jueves, abril 16, 2026

La IA no viene a optimizar procesos. Viene a redescubrirnos.

Anteayer asistí al lanzamiento de un libro sobre inteligencia artificial en las organizaciones, organizado por la ACTI —la Asociación de Empresas de TI de Chile— y celebrado en la Escuela de Ingeniería de la Universidad San Sebastián. Conocí al presidente de la mesa de IA de ACTI, Thierry de Saint Pierre, a su director ejecutivo Francisco Guzmán, y sostuve conversaciones estimulantes con varias personas igualmente entusiastas con este tema.

Sin embargo, me fui con una sensación de frustración. No por falta de inteligencia en la sala —la había, y abundante— sino porque creo que la conversación estuvo mirando el cuadro desde el marco, sin ver lo que realmente está pintado.


Lo que se dijo

Se habló de la IA como *herramienta*. Se buscaron los KPIs que pudieran certificar su "verdadero valor". Se discutió cómo hará más eficientes los procesos.

Todo correcto. Todo importante. Y sin embargo, todo insuficiente.


Lo que yo quería decir

Quería pedir la palabra para plantear algo que no escuché esa noche: lo más transformador que hará la IA no ocurrirá en los procesos. Ocurrirá en las personas.

La IA nos obliga a hacernos preguntas que, curiosamente, nunca nos hicimos del todo en serio: ¿Qué es la inteligencia? ¿Qué nos hace únicos? ¿Quiénes somos en el mundo que viene?

Por décadas hemos educado y gestionado personas como si fueran operarios y optimizadores de líneas de proceso. La IA llegará a hacer eso mejor que nosotros. Y eso, lejos de ser una amenaza, puede ser una liberación.


La educación como pasión, no como entrenamiento

Bajo la IA, la educación será guiada por nuestras preguntas —y por lo tanto por nuestros intereses genuinos— y en última instancia por lo que terminará siendo nuestra pasión.

¿Te imaginas un mundo donde cada persona trabaja en lo que la apasiona, y además está potenciada por una inteligencia amplificadora? Eso es lo que la IA puede hacer por nosotros: no reemplazarnos, sino enarbolarnos.

Por eso, cuando las empresas planifican la incorporación de IA, creo que están cometiendo un error de secuencia al empezar por los procesos o la rentabilidad. Deberían empezar por las personas. Las capacitaciones no deberían ser técnicas en primer lugar; deberían ser inspiradoras. Deberían inflamar a las personas con esta pregunta: ¿qué podrías hacer tú si tu inteligencia fuera amplificada?


La empresa como organismo vivo

La IA pondrá —finalmente— a la persona en el centro.

La empresa ya no podrá verse como una máquina a optimizar. Tendrá que entenderse como un organismo vivo: personas conectadas en red, no solo de comunicaciones, sino también de emociones.

Y aquí está el verdadero desafío. Cuando miramos a una persona, vemos su cuerpo y escuchamos lo que dice. Pero las cosas más importantes son invisibles: cómo escucha, qué siente, qué la mueve profundamente. Y como somos una cultura centrada en la ciencia —donde lo que no se mide no existe— hemos sido históricamente torpes gestionando lo invisible.

¿Cómo lideramos organizaciones centradas en personas reales, con sus emociones y sus significados, cuando además esas personas están siendo transformadas y potenciadas por una tecnología que aún no terminamos de comprender?


La pregunta que me llevé a casa

Esa noche no encontré espacio para decirlo en voz alta. Lo digo aquí.

La IA no es una herramienta más. Es un espejo que nos pregunta quiénes queremos ser. Y las organizaciones que entiendan eso primero serán las que lideren lo que viene.


¿Qué opinas tú? ¿Ves la IA como una herramienta de eficiencia, o como algo más profundo?

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