jueves, febrero 19, 2026

La espiritualidad que nos falta

Vivimos el triunfo de la ciencia.
Y hay que decirlo sin ambigüedades: bendito triunfo.

La ciencia desplazó al dogma religioso y abrió la puerta a una explosión de innovación que nos trajo electricidad, antibióticos, internet, inteligencia artificial y esta conversación que ahora mismo estamos teniendo. Nos regaló la modernidad.

Pero la modernidad vino con letra chica.

El progreso material —ese dios silencioso del PIB, la productividad y el consumo— terminó instalando una visión del mundo donde lo real es lo medible, lo útil, lo rentable. Y todo lo demás… parece decorado.

El resultado está a la vista: crisis ecológica, ansiedad colectiva, vínculos frágiles, comunidades disueltas. Mucho desarrollo, poca dirección. Mucho tener, poco sentido.

No perdimos la religión.
Perdimos contacto con nuestra dimensión espiritual.

Y cuando digo espiritual no hablo de incienso ni de escapismo. Hablo del espacio interior donde se asientan los valores, la responsabilidad, el cuidado, el amor. Ese lugar desde donde decidimos qué hacer con el poder que la ciencia nos entregó.

Porque el problema no es la tecnología.
El problema es quién la orienta.

La Iglesia —al menos la institución tradicional— no logró acompañar este salto civilizatorio. Se quedó anclada en estructuras jerárquicas, en formas casi monárquicas, en una cultura marcadamente masculina que no supo reconocer a tiempo la potencia transformadora de la revolución feminista. Una revolución que, guste o no, ha sido uno de los motores morales más potentes de nuestra época.

Mientras el mundo cambiaba, ella defendía su arquitectura.

Y así, muchos nos quedamos huérfanos de comunidad espiritual.

Porque hay algo que no se puede ignorar: la dimensión espiritual es inseparable de la dimensión comunitaria. No se trata solo de experiencias interiores privadas. Necesitamos espacios donde el sentido se comparta, donde el cuidado sea mutuo, donde el amor no sea solo una emoción sino una práctica.

Entonces surge la pregunta incómoda:

¿Necesitamos una nueva religión?

No necesariamente un nuevo dogma.
Pero sí una nueva forma de comunidad espiritual.

Una que honre la ciencia sin idolatrarla.
Que abrace la igualdad sin diluir la profundidad.
Que entienda que la Tierra no es un recurso sino un hogar.
Que integre lo femenino y lo masculino como energías complementarias, no como jerarquías.
Que reconozca que el amor no es debilidad, sino inteligencia relacional.

Quizás no se trate de fundar otra institución, sino de inaugurar otra conciencia.


Una espiritualidad post-materialista
.
Una espiritualidad ecológica.
Una espiritualidad compatible con la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, profundamente humana.

Si la primera modernidad fue científica,
la siguiente tendrá que ser espiritual.

No para retroceder al pasado,
sino para darle dirección al futuro.

Porque si no reavivamos esa dimensión interior donde nacen los valores, la innovación seguirá acelerando… pero sin brújula.

Y una civilización sin brújula, por muy inteligente que sea, termina extraviada.

Tal vez la gran revolución pendiente no sea tecnológica.

Sea espiritual.

Y tal vez —solo tal vez— ya esté comenzando en conversaciones pequeñas, honestas, incómodas… como esta.

jueves, febrero 12, 2026

Libro "La invención de Shakespeare" de Christian Torres Roje

Christian Torres, filósofo y pedagogo chileno, dedicó 15 años a investigar la intrigante relación entre William Shakespeare y Christopher Marlowe. Su trabajo lo llevó a diversas localidades, incluyendo Stratford-upon-Avon, el supuesto lugar de nacimiento de Shakespeare en Inglaterra.

Para entender esta historia, debemos remontarnos al reinado de Isabel I, quien gobernó Inglaterra e Irlanda durante 45 años (1558-1603). Hija de Enrique VIII y Ana Bolena, restableció el protestantismo en Inglaterra evitando una guerra civil. En 1588, cuando España bajo Felipe II lanzó su "invencible armada" contra Inglaterra, una gran tormenta hizo zozobrar la flota española, consolidando así el poder de Isabel I. Las guerras de aquella época eran fundamentalmente religiosas: la España católica contra la Inglaterra protestante.

