domingo, junio 21, 2026

Entrevista a Federico Faggin por Essentia Foundation

El sirviente que se cree rey

Hace algunos meses escribí sobre Federico Faggin y su puente entre materia y espíritu. Volví a sus ideas esta semana, con notas más densas, más filosas. Y algo hizo clic distinto. No quiero repetirme. Quiero ir a un lugar específico: la relación entre el Ego y eso que Faggin llama el SATI.


El Ego no es el jefe

Dice Faggin que el Ego es la porción de nosotros que cree que somos el cuerpo. Solo eso. Una porción.

Y agrega algo que a mí, como coach, me dejó pensando varios días: el Ego es un sirviente del SATI. No al revés.

El SATI eres tú, el que de verdad eres. Una unidad de conciencia que emerge del vacío cuántico, parte del todo, con una perspectiva propia, única, irrepetible. El Ego, en cambio, es el que administra el cuerpo, el que negocia con el mundo material, el que se asusta, el que compara.

En mis sesiones veo esto todo el tiempo. Personas exitosas, capaces, gobernadas por su Ego como si fuera el rey. Y el verdadero rey, el SATI, esperando en la antesala, mandando señales que llamamos intuición y que casi nadie escucha.

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a tu intuición antes que a tu Ego?


Somos holográficos

Otra idea que no me suelta: cada célula de tu cuerpo contiene la información de todo tu cuerpo. Y el campo cuántico que somos, dice Faggin, funciona igual. Contiene el todo.

No estás separado del resto. Esa línea que separa el rojo del naranjo no existe en la realidad, existe en tu percepción.

La física cuántica lleva décadas diciéndonos que nada está separado, que todo está entrelazado. Y seguimos viviendo como si cada uno fuera una isla compitiendo con las demás islas por los mismos recursos.


El libre albedrío que colapsa el mundo

Esto es lo que más me voló la cabeza. Una partícula no está en un lugar fijo, está en una nube de posibilidades. Y cuando colapsa en un punto específico, esa decisión no es azar.

Es libre albedrío. El libre albedrío del campo al que pertenece.

Si esto es cierto, hasta un átomo decide algo. ¿Te imaginas lo que significa eso para nosotros, que somos campos infinitamente más complejos que un átomo de hidrógeno?

Significa que tu vida no es la suma de lo que te pasó. Es, en gran parte, lo que decidiste que colapsara desde el campo de posibilidades. Yo soy responsable de mi vida. No como frase de cartel de oficina. Como descripción literal de cómo funciona la realidad.


El mal no existe, ontológicamente hablando

Faggin lo dice así: el mal es falta de bien, como la oscuridad es falta de luz. No hay un interruptor del mal que alguien enciende. Hay ausencia.

No existe el ser malo. Existe el ser que perdió contacto con su SATI y dejó que su Ego, asustado, gobernara solo.

Pienso en esto cada vez que un cliente me describe, con vergüenza, alguna decisión que tomó desde el miedo. No eran malos. Estaban a oscuras.


Por qué la inteligencia artificial nunca podrá ser inteligente

Esta es la idea que más debería inquietarnos a todos los que usamos IA todos los días, yo incluido.

La IA opera con símbolos. Nosotros operamos con significados. Los símbolos son apenas el gatillo del significado, no el significado mismo. El significado del amor no es replicable. No es copy-pasteable. Todo lo que hay dentro de una máquina de IA, sí lo es.

Por eso el término "inteligencia artificial" es, para Faggin, un error craso.

Y viene la advertencia que más me importa: la IA puede hacer más inteligentes a algunos y más idiotas a otros. Los que no distinguen qué les aporta la máquina y qué ponen ellos mismos, están fritos.

Yo paso mis días enseñando IA a ejecutivos y profesionales. Y esta es exactamente la línea que trazo en cada taller: la herramienta amplifica, no sustituye. El que no sabe quién es, la IA se lo come.


De la competencia a la colaboración

Si de verdad somos un campo que contiene el todo, parte de un ONE que se quiere conocer a sí mismo a través de cada uno de nosotros, entonces compito contra ti, en el fondo, es como competir contra mi propia mano.

Pierde sentido. Lo que adquiere sentido es la colaboración.

Imagínate una economía, una empresa, una familia, construida desde esa comprensión. No desde la escasez y el más apto sobrevive, sino desde la certeza de que el otro es, literalmente, otra perspectiva del mismo todo que tú eres.

Darwin nos dejó la mente obnubilada con esto. Y quizás ya es momento de soltarlo.


La pregunta que me queda

No necesitamos drogas ni retiros exóticos para vivir esta experiencia, dice Faggin. Solo necesitamos querer tenerla.

Yo la quiero tener. ¿Y tú, qué parte de ti gobierna hoy: tu SATI o tu Ego?


Referencia: la entrevista a Federico Faggin

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Los comentarios de este blog son moderados; eso significa que antes de ser publicados, serán vistos y aprobados por el autor de los posteos (anda mucho bandido por las redes).
Disculpa las molestias