domingo, agosto 09, 2026

El mundo convertido en estacionamiento

 La película costó 4.500 pesos. El estacionamiento, 7.100.

Me quedé mirando la boleta un buen rato. El protagonista más caro de la función no fue ningún actor: fue el auto, inmóvil, durante dos horas, en un cajón de cemento.

Y ahí empecé a tirar del hilo.

Hace poco quise subir un cerro que he caminado durante cincuenta años. Cincuenta años sin pedir permiso, sin que nadie me exigiera nada en la entrada. Esta vez había alguien con una caja registradora al pie del sendero. Puede que el cobro sea legal. Puede que financie senderos o prevenga incendios. Pero algo en mí se resistió a pagar por caminar por la montaña que siempre fue de todos.

No es el dinero lo que me irrita. Es su apetito sin fondo.


De la economía de mercado a la sociedad de mercado

Una cosa es tener una economía de mercado: una herramienta extraordinaria para producir e intercambiar. Otra muy distinta es vivir en una sociedad de mercado, donde todo —absolutamente todo— se evalúa por su capacidad de generar una transacción.

Cuando eso ocurre, el paciente se convierte en cliente. El alumno, en consumidor. El hincha, en audiencia monetizable. El caminante, en usuario. Y la atención humana —esa cosa antigua y gratuita— se convierte en un costo que hay que eliminar.

El fútbol ya no es un partido: es transmisión, apuestas, camisetas, reventa y estacionamiento VIP. La FIFA llegó a vender el "derecho a comprar" entradas al Mundial: se paga por adquirir el derecho a volver a pagar. Barroco, ¿no?


La economía del peaje

El estacionamiento del mall no crea un bien nuevo. No produce nada. Simplemente controla un acceso inevitable y cobra por atravesarlo.

Eso es lo que yo llamaría una economía de peajes: se ocupa un espacio necesario, se reduce al mínimo la atención humana, se automatiza el cobro, y el cliente no tiene alternativa práctica. El ingreso entra solo, casi por inercia. No se gana produciendo más. Se gana estando parado frente a una puerta por la que todos deben pasar.

Y esa lógica del peaje se ha filtrado en todas partes. En la ruta, cada pocos kilómetros. En el cerro, a la entrada del sendero. En la vida entera, si uno mira con cuidado.


El cercamiento de lo común

Durante siglos existió algo llamado "los bienes comunes": bosques, senderos, aguas que una comunidad usaba sin que nadie fuera dueño exclusivo. De a poco, esos espacios se cercan, se delimitan, se explotan.

Yo caminé ese cerro toda mi vida adulta como parte de un mundo compartido. Ahora hay alguien en la entrada que invoca una propiedad y coloca una caja registradora entre la gente y la montaña.

¿En qué momento el simple acto de caminar por la naturaleza pasó a ser un producto?


Cuando lo esencial se vuelve industria

En salud, educación y vivienda el asunto es más grave todavía, porque uno no puede simplemente decidir no consumir. Nadie elige enfermarse. Ninguna familia puede prescindir de educar a sus hijos. Y al final, hasta morir genera una factura.

Chile está entre los países de la OCDE donde los hogares destinan una mayor proporción de su gasto directo a salud: más del 5% del consumo familiar, frente a un promedio de 3,2% en la organización.

Hay razones reales detrás de esto: la medicina es más compleja, vivimos más años, la educación exige personas calificadas. Pero cuando a esos costos reales se suman sistemas opacos, intermediarios, comisiones y mercados concentrados, la familia termina sola frente a riesgos que antes se repartían socialmente.


El nombre más amplio: financiarizar la vida

Ya no basta con que una empresa preste un buen servicio y gane una utilidad razonable. Tiene que aumentar márgenes, capturar al cliente, cobrar suscripciones, explotar datos, encontrar el próximo espacio de cobro.

La pregunta dejó de ser "¿qué servicio valioso podemos prestar?" y pasó a ser "¿cómo extraemos un poco más de dinero de cada interacción?".

Ahí nace mi malestar. Y sospecho que el tuyo también, si has llegado hasta aquí leyendo.


Lo que hemos perdido

Creo que hemos perdido, en buena medida, la idea de lo suficiente. La noción de que una ganancia puede ser legítima sin tener que crecer para siempre.

También hemos debilitado la frontera entre precio y valor. El precio dice cuánto cuesta algo. El valor dice qué significa para nosotros. Una montaña, un partido de fútbol con un nieto, la educación de un hijo, la despedida de alguien querido: tienen valor, pero no deberían quedar reducidos a su precio.