La estabilidad política posterior a esta victoria permitió que floreciera la creatividad literaria en Londres. Y es entonces cuando aparece William Shakespeare, considerado el mejor dramaturgo de la historia inglesa. Sin embargo, cuando se intenta estudiar a este hombre, solo encontramos a una persona con ese nombre nacida en Stratford-upon-Avon, a unos 160 km al noreste de Londres. Según Christian Torres, este hombre de Stratford fue simplemente una identidad falsa que utilizó Christopher Marlowe para ocultar su verdadera persona. ¿La razón? Marlowe era un espía anticatólico que trabajaba para la corona inglesa y vivía constantemente amenazado.

Christopher Marlowe fue dramaturgo, poeta y traductor que vivió exactamente en los mismos años que Shakespeare. Estudió Teología en Cambridge, pero terminó declarándose ateo. Fue muy cercano a Giordano Bruno, el filósofo y fraile dominico italiano. Estos genios del lenguaje y la filosofía, inmersos en una época de feroces ataques contra la Iglesia, cuestionaban duramente las escrituras. Incluso aspiraban a crear una nueva religión.

En 1593 se montó una elaborada escena para simular la muerte de Christopher Marlowe a los 29 años. Supuestamente murió en una riña en un salón privado durante una cena con cuatro comensales, por una disputa sobre el pago de la cuenta. Todo estaba meticulosamente preparado: poco antes habían ejecutado a un preso para disponer del cadáver, al que desfiguraron el rostro para hacerlo irreconocible. Lo que valdría serían las declaraciones de los testigos presentes. Hasta la propia reina dio su conformidad a estas declaraciones, estando al tanto de toda la trama.

Marlowe no murió en esa riña, sino que siguió existiendo en la clandestinidad, refugiado en distintos lugares, incluso en el castillo de un importante aristócrata. Es precisamente en este período cuando aparece la mejor producción de Shakespeare. Marlowe era homosexual, pero el príncipe que lo alojaba le pidió que engendrara un hijo con su esposa, pues él era infértil. Entiendo que Marlowe/Shakespeare tuvo dos hijos por esta vía.

Este grupo, liderado por estas dos figuras, creó una Orden donde elaboraban ideas que serían perseguidas hasta la muerte. Bruno murió en la hoguera en Roma en 1600, ejecutado por la Inquisición. Se le acusó de negar la Trinidad, la virginidad de María, la divinidad de Cristo, además de defender un universo infinito donde nuestro sol era una estrella más. Ideas inaceptables entonces (hoy pasarían desapercibidas).

La tesis de este libro es que Shakespeare no existió como el autor que conocemos, sino que fue el seudónimo del genial escritor Christopher Marlowe. Bastante convincente, debo decir. Me ha dejado con ganas de leer las obras de Marlowe/Shakespeare con esta nueva perspectiva.

lunes, febrero 09, 2026

Libro "Cuerpo Kintsugi" de Senka Maric

Claro, no podía ser de otra forma: esta es la historia de una mujer que desarrolla cáncer de mama y relata todos los avatares por los que pasa. Es la historia de su autora, Senka Maric, originaria de Bosnia y Herzegovina.

Senka Maric es una escritora prestigiosa de Bosnia y Herzegovina que eludió la guerra en ese territorio (1991-1997) refugiándose en el Reino Unido.

El libro comienza con la partida de su pareja una mañana, sin decir nada, dejándola sola con sus dos hijos. Su sentimiento después de que él se ha ido es de derrota.

Todo empieza con el dolor de una calcificación en un hombro. Días después aparece una protuberancia en un pecho. Sí, será cáncer. Es operada conservando el seno. Al poco tiempo surgen otros tumores en el otro pecho. Nueva operación: eliminación total de ambos pechos y sustitución por mamas de silicona.

