miércoles, julio 01, 2026

Libro Habitar la longevidad de Bernardo Andrews

En estos días aciagos con la muerte de nuestro gran amigo Jorge Milla, que sale en la foto con el autor del libro que comento, que aun no sale a imprenta; ni tiene tapa.
Bernardo me pasó una copia en pdf intentando él que no metiera a la IA en el baile, cosa que yo rehusé hacer, pues ya se me ha tornado en un asistente, del que no puedo prescindir.

Habitar la longevidad: el territorio que nadie nos enseñó a recorrer

No leí una línea del libro de Bernardo Andrews. Pero siento que sí lo leí.

Se lo dije a él mismo, y se lo repito aquí: pasé Habitando la Longevidad por NotebookLM, generé varios reportes, los vi todos, algunos dos veces. Y después me puse a conversar con el libro, con Bernardo, a través del chat de NotebookLM. Ahí lo llamé.


El guión que se cae

Andrews parte de algo simple y a la vez devastador: la humanidad vive hoy 20 o 30 años más de lo que el guión tradicional contemplaba. Estudio, trabajo, crianza, vejez breve, muerte. Ese guión ya no alcanza. Y cuando se cae, uno queda en la intemperie.

Yo tengo 74 años. Cuatro hijos, ocho nietos. Y confieso que conozco esa intemperie de primera mano: el foco de la atención se desplaza abruptamente del futuro al presente. Las proyecciones se desvanecen. Y ese presente, al principio, no contiene nada. Básicamente aburrimiento.

Ahí empieza el aporte real del libro.


Del hacer al habitar

Andrews distingue entre transitar el tiempo y habitar el tiempo. Habitar es presencia: permanecer realmente en lo que se vive, sin la urgencia de lo siguiente. Es también no-utilidad: leer sin apuro, caminar sin destino, recuperar experiencias que no necesitan justificarse por su rendimiento.

Dejo de ser lo que hago y paso a ser el ser que soy. Un territorio algo desconocido, todavía por conocer.

Esa frase la anoté mientras leía, y no la suelto: habitar el lenguaje es habitar la casa del ser. Qué potente. Porque si habitar el lenguaje es habitar la casa del ser, entonces cada conversación que tengo, en esta etapa, es una forma de construir dónde vivo.


El cuerpo como forma de comparecer

Otra idea que se me quedó pegada: el cuerpo no es un envase, es la forma en que comparecemos ante otros. No hay guión externo que te diga cómo estar presente a los 74. Uno tiene que diseñarlo.

Y ahí Andrews propone una tríada que me parece exacta: aceptación (no resignación, sino reconocer que el mundo se abre de otra manera), gratitud (por lo irrepetible de cada momento) y esperanza (la convicción de que algo valioso todavía puede emerger, y que puedo contribuir al florecimiento de otros).


Nadie habita bien el tiempo completamente solo

Esta frase de Andrews conecta directo con algo que vengo sosteniendo hace años en mi propio trabajo: la conversación no es intercambio de información ni defensa de opiniones. Es el espacio donde aparece algo inesperado.

El aprendizaje, dice él, es una forma de estar en el mundo, no una etapa juvenil. Y aprender exige una disposición: dejarse transformar. Con humildad para aceptar la ignorancia, con riesgo para equivocarse.

Una vida puede envejecer antes que el cuerpo, si pierde la apertura a lo inesperado.


Exploradores de un territorio virgen

Andrews cierra con una imagen que me parece justa: la actual generación de personas mayores actúa como exploradora de un territorio virgen. No hay mapa. Cada uno lo va trazando.

Y ahí quiero volver a algo que le escribí a Bernardo: disfruté especialmente la dimensión personal que puso en el libro. Cuando llegó a Santiago y fue el taxista quien lo llevó a la Escuela de Ingeniería de la Chile, donde terminó estudiando. O cuando en México intentó modificar el ADN de la Stevia que producía. Esos detalles le dan cuerpo a la tesis. No es solo filosofía de la longevidad: es un ingeniero, como yo, tratando de entender qué hacer con las décadas que le sobraron al guión.


La pregunta que me queda

Al habitar el presente, dice Andrews, las cosas recuperan profundidad. Podemos reconectar con partes de nosotros olvidadas. Cambia incluso cómo conversamos: mejora la escucha, la acogida, atendemos mejor a nuestros propios sentires.

Yo le agradecí a Bernardo por abrir ese territorio en la conversación pública. Un tremendo aporte, a mi parecer.


¿Y tú? Si ya cruzaste ese umbral donde el guión tradicional deja de sostenerte, ¿qué has encontrado del otro lado: aburrimiento, o algo que todavía no tenía nombre?


4 comentarios:

  1. Anónimo12:05 a.m.

    Guion en la Vejez, símbolo e información.
    El guion de la vejez, no es independiente del guion de juventud y del guion de adulto. Podrás construir tu guion de vejez, inexorablemente influido por tus guiones anteriores. Si los guiones que te sostuvieron se fundamentaron en externalidades ( o mera información, símbolos, como indica Faggin), muy probablemente ahí quedarás enredado, sufriendo las consecuencias. Con el agravante que de “viejo setentón” cada vez será más difícil arrancar hacia afuera; digamos a la diversión fácil, al gimnasio, a las amistades funcionales, etc.
    Quienes se han entrenado en crear “sentido”, es decir, con guiones internos, sufrirán menos.
    Lo queramos o no, la consciencia que somos, comienza a volver y vuelve SOLA. La soledad con sentido es llevadera, la soledad con información es cada vez más insoportable, ¿porque? Porque el cuerpo no te acompaña para vivir desde afuera, en base a externalidades, por ejemplo, llenar tu ego con el símbolo de un Mustang convertible con una rubia despampanante, claramente no tenemos cuerpo para esto. No, los setentones, más nos vale aprender rápido a construir sentido. Lo dramático es que si no lo hacemos, los últimos años serán tortuosos, tanto así, que algunos prefieren no saber y enferman de demencia.
    Se me ocurre una pregunta que podría colaborar en esta etapa, ¿que rol juega tu pareja (si la tienes) en la creación de sentidos a estas alturas? Los hijos ya tienen sus propias vidas y vas quedando solo con la Sra. ¿Se han preparado para la vejez entre dos? O será ¿sálvense como puedan?
    Algunos que conozco están amenazados con un asilo, …., que locura, pobre de nosotros los que no hemos aprendido a vivir con sentido.

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  2. Anónimo8:49 a.m.

    Muy buen reflexión, ne calza e udentifica. Sumaria que he encontrado libertad

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  3. Norma Parrao3:58 p.m.

    Hola Gabriel, cuéntanos cuando estará disponible el libro, se ve muy interesante

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  4. Anónimo12:52 p.m.

    Aunque el libro en este momento no sale , encuentro muy interesante lo que aporta este señor con respecto a la longevidad, por qué tengo 82 años ad portas de los 83 , sigo leyendo, harto ejercicio, estudiando y trabajando un poco, pero disfrutando de la vida con varios grupos de amigas.

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