Una idea antigua que todavía respira

Hay un cuento chino, de hace unos 2.400 años, sobre un árbol enorme y torcido que ningún carpintero quería talar, porque su madera no servía para nada útil. Y precisamente por ser "inútil" para el mercado, ese árbol vivía siglos, daba sombra, era lugar de encuentro.

Su inutilidad era lo que lo hacía grande. El día en que se vuelve útil para la industria, lo talan.

Yo soy ese árbol cuando subo el cerro sin propósito comercial, sin ticket, sin transacción. Ese caminar sin más objetivo que caminar es el acto "inútil" que me mantiene vivo de una manera que ningún precio puede capturar. Y lo que me indigna es que alguien haya decidido que mi inutilidad sagrada ahora tiene tarifa.

El Tao Te King dice algo que nombra exactamente este malestar: cuando una comunidad pierde el sentido de lo común, inventa reglas, contratos, seguros, peajes. Y esas reglas, que parecen orden, son en realidad la señal de que algo esencial ya se rompió. El peaje no es la causa de la locura. Es el síntoma. Es la costra sobre la herida.


No todo está cercado todavía

No quiero que esto se lea como un lamento sin salida. Todavía hay cosas que no se pueden comprar: una conversación larga con un amigo, el silencio de una mañana, la luz sobre un cerro, el abrazo de un nieto que no tiene idea de cuánto cuesta el estacionamiento.

Eso sigue ahí. Todavía no lo han concesionado.

Y quizás ahí está la única forma de resistencia que de verdad tengo a mano, a los 73 años y con ocho nietos que me recuerdan todos los días lo que no tiene precio: seguir subiendo ese cerro. Buscar el que todavía no tiene barrera. Llevar a un nieto a un lugar donde nadie le pida un ticket. No es evasión. Es decir, con los pies: esta hora no es mercancía.

No se trata de declarar la guerra al mercado. Yo mismo fui empresario y sé que una empresa puede crear enorme valor. Se trata de otra pregunta, más incómoda:

¿Qué cosas queremos comprar y vender, y qué cosas deberíamos proteger de esa lógica?

¿Y tú? ¿Cuál es tu cerro, tu espacio todavía sin barrera, el que te niegas a dejar que le pongan precio?



10 comentarios:

  1. Anónimo8:20 a.m.

    Muy buena tu reflexión, estoy de acuerdo, poco a poco, se le a puesto precio a todo. Es la forma de distribuir lo escaso, pero hay muchas cosas, no escasas, como el cerro que mencionas, pero que igual lo cobran.

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  2. Anónimo9:47 a.m.

    Hola Gabriel,

    Me encantó tu pieza sobre los peajes por todo.

    En mi país natal (Reino Unido) existen organizaciones locales Open Spaces o Footpath Society, que se relacionan con este tema y que operan para defender Public Right of Way.

    Cuando encuentran un particular que bloquea un acceso de un sendero que esta identificado en un mapa por antiguo que sea, abren paso y lo defienden ante autoridades locales.

    Patrimonio cívico - a defenderlo!

    Saludos,
    Philip D. Somervell

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  3. Anónimo12:19 p.m.

    Comparto plenamente lo que expones. ¡A resistirnos!

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  4. Anónimo1:28 p.m.

    Empatizo con lo que sientes, pero vivimos en una ciudad de 7 millones de personas, con un problema cultural enorme y donde lo gratis no se cuida. Puede haber muchos servicios por lo que se paga, un poco de seguridad tal vez. Una persona ahí marca una diferencia para la gente que cree que es un lugar "abandonado" y se puede hacer cualquier cosa. Los $3.000 es puramente simbólico, que no creo pague el sueldo de la persona ahí. Cuéntame, la foto del torniquete en plena montaña es real?

    Veo un error conceptual en el tema del estacionamiento al decir que "no crea un bien nuevo y no produce nada". Claro que si, el estacionamiento es un SERVICIO, que evita el tiempo y esfuerzo de caminar si te estacionas en otra parte, también está protegida del clima y se hacen cargo si te roban. Con tu auto estás ocupando un espacio privado y con un beneficio real, no es correcto decir que "simplemente controla un acceso inevitable y cobra por atravesarlo". Si vas caminando o en Uber no pagas nada, nadie cobra ni controla tu acceso.

    El concepto de mall en otros países es para descongestionar, estan en zonas apartadas, hay enormes estacionamientos y obviamente son gratis, porque quien va hasta allá gasta su dinero en las tiendas. Acá es diferente, los mall están en zonas de alta densidad, pocos estacionamientos y con alternativas de acceso.