Una de ellas se infecta. Sufre horrores. Habrá otras intervenciones. Todo es sórdido, solitario, íntimo, doliente. Su madre la acompaña, junto a un grupo de amigas que tratan de sacarla de su decaimiento. Sin mucho éxito.

Viene la quimioterapia, larga. Finalmente le extirpan el útero. Tremendo. Tiene un amante, pero ella siente que la mujer que era ya no sabe qué es. Durante las esperas y tiempos de tratamiento, fantasea con su niñez, infancia y adolescencia. Recuerda cómo se fue transformando en una persona, en una mujer.

En este libro te metes en el interior de esta persona y la acompañas. Es duro, muy duro. Pero al final, diría que en los dos o tres últimos capítulos, finalmente surge un cirujano que da con la infección, la extirpa y comienza su período de verdadera sanación.

En el último capítulo sientes que la vida ha vuelto, que puedes ser feliz gozando de las pequeñas cosas de la vida que hacen que valga la pena vivirla.

Y ahí recuerdas el título del libro: Cuerpo Kintsugi. Esta mujer rota, rehecha con el oro del dolor y el sufrimiento, es mucho mejor que la mujer que era.

miércoles, febrero 04, 2026

Cómo la IA ha transformado mi forma de leer

Actualmente leo a Rudolf Steiner, su libro Verdad y Ciencia. Trata sobre el estudio de qué es conocer; no es una lectura fácil. El año pasado me dediqué a aprender sobre inteligencia artificial mientras la enseñaba. Sí, aprendí bastante. Hoy leo de manera muy distinta; eso es lo que vengo a contarte.

Leo en voz alta entre una página y media y dos páginas y media. ChatGPT escucha y graba todo lo que leo. Cuando marco que he terminado, ChatGPT —siguiendo las instrucciones de un GPT que he confeccionado— transcribe automáticamente lo grabado. E inmediatamente comienza a escribir una explicación, perfecta para mí, de lo que acabo de leer en ese tramo. Y lo entiendo todo, perfectamente.

Como siempre hago con este tipo de libros que medio estudio, lo leo dos veces. De la misma forma exacta. Pero en esta segunda lectura tomo notas de las líneas que más me dicen, las que me parecen relevantes, importantes, significativas. Escribo unas seis páginas por ambos lados.

Cuando termino el libro por segunda vez, transcribo el texto manuscrito sacándole fotos a las hojas una por una. Otro GPT las transcribe automáticamente. Acumulo esos textos en un archivo de Google Docs. Debo hacer correcciones; bastantes.

Una vez terminado ese trabajo, tomo todas mis notas y se las paso tanto a ChatGPT como a Claude.ai, pidiéndoles que me escriban un posteo para mi blog www.gabrielbunster.com. Ambas ejecutan la tarea en segundos. Es ahí cuando pienso que la capacidad de la IA es sorprendente. Leo detenidamente ambos textos y selecciono uno; esta vez el de ChatGPT (otras veces ha sido el de Claude), y procedo a publicar.

Luego le pido a ChatGPT, Grok, AI Studio y Gemini que me generen imágenes para ilustrar el texto completo del posteo que les adjunto. Selecciono las fotos que más me gustan y las incrusto en el post. Le pongo una etiqueta al posteo y lo publico en mi blog. Eso es todo.

Pienso que con esta metodología entiendo mejor al autor que leo y produzco un posteo de mayor calidad sobre lo que he seleccionado y comprendido del libro. Y sí, tengo la sensación de que la IA me está haciendo más inteligente.


Pero eso no es todo. En este caso del libro de Steiner, tomé el texto del posteo junto con todas las notas que había producido y las ingresé como fuentes en un nuevo Cuaderno de NotebookLM.

Desde la sección Studio pedí un resumen de audio (podcast), un resumen en video, una infografía, una presentación tipo PowerPoint y un resumen en la sección Informes. La infografía la pegué al final del posteo del libro.

Con todo este material puedo hacer hasta una clase sobre el libro sin problemas. Pero hay algo más: mi nivel de comprensión del libro es superlativo.

lunes, febrero 02, 2026

Libro Verdad y ciencia de Rudolf Steiner

Verdad y Ciencia: cuando conocer es crear mundo

Hay libros que no se leen: te leen.
Verdad y Ciencia es uno de ellos. En estas páginas, Rudolf Steiner no discute detalles; discute el suelo mismo sobre el que caminamos cuando decimos “conocer”.

