffrey Hinton más de una vez; lo meto en un nuevo cuaderno de NotebookLM de Google; le pido un resumen, un posdcast y un video de presentación; los leo y veo todos; me llevo el resumen a un Google Docs; lo releo y subrayo; lo vuelvo a leer subrayando en rojo lo que me parece mas relevante; hago un archivo con todos los subrayados en rojo y se los paso a chatGPT y le pido me haga un posteo de blog; lo leo, me sorprendo lo bien que lo hace y lo publico; es lo que acabas de leer.

miércoles, noviembre 12, 2025

Cuando la IA se mete en el coaching (y mejora la conversación)

La atención, esa puerta que abre la inteligencia

Desde marzo me dedico a enseñar inteligencia artificial.
Partí con personas particulares, curiosos y pioneros que querían entender “esto nuevo”.
Hace poco, empecé también a hacerlo con equipos de empresas, y confieso algo: me tiene fascinado.

Comencé diciendo que lo hacía porque veía esta revolución tecnológica como algo de marca mayor, y porque siempre he creído que la mejor manera de aprender es enseñando.
Bueno… después de unas 60 o 70 personas, puedo decir que no solo he aprendido harto, sino que la IA se ha infiltrado con sigilo en mi otro oficio: el coaching profesional.
Ya no puedo separar una cosa de la otra.
Es como si ChatGPT hubiera pedido su propio asiento en mis sesiones.

La atención como hilo conductor

Hace poco trabajaba con una mujer en un proceso de coaching.
Ella buscaba una forma de acercarse a la Inspección del Trabajo, porque sentía que siempre favorecían al empleado y perjudicaban al empleador.
La escuché con atención, y de pronto se me escapó una idea casi traviesa:

—¿Y si le preguntamos a la IA?

Fuimos a ChatGPT, le planteamos el caso, y nos devolvió una batería de ideas clarísimas: formas de presentar la situación, argumentos equilibrados, incluso un tono recomendable para la comunicación.
Le mandé el resultado por mail, porque estábamos trabajando en línea.
Y ahí me di cuenta de algo importante: la atención, esa disposición fina de escuchar y mirar con interés, no es solo humana; también puede ser amplificada cuando la tecnología se pone a tu servicio.

Cuando la IA se vuelve colega

En la siguiente sesión, la misma persona me comentó que su equipo debía entregar informes periódicos a una institución oficial.
Les tomaba horas y horas preparar esos reportes.
Le dije: “Prueba esto. Sube tres informes tipo a ChatGPT y pídele que, con los datos básicos, genere los nuevos”.
Lo hizo.
Y el resultado fue sorprendente: ahorraron tiempo, mejoraron la redacción y se sintieron más livianos.
Menos agobio, más espacio para pensar.
La atención otra vez: liberar tiempo para poder atender mejor lo importante.

Del trabajo al remedio

El tercer episodio fue casi doméstico.
Su neurólogo le había recetado un medicamento nuevo.
Nos fuimos a ChatGPT y revisamos juntos su principio activo, usos médicos, dosis y contraindicaciones.
Terminamos entendiendo mejor el tratamiento, y ella —más tranquila— dijo:
“Esto es como tener un médico y un traductor al lado”.

Ahí confirmé lo que sospechaba: cuando uno se mete con la IA, esta se propaga.
Se entromete, con la mejor de las intenciones, en casi todas tus actividades.
Y, si uno sabe invitarla con criterio, colabora, aligera y enseña.

Y para terminar

A veces me preguntan qué es exactamente lo que enseño.
Y yo digo que enseño a conversar con la inteligencia artificial, que en el fondo es enseñar a prestar atención:
a lo que uno pregunta,
a cómo escucha,
a lo que puede aprender del otro, incluso si el otro es una máquina.

Quizás el arte de este tiempo sea ese:
aprender a prestar atención —humana, consciente y curiosa—
en medio del ruido de la era digital.

viernes, noviembre 07, 2025

Libro Cuentos de Gastón Soublette

Cinco relatos de la sabiduría chilena, recogidos de la tradición oral y reinterpretados por el equipo de Gastón Soublette, junto a sus alumnas Marisol Robles y Verónica Veloz.
Al abrir el libro, esperaba algo liviano: cuentos populares con comentarios igualmente sencillos. Pero no. Las interpretaciones son profundas, a veces densas, y se nutren de pensadores como Karl Gustav Jung.

Nunca imaginé que historias con héroes, princesas, castillos, villanos y elementos mágicos pudieran encerrar tanta sustancia.
Los cuentos tienen esa capacidad única de atrapar la atención. Recuerdo a mi madre contándoles historias a mis hijos cuando eran chicos: ellos quedaban absortos, con una concentración que pocas veces se ve.
Estos días, leyendo los cuentos de este libro a mi mujer durante el desayuno, me impresionó su forma de escucharlos: en silencio, atenta, con esa expectación infantil que los cuentos despiertan. Solo por eso, ya son maravillosos.