    La discusión entre precio y valor es lo que resuelve el mercado con libertad, de eso se trata el sistema económico y no ha podido ser reemplazado por otro mejor.

    De los peajes ni hablar, ahí te encuentro toda la razón, claro que hay un abuso. A partir de una buena idea que permitió a Chile tener una infraestructura envidiable para nuestros vecinos, que trajo bienestar y progreso económico, se creó un sistema de recaudación completamente opaco, corrupto y abusivo. Esa etapa fue el comienzo de muchos males que sufrimos hoy.

    Volviendo al tema, en la ida al cine, pienso que lo barato es el costo de la entrada a ver la película, no necesariamente es caro el estacionamiento. Ahí ocurre otro fenómeno, normalmente los cines obtienen sus utilidades de la venta de alimentos, las típicas cabritas o palomitas y bebidas tienen un margen enorme, ahí está el negocio y para quien asiste es completamente opcional consumir o no ese tipo de cosas. Al no hacerlo cuidas tu salud y ves una película a un precio que no paga lo que recibes, negocio redondo para los que nos gusta el cine!

    Por ultimo, nuestras plazas y calles tienen miles de árboles que tienen valor económico, pero no se talan y así también hay miles de otras cosas que están "protegidas" por el derecho de propiedad, el árbol de la calle no es tuyo, por eso no lo puedes talar. Ahí se responde tu pregunta final.

    Definitivamente no eres tu quien tiene un "valor económico" al caminar, mas bien es el lugar donde hacerlo. Si caminas por la calle nadie te va a cobrar, lo haces en el cerro justamente porque ahí es muy diferente, la pendiente, lugar aislado, contacto con la naturaleza, una hermosa vista de la ciudad, etc. pero lo mas relevante acá es la cercanía a la enorme ciudad. Eso es lo que pagamos. En Chile hay miles de lugares tal vez mucho mas lindos donde caminar, puedes ir a caminar a cualquier playa, con la brisa marina, las olas mojando tus pies y todo gratis, pero llegar hasta allá te va a costar mucho mas caro que pagar una módica entrada al cerro. Igual que el caso del cine, piensa que lo que pagas por caminar en el cerro al lado de Santiago es al final muy barato y te sentirás mucho mejor.

    Sentir "malestar" es una opción, transformarlo en bienestar depende de nosotros y de como vemos el mundo que nos rodea.

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  5. Anónimo2:14 p.m.

    ¿El cerro tiene valor? ¿El terreno por donde pasa la carretera o dónde se construyó el estacionamiento, tiene valor? ¿Ofrecer un servicio de seguridad, de rescate (porque se quedó sin bencina), de cámaras de vigilancia, tiene valor? Si la respuesta es “Si”, hay que pagarlo. Si la respuesta es no es gratuito. El valor puede ser discutible, la calidad del servicio también, las tarifas también son discutibles. Pero si estamos ocupando algo que tiene valor, hay 3 opciones, pagar, recibir de regalo, o usufructuar de un bien si derecho a hacerlo, es decir, robar.
    ¿Donde me estoy equivocando?

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  6. Hola Gabriel, comparto tu mirada. Puedo agregar que en España y varios otros países de Europa están cobrando por entrar en las iglesias, lo que no me parece. Estoy dispuesto a hacer una donación cada vez que entro pero me resisto a pagar una entrada, no es un teatro. Un abrazo

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  7. Anónimo6:43 p.m.

    Me encantó tú reflexión pero lo que mas me gustó es ver los distintos puntos de vista de quienes comentan.

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  8. Anónimo8:16 a.m.

    Excelente reflexión. Las finanzas haciéndose dueña de la economía y esta invadiendo el derecho y la cultura. Con razón seguimos siendo animales y no logramos romper esta tendencia que nos lleva al abismo de la fragmentación social continua y aparentemente, ya casi irreversible: La guerra de todos contra todos. Aprenderemos algún día a trabajar por amor? porque lo fenomenológico es que todos trabajamos para los demas y los demás trabajan para sostenerme.

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  9. Yo creo que hay posiblemente una correlación inversa entre tamaño de comunidad y cantidad de confianza necesaria para que funcione. Cuando desaparece la confianza interpersonal, aparecen contratos, verificaciones, seguros, cámaras, permisos, plataformas y pagos. Ahí el vínculo con la intuición taoísta del final de tu texto se vuelve muchísimo más profundo: no sólo estamos monetizando el espacio; estamos reemplazando relaciones por interfaces... triste pero ese es el costo del "desarrollo" en ciudades aún más grandes como NY o LA te cobran hasta por respirar :P

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