Y lo hace enfrentándose, sin rodeos, al gran arquitecto de la modernidad: Immanuel Kant.


Contra la “cosa en sí”

Kant postula un límite: hay una realidad última —la cosa en sí— inaccesible al conocimiento humano. Steiner responde con una sonrisa tranquila y una pregunta afilada:
¿y si ese “más allá” no existiera?
¿Y si el mundo no estuviera completo sin el pensar humano?

Para Steiner, no hay un trasfondo incognoscible escondido detrás del telón. El pensar no es un espejo que refleja; es un acto del mundo que ocurre en nosotros. El mundo, sin el pensar humano, queda a medio hacer.


Conocer no es fotografiar: es terminar la obra

Aquí aparece una de las tesis más bellas y más incómodas del libro:

El conocer no copia la realidad: la completa.

No somos espectadores en una platea cósmica. Somos cocreadores. El pensar no acompaña al conocimiento: lo constituye.
El concepto no se agrega desde fuera; emerge cuando el pensar entra en contacto vivo con lo dado.

La verdad, entonces, no cae del cielo. Se genera.
Es una producción del espíritu humano en encuentro con el mundo.


La experiencia: puerta de entrada, no juez supremo

Todo conocimiento comienza como experiencia.
Pero la experiencia —dice Steiner— no es el criterio último de verdad. Es apenas el umbral.

Colores, sonidos, calor… no están “ahí fuera” tal como los vivimos. Son reacciones de nuestra organización. La fisiología lo confirma: entre el estímulo externo y la vivencia consciente no hay parecido alguno.

¿Conclusión?
No percibimos el mundo “tal cual es”, sino como representación.
Y sin embargo —aquí viene el giro— eso no nos encierra en un idealismo estéril. Porque el pensar no inventa la esencia: la hace visible.


Donde nace el error (y donde no)

El error no está en la percepción.
Está en el juicio.

Donde no hay juicio, no hay error. El error surge dentro del acto de conocer, cuando el concepto no logra unirse correctamente con lo dado. La teoría del conocimiento, por eso, no estudia objetos: se estudia a sí misma. Piensa el pensar.


Idealismo objetivo: una síntesis audaz

Steiner no niega el mundo exterior ni lo disuelve en la mente. Propone algo más fino:
la realidad plena aparece cuando lo dado y el concepto se unen.

A eso lo llama idealismo objetivo.
El conocimiento no sustituye la realidad ni la refleja: la culmina.

Las leyes no nacen del pensar solo, ni del mundo solo.
Nacen del encuentro.


El yo, la conciencia y el acto libre

El yo no crea el mundo.
Lo que hace es restaurar la unidad que el mundo ya es, pero que aparece fragmentada en la experiencia inmediata.

Conocer es un acto de libertad. El primero.
Porque comprender una ley como propia —no como imposición externa— es el inicio de la libertad.

La libertad no es ausencia de ley.

Es posesión consciente de la ley.

Así, el proceso del conocer se revela como un camino evolutivo hacia la libertad.


Cuando el yo se disuelve… y el mundo aparece

En la contemplación pensante auténtica ocurre algo extraño y hermoso:
el “yo aquí” y el “objeto allá” se desvanecen.
Queda la estructura inteligible del mundo.

El yo deja de ser límite y se vuelve lugar de revelación.

No hay verdad sin pensamiento.
No hay mundo completo sin conciencia.


Epistemología: el significado de saber

Las ciencias nos dicen qué sabemos.
La teoría del conocimiento nos dice qué significa que sepamos.

Y en ese acto —humano, creativo, libre— se manifiesta, dice Steiner, el núcleo más íntimo del mundo.

Conocer no es un lujo intelectual.
Es una responsabilidad ontológica.

