sábado, febrero 21, 2026

Libro La elocuencia del silencio de Thomas Moore

El arte de vaciarse: cuando menos es más vida

Hay una pregunta que Thomas Moore lanza casi como un susurro al inicio de su reflexión sobre el vacío, y que no me ha dejado en paz desde que la leí:

¿Estás viviendo lleno… o estás viviendo con espacio?

En una cultura que premia la agenda apretada, el perfil cargado de logros y la respuesta inmediata, esa pregunta suena casi subversiva. Pero vale la pena detenerse en ella, porque lo que Moore propone no es un elogio de la pereza ni una filosofía del retiro. Es algo más preciso y más exigente: una invitación a la ligereza interior.



El vacío no es la nada

El primer malentendido que Moore deshace es equiparar vacío con ausencia. El vacío que propone no es un hueco, es un espacio fértil. Es el silencio entre los pensamientos. Es el espacio interior de una taza sin el cual no podría contener nada. Es lo que le da sentido a la casa: no los muros, sino los espacios que esos muros crean.

Cuando no tapamos ese vacío — cuando resistimos la tentación de llenarlo con ruido, actividad o certezas — ese vacío revela. Y lo que revela muchas veces es más honesto que todo lo que acumulamos para cubrirlo.

Hay una imagen que me pareció especialmente poderosa: el arco tenso sin flecha visible. Hay potencia, hay presencia, hay autoridad. Pero no hay exhibición. El verdadero poder, dice Moore, no necesita ruido.


El vacío auténtico y el falso

No todo vacío es igual. Moore distingue con precisión quirúrgica entre el vacío auténtico — desapego honesto, espacio interior genuino — y el vacío falso: simulación de humildad, generosidad interesada, manipulación camuflada.

La diferencia no está en lo que se ve. Está en la intención. Y ahí es donde la cosa se complica, porque la intención es lo más difícil de examinar en uno mismo.

Me quedé pensando en esta frase: "La generosidad puede esconder necesidad de reconocimiento." Incómoda. Necesaria. Porque si somos honestos, muchas de nuestras acciones "desinteresadas" llevan algún apellido oculto. Vacío auténtico es ausencia de intención oculta. Eso es difícil. Y por eso vale.


Líderes que se vacían, maestros que escuchan

Moore tiene una visión particular del liderazgo que resuena mucho en el trabajo de acompañamiento: el verdadero líder no se llena de sí mismo; se vacía de sí mismo para que otros crezcan.

Y del maestro dice algo igualmente contundente: un maestro auténtico no es el origen del saber, es un canal. El mejor maestro sigue siendo alumno. Maestro y alumno no están en niveles distintos. Están mirando en la misma dirección.

Cuando recibes admiración, aplausos, reconocimiento — añade — no te pertenecen. Pasan a través de ti.

Esa es una forma radicalmente distinta de entender la autoridad. No como algo que se acumula, sino como algo que se ejerce precisamente cuando se suelta.


La felicidad que se escapa cuando la persigues

Hay un párrafo del libro que sintetiza de manera brillante lo que Aristóteles llamaba eudaimonía — estar habitado por un buen espíritu interior:

La felicidad no es el objetivo de la vida. Es un efecto secundario de vivir bien.

Intentar ser feliz, dice Moore, es como intentar dormir: mientras más lo fuerzas, menos ocurre. La felicidad es más un misterio que un producto, más un obsequio que un logro. Aparece cuando eres tú mismo, cuando fluyes sin exigencias neuróticas, cuando tu vida está alineada con tus leyes internas.

Y entonces propone algo que parece contraintuitivo: valora la infelicidad no como fracaso, sino como parte del ritmo. La vida da y quita. La naturaleza sostiene y mata. Con los años acumulamos experiencias, pero también perdemos: padres, amigos, certezas, versiones antiguas de nosotros mismos. La vida es un proceso de despojo. Y aprender a transitar ese despojo con dignidad puede ser más formativo que cualquier logro.


¿Cuánto te posee lo que posees?

Una de las preguntas más directas del libro es también una de las más reveladoras para quienes vivimos en contextos de abundancia relativa:

La verdadera pregunta no es ¿cuánto posees? Es ¿cuánto te posee lo que posees?

No se trata de no tener. Se trata de no estar poseído por lo que tienes. Reducir posesiones reduce ruido mental. La libertad no está en tener más opciones, está en necesitar menos.

Y hay algo más: el vacío interior genera compasión. Llenarse de ideología genera crueldad. Cada vez que alguien reduce a otro a una etiqueta, cancela su humanidad. La violencia no empieza con armas. Empieza con certezas absolutas.


Una práctica, no una teoría

Moore no escribe para ser citado en presentaciones. Escribe para ser encarnado. Y termina con algo concreto:

Mantén sillas cómodas vacías dentro de tu corazón. Eso es hospitalidad interior.

Una hora de quietud al día puede ser más transformadora que diez horas de hiperactividad.

Deja tiempo sin programar. Si todo está lleno, nada nuevo entra.

Y quizás la síntesis más elegante de todo el libro sea esta:

Vacíate, no para desaparecer, sino para que la vida tenga donde desplegarse.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Los comentarios de este blog son moderados; eso significa que antes de ser publicados, serán vistos y aprobados por el autor de los posteos (anda mucho bandido por las redes).
Disculpa las molestias