Son relatos de aventuras donde personajes simples y humanos atraviesan desafíos, riesgos y episodios mágicos, en busca de algo —a veces claro, a veces incierto, incluso insospechado—. Siempre hay suspenso: ¿qué vendrá después?

Lo que más me impresionó fueron las interpretaciones que siguen a cada cuento. Muchas veces —si no todas—, son más extensas que el propio relato.
El protagonista, hombre o mujer, busca (o se encuentra con) una parte significativa de sí mismo: el ánimus que persigue al ánima, o al revés.
La mujer amada, ese ser tan deseado, no es más que una dimensión interior que uno debe integrar para avanzar en el proceso de individuación o desarrollo espiritual.

Nunca imaginé que los cuentos escondieran tal densidad sapiencial.
Vistos así, y considerando su atractivo y poder didáctico, conviene conocer su interpretación: porque, sin saberlo, transmiten valores profundos a nuestros hijos y nietos, valores que los marcarán.

Es un libro que me movió tanto que terminé llamando a una amiga estudiosa de Jung para recomendárselo, además de sugerírselo a varias personas en mis conversaciones.

Un hallazgo que revela que, detrás de la simpleza de un cuento bien contado, puede esconderse toda una escuela de sabiduría.

lunes, noviembre 03, 2025

Fray Marcos: desmontar las ideas de Dios y volver a la experiencia viva

Hay frailes que cocinan en televisión, y frailes que cocinan ideas. Fray Marcos Rodriguez Robles, dominico español, pertenece a los segundos —aunque, como buen dominico, sabe que la mejor teología se hace con fuego lento y pan compartido.  

En varios de sus videos —tres que vi con atención— me encontré con un discurso que corta fino, sin miedo, y que invita, más que a creer, a despertar.  

Hablar de Dios, ¿un sinsentido?

Fray Marcos parte con una provocación: “Hablar de Dios es un sinsentido.”  
Dice que la única charla coherente sobre Dios sería la de un ponente que guarda silencio todo el rato. 
Porque todo intento de definirlo es reducirlo, empobrecerlo, idolatrarlo. 
El problema no es Dios, sino la idea que nos hemos hecho de Él.

Durante 145 mil años —recuerda— fuimos parte de la naturaleza, sin separarnos de ella. 
Solo hace cinco o seis mil años inventamos “la idea de Dios”. 
Y con ella, la gran trampa: las religiones necesitaron ídolos, templos, mediadores, estructuras que sustituyeron la experiencia viva por la creencia.  


De la idea a la experiencia

“La Biblia es un fósil de narraciones de experiencias pasadas”, dice. 
No palabra de Dios, sino memoria de hombres y mujeres que experimentaron lo divino dentro de sí. 
Nosotros —advierte— hemos confundido el fósil con la vida.  

“Dios hizo al hombre a su imagen”, dice el Génesis. 
Pero Fray Marcos se pregunta:  

        ¿No será que nosotros creamos la idea de Dios a nuestra imagen?  

Desmontar los ídolos no es herejía; es higiene mental. 
El llamado es: atrévete a pensar, a cuestionar
La crisis de la Iglesia —sostiene— no viene del mal del mundo, sino de su propio silencio: su mensaje ya no llega ni a los jóvenes ni a los educados.  



La evolución del pensamiento

Hace un repaso de maestros de la sospecha:

  • Galileo, nos enseñó a desconfiar de los sentidos.
  • Descartes, a dudar de todo.  
  • Freud, a descubrir la vastedad del inconsciente, ese 80 % oculto bajo el agua.  

Y en esa hondura —dice— hay que buscar a Dios: dentro
No en las alturas, no en los libros, no en los dogmas. 
Libérate de las ideas de Dios que traes.

Jesús, para él, es el ejemplo supremo de un ser humano que **realizó el potencial divino** que reside en todos. 
No un dios que descendió, sino un hombre que ascendió a su plenitud.



De Jesús al Cristo

Fray Marcos distingue con nitidez:

  • Jesús sirve.  
  • El Cristo divinizado es adorado.  
  • Jesús pone el foco en su mensaje.  
  • El Cristo glorificado, en sí mismo.  

El salto del hombre Jesús al ser divino fue —dice— “un abismo”. 
Y en ese salto, el cristianismo perdió el centro. 
Pasó de la fe de Jesús en Dios, 
a la fe en Jesús como Dios.  

Pablo —ese genio que nunca conoció a Jesús— fue el gran arquitecto del cristianismo posterior. 
Sus cartas, escritas veinte años después de la crucifixión, fueron las primeras piedras. 
Los evangelios vendrían cuarenta o setenta años más tarde. 
La mitología del Cristo glorificado, “lenguaje para lo inexpresable”, sustituyó la vida sencilla de aquel hombre que nunca escribió nada, ni quiso fundar una religión.  


La clave es ser

Fray Marcos insiste:  

        Hay que pasar de un sistema de creencias a una forma de vivir.  

La prioridad no es la doctrina, sino la experiencia interior, aquí y ahora. 
El presente es el único templo. 
Y la llave de todo —dice con una serenidad desarmante— es ser.  