Porque al conocer, el mundo termina de llegar a ser.

sábado, enero 31, 2026

La Nueva Revolución Industrial: Cuando los Humanos Necesitamos Ser Más Humanos

Estamos viviendo un momento histórico comparable a la invención de la imprenta o la llegada de la electricidad. La inteligencia artificial no es simplemente otra herramienta tecnológica más: es el inicio de una nueva revolución industrial que transformará radicalmente cómo trabajamos, aprendemos y nos relacionamos con el conocimiento.


El Fin de las Destrezas Definitivas

Durante décadas, el modelo educativo nos prometió una fórmula simple: estudia una carrera, domina una habilidad específica, y tendrás un futuro laboral asegurado. Ese paradigma ha quedado obsoleto. Ya no podemos estudiar para adquirir una destreza definitiva que nos acompañe toda la vida profesional.

La verdadera carrera del futuro es nuestra capacidad de reinventarnos constantemente. No se trata ya de cuánto sabemos, sino de nuestra disponibilidad para aprender, desaprender y volver a aprender.


Una Revolución en el Lenguaje

Algo extraordinario ha ocurrido: el lenguaje de programación ahora es el lenguaje humano. Por primera vez en la historia de la computación, las máquinas nos entienden cuando hablamos naturalmente. No necesitamos intermediarios para comunicarnos con los computadores. Se acabó la era de depender exclusivamente de especialistas en TI o de dominar complejos lenguajes de programación para que nuestras ideas se materialicen.

Esta democratización del acceso a la tecnología cambia todo. La barrera entre la idea y su ejecución se ha vuelto más delgada que nunca.


Expertos del Dominio, No Programadores

Nuestros hijos no deben aprender a programar como prioridad (aunque puedan hacerlo si les apasiona). Deben convertirse en expertos de un cierto dominio de la realidad: medicina, agricultura, educación, arte, sostenibilidad, cualquier campo donde puedan desarrollar comprensión profunda.

La IA será su copiloto. La inteligencia artificial empoderará al experto, multiplicando su capacidad de impacto. La fórmula es clara: Expertos humanos + IA = super humanos.

Incluso la biología se revela ahora como información que puede ser leída, interpretada y eventualmente modificada con estas nuevas herramientas.


La Universidad Reimaginada

Si las habilidades técnicas específicas tienen fecha de vencimiento cada vez más corta, ¿para qué iremos a la universidad? La respuesta es profunda y esperanzadora: iremos a aprender a pensar, a colaborar en equipos de trabajo complejos, y a comprender sistemas en profundidad.

La educación superior recuperará su propósito original: formar pensadores críticos, solucionadores de problemas complejos, personas capaces de navegar la ambigüedad y liderar en contextos de incertidumbre.


Enamorarse del Problema, No de la Herramienta

Aquí reside quizás la lección más importante: debemos enamorarnos del problema, no de la herramienta. La IA, por poderosa que sea, es solo un medio. Lo que realmente importa es la pregunta fundamental que cada uno de nosotros debe hacerse: ¿De qué problema de la gente me quiero hacer cargo?

Nuestros sueños son un tema medular. No los sueños de riqueza o fama, sino los sueños de impacto, de contribución, de dejar el mundo un poco mejor de como lo encontramos.


La Paradoja: Ser Más Humanos en la Era de las Máquinas

Y aquí llegamos a la hermosa paradoja de nuestro tiempo: precisamente cuando las máquinas se vuelven más inteligentes, los humanos necesitamos ser más humanos.

Necesitamos cultivar aquello que las máquinas no pueden replicar: empatía profunda, creatividad genuina, juicio ético, capacidad de dar y recibir confianza, construcción de sentido, liderazgo inspirador, conexión emocional auténtica.


Human Empowerment: De Eso Se Trata

Al final, toda esta revolución tecnológica tiene un solo propósito legítimo: el empoderamiento humano. No se trata de reemplazar a las personas sino de expandir dramáticamente lo que cada persona puede lograr.

Se trata de liberar a millones de personas de tareas repetitivas para que puedan dedicarse a lo que verdaderamente importa. Se trata de democratizar capacidades que antes estaban reservadas para unos pocos. Se trata de permitir que cada persona, sin importar su origen o recursos, pueda convertir sus ideas en realidad.


