lunes, noviembre 27, 2023

El ser decae y la relación adquiere protagonismo

Cada uno de nosotros es un observador particular válido, es el mensaje detrás del ejercicio que llamo El Observador.
En este ejercicio experimentamos cada uno esto del observador distinto y particular que es cada uno.
No será algo que hemos leído, o que nos lo dijeron, lo habremos vivido.
Y de verdad, todos vemos una realidad distinta. ¿Cómo es esto posible?

Pensamos que la realidad es objetiva e irrefutable. Es ella, la realidad la que viene a nosotros a través de ondas de luz, estimulan las neuronas de la retina, que emiten señales eléctricas que viajan al cerebro por el nervio óptico, donde se produce la imagen que es una réplica de la realidad; una imagen espejada.

Y qué tal si esto no ocurre así ? No hay una realidad ahí afuera sino que vivimos en una especie de sueño producido por el cerebro con imágenes que viajan del cerebro al ojo. En el ojo se producen algunas disparidades entre el estímulo visual que llega de la realidad y la señal del cerebro, las que son enviadas al cerebro para efectuar pequeñas correcciones a la imagen que en definitiva produce el cerebro. De ahí la coherencia entre la experiencia visual y la realidad.

Esta perspectiva desplaza el foco de la realidad, de la cosa allá, a la relación entre la cosa observada y el observador.
El observador entra en escena con un rol muy destacado, pues es él el que en buena medida está creando o influyendo fuertemente en lo que será al final la experiencia visual.

O auditiva.
Lo que vemos gravita principalmente en la relación entre la realidad observada y el observador y empieza por ponerle más peso, más gravitancia a la influencia de la experiencia en el observador.

Tenemos la tendencia a interpretar el escuchar como si se tratara de un fenómeno similar al diálogo entre computadores, en donde viaja cierta información de uno al otro, en el receptor se activa un proceso computacional que interpreta lo recibido, como si de lo que se tratara fuera de entender lo recepcionado.
La escucha humana, me va pareciendo, no opera así.
Llega un estímulo auditivo y ello levanta en el que escucha .. cualquier cosa.
Eso que aparece como lo que llega, más bien, en buena medida, es producido por el escuchador internamente.

Recuerdo una vez que una mujer nos leyó a un grupo grande de personas un poema de Benedetti y nos pidió que registráramos lo que habíamos escuchado.
Empecé a escuchar los reportes de los demás y sentí una preocupación porque no se parecía a lo que yo había escuchado. Me puse de pie a mi turno y relaté lo que yo había escuchado; y me senté.
Luego de escucharnos a todos, la mujer volvió a leer el poema y .. yo escuché lo mismo de antes.
Conclusión: todos somos escuchadores particulares válidos. Misma cosa que en el ejercicio del observador.

Conclusión: nuestra experiencia es producto de la relación entre el mundo allá afuera y yo como observador/escuchador.

Este cambio paradigmático surge en la física cuántica.
Los científicos estudian en sus laboratorios al electrón. Son capaces de determinar su ubicación, pero la velocidad se les hace indeterminada. Si determinan la velocidad, la ubicación se les hace indeterminada.
La materia electrón se hace inasible, inagarrable.
Y para rematarla, si no hay nadie mirando, parece que el electrón desaparece; no está.
Los físicos cuánticos poco entienden del comportamiento de la materia a este nivel.

Lo que empieza a decantar es que el ser del electrón, nos supera. O podríamos decir que el ser del electrón sólo adquiere presencia o existencia, cuando hay un observador consciente presente. El ser del electrón queda pulverizado, reducido a la nada misma y adquiere presencia ante un observador consciente.

Los meditadores sabemos que en el núcleo de nuestro ser, al que accedemos meditando, no hay nada o solo hay un espacio vacío, consciente.
Podemos decir que no somos nada y que lo que nos constituye son nuestras relaciones.
Relaciones con personas y con cosas, con lo que hacemos.

Esto sin duda afecta al observador que soy. Y afecta la forma en que ejerzo mi oficio de coaching.