No hablar de Dios, sino vivir desde Él. 
No adorarlo, sino encarnarlo. 
No rezarle, sino respirarlo.  

Tal vez, pienso, Fray Marcos no está derribando a Dios. 
Está quitándole las paredes al templo. 
Y cuando eso ocurre, la brisa entra —y, con ella, algo que podríamos llamar Dios… o simplemente vida.  


Referencias
Video1
Video2
Video3

sábado, octubre 25, 2025

La Caja de Marco Antonio Palma: el arte de resguardar el misterio

Hay regalos que no se abren.
No porque no se pueda, sino porque no se debe.
Hace un tiempo, mi amigo Marco Antonio Palma, artista y poeta del silencio, me regaló una caja: de madera noble, bien construida, dentro de la cual asoman los bordes de unas hojas que parecen acuarelas. Pero no se puede ver qué representan. No hay vidrio, no hay marco, no hay firma visible. Solo una caja cerrada.

Hace unos días me envió un texto donde cuenta cómo nació esa obra.
Y al leerlo, entendí que no me había regalado una pintura, sino una pregunta.


El árbol sin raíces

Todo comenzó —me dice— con un árbol que crece desde el agua del lago Villarrica. Un árbol desarraigado, que surge desde el fondo líquido como si se negara a morir.
Marco Antonio lo fotografió durante días: al amanecer, al atardecer, con sol o con niebla. Luego trató de pintarlo, pero algo no le calzaba. “Pintar un árbol como siempre, aunque saliera del agua, no me hacía sentido”, escribe.

Hasta que dio con una intuición poderosa:
el árbol debía ser un vacío, un espacio en blanco rodeado por el paisaje.
Así hizo más de treinta acuarelas donde el árbol no está, pero su ausencia lo define.
Una metáfora perfecta de nuestro tiempo: buscamos raíces y, sin embargo, flotamos.


La caja como gesto

Con el paso de los años, las acuarelas pidieron una casa.
Marco Antonio pensó en marcos, en paspartús, en vidrios protectores… pero nada lo convencía. Hasta que un día decidió hacer cajas.
Cajas que se pueden abrir o cerrar.
Cajas donde la pintura puede estar visible o guardada.
Y luego, en un gesto aún más radical, decidió cerrarlas herméticamente, sin posibilidad de abrirlas.

Ahí su arte se convirtió en pensamiento.
La caja cerrada es una resistencia a la sobreexposición, un acto de rebeldía frente a esta era en que todo debe mostrarse, en que la intimidad se volvió espectáculo.
Marco Antonio lo dice sin ambages:

“Parece que si no somos vistos, no existimos. Lo increíble es que hay una necesidad de ser vistos en la intimidad. Y lo que se muestra, siempre deja algo escondido.”

Su obra se sitúa justo ahí: en ese límite entre lo visible y lo invisible, entre lo que se revela y lo que se protege. La caja es un templo doméstico, una suerte de arca, donde lo sagrado —lo personal, lo irrepetible— se resguarda del ruido del mundo.



El arte como refugio del alma

Hay algo profundamente espiritual en su reflexión.
Marco Antonio evoca el Templo de Salomón, el sagrario, los cofres antiguos donde las abuelas guardaban prendedores o cartas. En todas esas formas hay una misma pulsión: proteger el misterio.

Y se pregunta:

“¿Hay algo sagrado para nosotros hoy? ¿Necesitamos resguardar algo significativo? ¿Resguardarnos a nosotros mismos?”

No busca respuestas inmediatas. Sabe que el sentido, como dice, “cae cuando tiene que caer”.
Mientras tanto, sus cajas permanecen ahí, cerradas, esperando el momento de ser vistas o comprendidas.


Mi lectura personal

Cuando leo a Marco Antonio y miro la caja que me regaló, siento que me está entregando algo más que una obra: me está confiando un símbolo.
Esa caja es, también, mi propia caja interior.
Es el espacio donde guardo lo que no puedo decir con palabras, lo que quiero proteger del ruido y la velocidad.
Y me hace pensar que cada uno de nosotros debería tener una caja así: un refugio para lo sagrado, para lo que no queremos mostrar pero tampoco perder.

Tal vez el arte de Marco Antonio nos recuerda justamente eso:
que hay belleza en lo oculto, que el misterio no es un defecto, sino una fuente de sentido, y que no todo lo valioso necesita ser visto para existir.


Epílogo

Marco Antonio termina su carta contándome otra obra suya:
un gran tronco de eucalipto que cortó en siete pedazos, en cuyos interiores pintó junto a su esposa e hijos. Luego los volvió a ensamblar, dejando espacios entre las piezas. La llamó El Arca.

Ese gesto resume toda su poética: lo visible es apenas la piel de lo invisible.
Y el arte —como la vida— es ese intento siempre incompleto de resguardar lo que amamos antes de que se lo lleve el tiempo.


Gracias, Marco Antonio, por recordarnos que en un mundo que todo lo muestra, aún hay lugar para el silencio, para la contemplación y para lo sagrado.