La revolución ya comenzó. La pregunta no es si participaremos en ella, sino cómo lo haremos. ¿Seremos espectadores pasivos o protagonistas activos? ¿Nos aferraremos con miedo al pasado o abrazaremos con curiosidad el futuro?

El mundo necesita personas que piensen profundamente, que sientan con intensidad, que se atrevan a soñar en grande y que tengan el coraje de hacerse cargo de los problemas que realmente importan.

Ese es el verdadero llamado de esta nueva era.

viernes, enero 30, 2026

Libro El arte de reunirse de Priya Parker

Priya Parker es facilitadora de dinámicas grupales, escritora, conferencista y pensadora. Nacida en India de padre indio y madre norteamericana, vive en Brooklyn, Nueva York, con su marido e hijo.

Su libro me hizo sacar la lupa y mirar con detención las reuniones, los encuentros humanos. Lo primero que plantea es la pregunta por el propósito: ¿para qué nos reunimos?

Priya Parker
Recién llegué de dos semanas a orillas del lago Riñihue, en el sur de Chile, con mis cuatro hijos, sus parejas y nuestros ocho nietos. Leyendo este libro me pregunté: ¿cuál es el propósito de esta convivencia? La respuesta fue clara: convivir con toda mi familia. Tres de mis hijos viven en Puerto Varas, al igual que siete de mis nietos. Era una ocasión para verlos, profundizar mi conocimiento de cada uno, fortalecer los vínculos afectivos con ellos y con sus parejas. Observarlos conviviendo en sus propios núcleos familiares, conocer sus estilos, conversar.

Establecido el propósito, viene la segunda pregunta: ¿a quiénes invitamos y a quiénes no? El propósito nos dirá con elocuencia a quién sí invitar y a quién no. Luego viene el lugar. El lugar es mágico: puede ayudar muchísimo o puede ser inocuo. Priya Parker habla de límites físicos y visuales que cumplen la función de contener la energía humana que ahí se congregará.

¿Cuándo empieza la reunión? Mucho antes de que todos lleguen al lugar del encuentro. Apenas reciben la invitación, el evento comienza. Las personas se van preparando, enfocando, ajustando su disposición. Hay intervenciones que pueden apoyar este proceso que se inicia con la invitación. El libro incluye casos notables y muy entretenidos.

Una reunión implica muchas cosas: la logística, cómo se organizan las sillas, el decorado, los mails, las invitaciones, los estacionamientos. Pero lo más importante para Priya Parker es la experiencia que tendrán las personas en este encuentro. Y esa experiencia se puede diseñar. 

Hay un capítulo que contrapone las reglas "habituales" de etiqueta con reglas pop-up, diseñadas para la ocasión. El mejor ejemplo que me tocó conocer son los Dîners en Blanc. Ya se producen en muchas grandes ciudades del mundo: cientos de desconocidos (algún filtro deben aplicar, pienso), todos vestidos estrictamente de blanco, traen su mesa y su comida (que también tiene sus reglas). Son una fiesta, un encuentro fantástico.

Muy importantes son los facilitadores de los encuentros. Es fundamental diseñar situaciones y dinámicas que pongan a los invitados en contacto unos con otros, que salgan de la experiencia habiendo conocido a otras personas. Esta parte me hace pensar en las misas católicas, a las que poco asisto, donde en un momento los asistentes son invitados a saludar a sus vecinos deseándoles la paz: un momento que siempre valoré.

Tengo experiencia personal asistiendo periódicamente a grupos y creando grupos desde cero y facilitarlos. Además de ser facilitador permanente de 3xi. Conozco el potencial que los grupos tienen para quienes asisten. Conozco también el valor del facilitador y he experimentado la autoridad que los miembros del grupo te otorgan muy naturalmente por ser un rol necesario, siendo mi estilo el de dejar que las cosas fluyan solas en la medida de lo posible.

Este libro me hizo reflexionar sobre las reuniones y los encuentros de una manera que enriqueció mi mirada de la experiencia que en ellos sucede y de las herramientas adicionales con que se puede contar. Y casos notables, como los *Dîner en Blanc*.