miércoles, diciembre 31, 2025

Libro El secreto siempre es el amor de Karoline Mayer

Yo opino que Karoline Mayer es una santa. Tiene una energía, una disposición, una persistencia extraordinarias. Desde Alemania, a temprana edad, quiso ser misionera en China o la India, pero extrañamente su Congregación finalmente la mandó a Chile. Y aquí se quedó para siempre. Hasta la nacionalidad chilena le dieron por decisión unánime del parlamento. La llamó personalmente el presidente del Senado, Andrés Zaldívar, para contarle.

Este libro nos cuenta la historia de Karoline Mayer desde su ciudad natal Eichstätt, en Alemania, donde nació en 1943 (tiene nueve años más que yo). Su padre la apoyó siempre en sus anhelos de ser misionera; su madre no. Su padre murió antes de que ella partiera a Chile. Quedaron allá su madre con sus hermanos.

Sale de Nápoles rumbo a Valparaíso en barco, desde el norte de Italia, en 1968.

Viene con el nombre de Hermana Paulina. Me llama la atención su fuerte conexión con su interioridad, pues rehúsa hacer los votos que la Congregación le exige mientras ella no esté, desde el fondo de su alma, convencida. Y lo estará. Tenía 25 años.

En Santiago se aloja en un convento de monjas del barrio de los ricos, Las Condes, y empieza a estudiar Enfermería Universitaria. Siempre quiso estudiar Medicina.

Pero ella quiere irse a meter con los pobres. Descubre una población en Vital Apoquindo y empieza a dejarse caer ahí, en su tenida de monja. No la pescan mayormente. Le llaman la atención las guatas infladas de los niños, su flacura y las cabezas llenas de piojos. Conversa con las mujeres y se entera de que la gran mayoría de los hombres están sin trabajo.

Eso la moviliza. Ofrece sus servicios voluntarios en algún policlínico y desde allí va con remedios a las casas de los niños directamente.

Las mujeres le dicen que lo que hace falta es hacer un comedor: buscar alimentos, cocinar y dar de comer a los niños. Y así parte. Ubican un lugar medio botado, lo habilitan, ella consigue una olla grande y empiezan a ir a supermercados a pedir la comida que botan por vencida o en mal estado. Y empieza a haber comida para los niños.

Después será la guardería, donde tengan a los niños mientras más madres van a trabajar y así no queden solos, que hasta en incendios terminan las chozas.

Empiezan a aparecer voluntarias: personas de clase alta que consiguen cosas, hacen sus aportes.

Hacen una parroquia multiuso y después serán talleres para que hombres y mujeres sin nada que hacer confeccionen lo que sea.

Y esta joven monja pasa a ser uno de ellos, transformando la miseria en algo más llevadero.

Viene el golpe militar, que la encuentra ya viviendo entre los pobres, lo que tanto había deseado. Vive en una choza más, donde su cama será cama de atención de enfermos que hacen cola afuera.

La gente de las poblaciones suele ser de izquierda, incluso miembros de partidos políticos y células más activas. ¿Pensabas que iban a ser de la UDI o Patria y Libertad?

Bueno, y vienen los allanamientos militares, donde a muchos se los llevan presos.

Y a su casa llegan hombres y mujeres aterrorizados, que saben que los buscan. Y le piden ayuda. Y ella los ayuda. Hasta a la casa del obispo, que es su jefe, los lleva.

Termina ella también presa, interrogada, y con la ayuda de los altos mandos de la iglesia sale pronto.

Pero sigue metida en esta dinámica durante todo el largo periodo de la dictadura de Pinochet. Muy mal lo pasó, lo mismo la gente de los barrios pobres.

A ella no le cuentan cuentos; sabe cómo es la vida de los pobres.

Tiene la necesidad de crear un techo legal para todo lo que hace, pues ya son muchas cosas, hay mucha gente implicada y está recibiendo aportes, incluso de fuentes de Alemania, gracias a sus contactos. Y crea bajo el alero de la iglesia la Fundación Missio.

Mueve una verdadera industria, ya no solo donde comenzó, en Áreas Verdes en Vital Apoquindo. Vienen de otras poblaciones a pedirle ayuda y ayuda a montar allá las mismas estructuras organizativas que ya ha aprendido a llevar.

Se hará conocida y más gente querrá ayudar o conocerla. Si hasta la señora del Dictador la viene a conocer. Lucía Hiriart de Pinochet la visita más de una vez, siempre rodeada de la prensa y la televisión, que filman todo lo que hace y aporta, incluso de manera que se vea más grande de lo que era. No le ayudarán estas fotos sonrientes con la mujer del dictador.

Cuando las elecciones del Sí o el No, de si Pinochet sigue gobernando, en 1988, algunas personas de sus organizaciones empiezan a hacer proselitismo con las personas a las que atendían. Ella se entera y les dice que no tiene ningún problema con que comulguen con la ideología o partido que quieran, pero que mientras trabajen en la Fundación Missio, no lo hagan. Su jefe, el obispo, no está de acuerdo con ella. Están todos muy nerviosos porque no creen que Pinochet vaya a hacer unas elecciones limpias. Y ella se opone tenazmente y termina renunciando.

Aparece aquí una característica central de ella: es una devota de los pobres, incluso comulga con la línea de la Teología de la Liberación. Pensaba que la iglesia no solo debía preocuparse de la parte espiritual de los pobres, sino de las estructuras políticas y económicas.

Finalmente, en 1990, ella crea una nueva Fundación, la Fundación Cristo Vive, en cuyas oficinas le hice la última clase de mi curso de Coaching en IA a su gerente general, Fernando Contardo, quien me regaló este libro, que pasados algunos meses terminé leyendo.

Llamé a Fernando al terminar el libro y le agradecí el regalo. Le dije que había leído el libro en tres días y hasta había llorado con él.

No podemos dejar de leer este libro y conocer a esta increíble mujer. Vale la pena mirar el mundo un rato desde la mirada de ella, en estrecho contacto con los pobres de nuestro querido Chile.

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