jueves, junio 04, 2026

Libro Serenidad (Gelassenheit) de Wilhelm Schmid

La serenidad no se encuentra. Se construye.

Hay una palabra alemana que me ha estado rondando estos días: *Gelassenheit*.

No tiene traducción exacta al español. Algo así como soltar, dejar ir, dejarse llevar sin perder el centro. Wilhelm Schmid la usa como título de su libro —traducido como Serenidad— y propone algo que, a mi edad, resuena con fuerza: que la serenidad no es un estado de calma superficial, ni resignación disfrazada de madurez. Es una forma de sabiduría que se va construyendo, despacio, a lo largo de toda una vida.

¿Y cuál es la diferencia entre resignarse y ser sereno?

Resignarse es rendirse. Es decirle al mundo "haz lo que quieras conmigo" y retirarse hacia adentro. La serenidad, en cambio, es algo más valiente: es aceptar lo que no puede cambiarse, y al mismo tiempo seguir actuando allí donde todavía es posible hacerlo. Schmid lo dice con una claridad que me recuerda a Epicteto: hay cosas que dependen de nosotros, cosas que no dependen, y cosas que dependen parcialmente. La sabiduría —¿y el coaching?— consiste en aprender a distinguir entre ellas.

Me pregunto cuántas personas confunden estas tres categorías a lo largo de su vida.

Hay otro punto del libro que no puedo dejar pasar: la necesidad de desarrollar una amistad con uno mismo. Schmid observa que muchos de nosotros pasamos décadas intentando cumplir expectativas ajenas, construyendo imágenes para el mundo externo, sin dedicar tiempo real a conocernos. Escucharnos. Reconciliarnos con nuestra propia historia.

No es complacencia. Es respeto.

Y luego está el tiempo. El envejecimiento. Schmid propone algo que va contra la corriente cultural: que cada etapa de la vida tiene sus dones particulares. Que los años no solo restan —también dan perspectiva, libertad respecto de las opiniones ajenas, y una capacidad creciente para distinguir lo importante de lo accesorio. A los 74 años, puedo decir que eso es verdad. No siempre fácil. Pero verdad.

¿Qué estás soltando tú en este momento de tu vida?

Porque de eso se trata, en el fondo: de aprender a soltar. Proyectos que no serán. Imágenes de uno mismo que ya no encajan. Expectativas que pertenecían a otra época. Y descubrir —esto es lo que más me sorprende del libro— que muchas veces es precisamente al soltar cuando aparece una nueva libertad.

La conclusión de Schmid no promete inmortalidad ni certezas. Ofrece algo más sencillo y, a mi juicio, más valioso: la posibilidad de reconciliarse con la vida tal como es. Llegar al final pudiendo decir: participé plenamente de esta extraordinaria aventura.

Si después hay algo más, será un regalo.
Y si no, habrá bastado.

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