¿Estoy leyendo si no leo las palabras?
El otro día iba a devolver un libro. En el ascensor lo abrí, casi por inercia. Recorrí una página con los ojos y algo me golpeó con extraña claridad: no había leído ni una línea de este libro.
Y sin embargo, lo conocía. Podía hablar de sus ideas, relacionarlas con otros autores, discutir sus argumentos. Había producido un post de blog a partir de él.¿Cómo es posible eso?
Hace un tiempo cambié mi forma de acercarme a los libros. Le saco fotos a las páginas —en lotes de diez— y se las paso a ChatGPT. Le pido que transcriba, que traduzca si es necesario, que me explique el contenido. Leo en alemán de esa manera. O en inglés denso. O en cualquier idioma que se resiste al ritmo que yo le quiero imponer.
Al terminar el libro, le pido un resumen de todas las explicaciones que me fue dando. Después ese resumen llega a Claude, y Claude produce un post en mi estilo. Lo leo. Normalmente me encanta. Publico.
Proceso un libro. Produzco un texto. No he leído ni he escrito nada.
¿Qué estoy haciendo?
Se lo conté a Klaus y la pregunta nos quedó flotando. Él tampoco tenía una respuesta fácil. Porque la pregunta no es trivial.
Durante siglos entendimos la lectura como el acto físico de recorrer palabras con los ojos. La escritura, como el acto físico de producir palabras con la mano. Pero quizás eso nunca fue lo esencial.
Lo esencial, creo, era otra cosa: incorporar ideas, relacionarlas con experiencias previas, generar comprensión, producir significado, comunicarlo a otros.
Si miramos así el asunto, entonces sí estoy leyendo. Y sí estoy escribiendo. Solo que he externalizado parte del proceso.
Antes el recorrido era lineal: Libro → Lectura → Comprensión → Escritura.Ahora es: Libro → IA → Conversación → Comprensión → IA → Texto → Ajustes → Publicación.
La lectura y la escritura no desaparecieron. Se desplazaron.
Pero hay algo que me parece más importante que el desplazamiento en sí.
Yo no consumo pasivamente lo que produce la IA. Hago preguntas. Pido aclaraciones. Relaciono autores. Comparo ideas. Extraigo lo que me parece relevante. Y después evalúo si el texto final representa mi mirada o no.
Eso se parece más al trabajo de un editor o de un director de orquesta que al de un lector convencional.
Cuando abrí ese libro en el ascensor y pensé "no he leído una sola línea", estaba diciendo una verdad. Pero también una falsedad. No había leído las líneas. Pero sí había leído las ideas. No había recorrido las palabras. Pero sí había recorrido el significado.
Me recuerda algo que ocurrió con la escritura misma.
Durante miles de años la memoria era oral. Entonces apareció la escritura. Muchos pensaron que las personas dejarían de recordar. Y tenían razón en un sentido: dejamos de memorizar poemas completos, genealogías, leyes. Pero apareció una capacidad nueva. Después ocurrió algo parecido con la imprenta. Luego con las calculadoras. Y ahora con la inteligencia artificial.
Cada vez externalizamos una capacidad. Y desarrollamos otra.
Creo que lo que estoy haciendo tiene un nombre que todavía no existe del todo.
No es lectura en el sentido clásico. No es escritura en el sentido clásico. Es algo parecido a conversar con los libros. Porque eso es exactamente lo que hago: no leo a Schmid o a Heidegger como un estudiante frente a una página. Los interrogo. La IA se transforma en un mediador entre el autor y yo.
Y aquí aparece la pregunta que más me ronda:
Si entiendo el libro, puedo discutir sus ideas, puedo relacionarlas con otros autores, puedo explicar su contenido a otra persona y puedo producir un texto original a partir de él… ¿importa tanto que no haya leído físicamente las palabras?
Hace cien años la respuesta habría sido sí, sin dudar. Hoy ya no estoy tan seguro. Y creo que dentro de veinte años la respuesta será todavía menos evidente.
Tal vez no esté dejando de leer y escribir.
Tal vez esté inaugurando una nueva forma de hacerlo. Una forma en que la energía humana deja de dedicarse a decodificar símbolos y se concentra en algo más valioso: comprender, relacionar, crear y dar sentido.
Y eso, curiosamente, conecta con algo que vengo pensando sobre la inteligencia artificial en general: la IA no reemplaza lo humano. Desplaza parte del trabajo mecánico para que podamos concentrarnos más en aquello que solo nosotros podemos hacer.
Lo que estoy haciendo con los libros puede ser una de las primeras manifestaciones cotidianas de esa transformación.
¿Y tú? ¿Seguirías llamando a esto leer?















