El país que no vimos venir
El estallido social que ocurrió en Chile el 18 de octubre de 2019 (18-O) fue un evento inesperado, violento, de amplio espectro, que nos remeció a todos.
No lo esperábamos, está claro. El presidente llegó a decir que estábamos siendo atacados por poderes externos, en aquella frase que ya quedó en la memoria colectiva: "estamos en guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie". El desconcierto era total, desde abajo hasta el más alto nivel.Eugenio Tironi publica este libro a principios de marzo de 2020, muy poco después del estallido. Y en él intenta entender qué pasó.
Una explicación que no se conforma con una sola causa
Me llama la atención la complejidad que despliega Eugenio Tironi. La cosa es multidimensional. ¿Cómo reducir a una sola causa algo que se venía gestando por tantos frentes distintos? Los intérpretes monocausales están, sin duda, equivocados.
Tironi recurre a muchos autores a nivel global que analizan fenómenos parecidos ocurriendo en muchos lugares, dejando la sensación de que lo que pasaba aquí no era un fenómeno local, sino una expresión bastante global.
Un hecho concreto: la baja en el crecimiento y en la productividad. El producto interno bruto viene cayendo de un rango de 5 a 7 % de crecimiento anual, a uno de 2 a 4 %, llegando incluso al 0,6 %.
Esto deshace la expectativa de la meritocracia, es decir, la idea de que si trabajas duro, lograrás lo que sueñas. Eso empieza a no cumplirse. Y genera una frustración fuerte y transversal. El malestar.
El Modelo y la soledad del individuo
Hay un sistema de pensamiento instalado que justifica las diferencias de ingresos y riqueza: el llamado Modelo. Se centra en un eje fundamental en lo económico, el mercado como el gran regulador, con precios libremente fijados que guardan una información que un Estado nunca es capaz de recopilar.
Y está también el individualismo y el fin de los movimientos masivos. El marxismo, la socialdemocracia y el social cristianismo sucumben ante esta lógica. La lucha de clases se evapora. Cada persona pasa a ser responsable y culpable de su propio éxito o fracaso.
¿Qué le queda entonces a quien fracasa, si ya no hay a quién culpar más que a sí mismo? De ahí que el estallido provocó la congregación de miles de hombres y mujeres reducidos a la soledad de la nada, que al ser parte de esta masa que se congrega, sienten algo muy especial de pertenencia, de ser parte de algo significativo. Aunque lo que persigan sea quemarlo todo, ya es un sentimiento fundamental muy valorado.
El empoderamiento femenino y el fin de la deferencia
Un factor esencial en todo esto es el empoderamiento de la mujer, la revolución feminista, que es un fenómeno global de gran importancia en nuestra época.
La educación ensanchada que hemos vivido transforma la idea de sí mismo que la gente tiene. En Río de Janeiro, cuando un carabinero detiene a alguien por exceso de velocidad, por ejemplo, y este le dice "usted sabe a quién está tratando", el carabinero se cohíbe y lo deja ir.Esto ya no pasa en Argentina, y tampoco en Chile. La respuesta que se viene imponiendo es otra: "y a mí qué me importa".
Los airbags que dejaron de proteger
Tironi llama "los airbags" a instituciones como la Iglesia, los gremios y los partidos políticos, que han perdido su peso y prestigio social.
La Iglesia, por los abusos sexuales y la forma en que la institución los escondió —y con ello los protegió—, dañó gravemente su prestigio. Los partidos políticos dejaron de representarnos y se transformaron en máquinas de empleo y asignación de cargos, de una tribu preocupada solo de autosustentarse en sus posiciones de privilegio.
Los fraudes de las grandes empresas, como el del papel confort de una papelera que gozaba del mejor prestigio de Chile, se fueron al carajo. Lo mismo con las farmacias y los pollos. Y el financiamiento de los políticos a cambio de prebendas fue dañándolo todo. Mal también los empresarios.
¿Cómo no iba a estallar algo, cuando incluso los referentes de la élite recomendaban hacer bingos para financiar el arreglo del techo de una escuela, o levantarse más temprano para lidiar con el aumento de las tarifas del transporte? Y para rematar, aquel empresario que intentó echar a unas bañistas de "su" playa —siendo abogado, y por ello mejor conocedor de las leyes— se viralizó rápidamente en las redes sociales.
Lo que vino después
Al final, el estallido social estaba cantado. Lo que siguió, el acuerdo del 15 de noviembre para ir por el cambio de la Constitución, fue un acto genial. Aparte, el encierro de la pandemia fue un factor no menor.
Tironi recomienda descartar medidas violentas contra el estallido y, más bien, dejarlo evolucionar: esa energía se irá consumiendo sola. Surfear la ola, se podría decir, en vez de intentar detenerla. Y reflexionar sobre lo que está pasando.
Lo que vino después ya lo sabemos, y Tironi no lo sabía cuando escribió el libro. Al parecer esa energía rabiosa se calmó. ¿Sigue por ahí escondida, esperando su momento, o simplemente se apagó de pura desazón?
Un libro importante, escrito con la lucidez y el profesionalismo de un intelectual como Eugenio Tironi.
¿Tú qué crees: la rabia del 18-O se transformó en algo nuevo, o simplemente quedó dormida esperando la próxima chispa?








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