martes, noviembre 03, 2026

Libro La muerte de Ivan Ilich de León Tolstoi

Acabo de terminar un libro brevísimo, de solo 98 páginas, y me dejó removido. León Tolstoi lo escribió en la década de 1880 y, sin embargo, leído desde 2026, parece escrito para nosotros.

Una vida correcta

Ivan Ilich es un abogado ruso, funcionario del sistema judicial del imperio zarista. Estudia leyes y va ascendiendo, peldaño a peldaño. Lo que lo ocupa, casi por completo, es la apariencia: estar a tono con lo que la sociedad espera de él. Quiere estar por sobre sus colegas. Quiere estatus, comodidad, lujo. Y le importa mucho la estética.

Cuando monta su casa en Petersburgo, se involucra en cada detalle de estilo y compra antigüedades a buen precio para lograr el tono justo. Todo debe verse como corresponde.

¿Y él, qué quería? Esa pregunta nunca se la hace. Jamás.

Un matrimonio por conveniencia

Se casa con una mujer que se enamora de él, según cuenta el propio Tolstoi. Él no la ama de verdad: ella tiene un origen conveniente, y eso basta. Tienen dos hijos, y a medida que llegan los hijos, el matrimonio se va deteriorando. Iván se refugia, se enmohece, entre el trabajo, los amigos y las partidas de bridge.

Una vida ordenada, ascendente, respetable. ¿Y vacía?

Un golpe sin importancia

Mientras arregla su casa nueva, Iván sufre una caída y se da un golpe. Lo menosprecia, le quita importancia. Pero el golpe se convierte en molestia, la molestia en dolor, y el dolor en algo permanente que ya no puede ignorar. Termina yendo al médico.

Los médicos y el gran simulacro

Los médicos de la novela me llamaron mucho la atención. Leídos desde hoy, dan la impresión de no saber ni poder hacer lo que corresponde para sanar. Aparentan, recetan remedios, hablan con solemnidad. Iván se va dando cuenta de que nada de eso le ayuda.

Y en algún momento comprende algo peor: todo es un simulacro. Una falsedad. Y él se está muriendo.

La soledad de morir entre mentirosos

Lo más duro del libro, para mí, no es el dolor físico, sino la soledad. Los médicos, su mujer, sus amigos: todos viven en la hipocresía, en la no sinceridad de lo que está pasando. Todos actúan como si no se estuviera muriendo.

Hay una sola excepción: Gerasim, un joven sirviente, que le sostiene los pies en alto durante la noche, porque así Iván siente algún alivio. Sin discursos, sin fingir. Solo presencia.

¿Cuánto vale que alguien se quede a tu lado sin mentirte?

La rabia, y una luz al final

A medida que el dolor aumenta, Iván toma conciencia de la vida que ha tenido: una vida falsa, de apariencias. Siente irritación y rabia contra todos los que lo rodean. Grita durante días, en desesperación y soledad.

Pero Tolstoi no cierra el libro ahí. En los últimos instantes, algo se transforma en Iván: aparece la compasión por los suyos y una especie de luz, y la muerte deja de ser lo que temía. Un giro mínimo, casi imperceptible, que le da a la novela una dimensión que no esperaba.

Lo que me queda

Me conmueve el realismo, la sinceridad y la interioridad con que Tolstoi retrata a sus personajes. Y me sorprende que lo haya escrito un aristócrata que vivió con comodidad cerca de Moscú. Sabía de lo que hablaba: conocía muy bien el mundo de las apariencias desde adentro.

Es una novela breve, pero de esas que se quedan haciendo preguntas mucho después de cerrarla.

Y quiero dejarte una: si hoy supieras que te queda poco tiempo, ¿qué parte de tu vida reconocerías como tuya, y cuál descubrirías como pura apariencia?

"Yo, Gabriel Bunster, soy responsable de este contenido.
Puede que no haya escrito cada una de sus palabras, pero las ideas, las intenciones y las decisiones que dieron origen a este texto son mías.
La inteligencia artificial colaboró en su elaboración, pero fui yo quien condujo el proceso creativo."


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Los comentarios de este blog son moderados; eso significa que antes de ser publicados, serán vistos y aprobados por el autor de los posteos (anda mucho bandido por las redes).
Disculpa las molestias