Un joven con una idea y 50 dólares prestados
Phil Knight es un norteamericano del estado de Oregon, justo al norte de California. Estudió periodismo en la Universidad de Oregon, donde practicaba mucho atletismo bajo la dirección de su entrenador —y más tarde socio— Bill Bowerman. Después hizo un MBA en Stanford, donde desarrolló, como trabajo de curso, la idea de un emprendimiento: importar zapatillas deportivas desde Japón.
¿Cuántas grandes empresas no nacieron así, como un ejercicio académico que alguien decidió tomarse en serio?Le pidió un préstamo de 50 dólares a su padre y partió con un amigo a dar la vuelta al mundo, con la excusa de pasar por Japón y ofrecerse como representante de las zapatillas Tiger de Onitsuka Co. Les dijo a los japoneses que era representante de la firma Blue Ribbon Sports, que en ese momento no existía. Lo logró, y al volver a Estados Unidos comenzó su emprendimiento.
Un viaje que terminó solo
Ese viaje no lo inició solo Phil Knight, sino con su amigo de Stanford, Carter. Hicieron una parada en Hawái, donde se quedaron trabajando un tiempo. Ahí Carter conoció a una mujer de la que quedó prendado y decidió no continuar. Phil llegó a Japón solo y siguió solo el resto de la vuelta al mundo: Hong Kong, Filipinas, Tailandia, Vietnam, India, Nepal, Kenia, Egipto, Israel, Turquía, Italia, Francia, Alemania, Austria, Grecia e Inglaterra.
Fue en Grecia, visitando la Acrópolis, donde vio el templo de Atenea Niké, la diosa griega de la victoria. ¿Sabría entonces que ese nombre terminaría definiendo el resto de su vida?
Blue Ribbon Sports y los primeros pasos
En 1964, Phil y Bill Bowerman crean la sociedad Blue Ribbon Sports, con un aporte de aproximadamente 500 dólares cada uno. El primer pedido fue de 300 pares de zapatillas Tiger. Phil vendía personalmente, yendo a las competencias de atletismo en su auto, con las zapatillas en el maletero.
El primer empleado fue Jeff Johnson, otro atleta que había conocido en Stanford. Vendía igual que él, en los eventos deportivos, y fue quien años más tarde propuso el nombre Nike para la empresa —un nombre que había soñado—. Otra contratación relevante fue Bob Woodell, atleta entrenado también por Bowerman, que más tarde sería el primer COO de la compañía. Las primeras contrataciones fueron todas así: atletas y corredores que entendían el deporte porque lo vivían.
La empresa que crecía más rápido de lo que el banco toleraba
Un aspecto notable del desarrollo de la empresa de Phil Knight son sus frecuentes problemas con el banco, producto de un crecimiento rápido y de una falta de capital de trabajo adecuado. El banco veía poco patrimonio, poca caja y deuda creciente.
En 1971, el First National Bank of Oregon le cortó el financiamiento para las cartas de crédito que necesitaba para importar desde Japón. Knight salió a buscar un nuevo banco y lo encontró en el Bank of California. Fue por esa época que apareció una trading company japonesa, Nissho Iwai, que entendió el problema de Blue Ribbon y se convirtió en un pulmón financiero clave.En 1975 debieron pagar una deuda importante con Nissho, para lo cual vaciaron las cajas de todos sus locales y empezaron a tener rebotes de cheques. El Bank of California les cortó el financiamiento y llamó al FBI por sospecha de estafa.
¿Cuánta innovación real nace justo en ese borde, entre la audacia y el desastre?
El nacimiento de una marca propia
La presión de los pedidos crecientes a Onitsuka fue deteriorando la relación. Phil entendió que no podían seguir dependiendo de un solo proveedor extranjero y decidieron fabricar sus propias zapatillas, bajo su propia marca.
Fue la diseñadora Carolyn Davidson, a quien había conocido en la universidad, quien diseñó el logo de Nike, el ya célebre "swoosh". Le pagó por ese trabajo 35 dólares. Corría el año 1972. Poco después, Phil Knight rompió con Onitsuka y se lanzó de lleno con su propia marca y su propia producción. En esa innovación, el aporte de Bill Bowerman como socio fue fundamental.
De 50 dólares a 32.000 millones
Cuando Phil Knight publicó este libro, en 2016, Nike tenía más de 50.000 empleados y había pasado de 30.000 a 32.000 millones de dólares en ventas anuales, con contratos de fabricación en más de 140 fábricas repartidas en 15 países.
Hoy entiendo que Nike está pasando por serios aprietos, llevando adelante medidas de ajuste estratégico, con ventas anuales por sobre los 46.000 millones de dólares y una planilla de 73.000 empleados a nivel global.
¿Será que toda gran historia empresarial está condenada a repetir, tarde o temprano, la misma tensión entre crecer y sobrevivir con la que empezó?

















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