14 comentarios:

  1. Anónimo9:28 a.m.

    Gracias Gabriel, extraordinaria reflexión. Te felicito por tu capacidad de acceder a ese espacio de vacío consciente, requiere entrenamiento y constancia. Tu texto expresa “una explicación” muy plausible. Se me ocurre que vivir entendiendo lo que explicas es diferente a cómo vivimos el común de los mortales. Gracias

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    1. Muchas gracias, quien quiera que seas

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    2. En el mundo actual, inmersionarse en el vacío que somos sólo para sentir plenitud, no es rentable

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  2. Tal vez agregar una extensión: "Primariamente podríamos decir que somos "seres en relación" con nosotros mismos y por ende co-constructores de eso que llamamos "realidad"? Steiner en la "Teoría del Conocimiento" sienta un precedente justificado filosóficamente de como conocemos, que me trajo a la misma conclusión tuya: "Estamos siendo en la relación con nosotros mismos, con lo otros y por consecuencia con todo lo que "nos circunda" como "percepción" que completamos con aquello que "estamos siendo" para formar "la realidad". Gracias Gabriel por tu reflexión.

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    1. Gracias a ti Juan Ignacio por el comentario, que comparto

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  3. eugenio heiremans8:41 a.m.

    Mi humilde opinión es que el ser no decae, sino que cambia o se va construyendo con la relación con el otro o la cosa, observación, lectura, música , etc.,
    De esta forma el ser y esta relación pasan a ser un solo ente, que va cambiando permanentemente

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    1. Comparto tu humilde opinión, aunque yo la frasearía de la siguiente manera: somos una nada consciente, que se puede asociar a un observador que va cambiando, se va transformando, producto de las relaciones que va sosteniendo en la vida, producto de las interacciones, tanto con personas como con cosas. No somos nada en si, somos conciencia observadora que evoluciona, crece o desciende.
      Qué dices Pancho ?

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    2. Decir que somos una "nada" me parece que sería negar la naturaleza intrinseca de la conciencia misma, cuya "sustancia" podría desafiar nuestra capacidad de "experiencia sensible"; tal vez si apelamos a los antiguos misterios, podríamos volver a hablar de una "substancia espiritual", que en los tiempos actuales nos pareciera tan ajena. Sin embargo al menos "para nosotros", esta substancia la podemos percibir , al menos con la percepción del propio "si mismo", lo que ya genera un arquetipo de "relación". O tal podría ser que la substancia de la conciencia es "la relación" y por ende somos siendo en relación en continua evolución?

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  4. Anónimo9:33 a.m.

    Seríamos “un espacio vacío consciente” que al relacionarse con “algo allá afuera”, constituye la “realidad” que experimentamos. Me ocurre que mayoritariamente estoy absorto en la experiencia y la atribuyo al “allá afuera”. Efectivamente, las cosas, incluido nuestro propio cuerpo (qué viene a ser una cosa más), el tiempo, el lugar, constituyen mi realidad. Sin embargo, nada de esto es posible sin el “espacio vacío consciente”.
    Reconocer el “espacio vacío interior” es fundamental, así nos hacemos cargo de nuestra realidad y no le echamos la culpa al “empedrado”.
    Así, habría un equilibrio entre interior y exterior, la realidad viene desde allá, pero tb desde aquí. Personalmente prefiero el desde aquí, más que el desde allá. Me gusta crear mi realidad.

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  5. Anónimo8:47 a.m.

    Hola Gabriel,
    El tema es interesante.
    Quizá un concepto importante es el de “contexto”.
    No nacemos con una tabla rasa en nuestro cerebro y, la percepción de la realidad, de ahí en adelante, depende de la imperfecta formación de contextos. Contextos formados por recuerdos imperfectos, por cierto, calibrados por la realidad.
    Quisiera agregar algo más relacionado con las observaciones de partículas pequeñas, que a veces se obvía: no es posible observarlas, solo se infieren, son demasiado pequeñas.
    Por último, es arriesgado derivar conclusiones de la física cuántica, cuando, la verdad, se ignora demasiado. Sugiero visitar a Eric Weinstein para apreciar lo poco que se sabe.
    Joe Rotger

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    1. Tal vez lo de la inferencia de "partículas pequeñas no observables" sería bueno someterla a debate; existen realmente?. Entiendo hasta en las matemáticas se ha llegado a demostrar que sus fundamentos se basan en "asunciones" y no en "verdades" demostrables por si mismas.

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  6. Hola Gabriel, mi relación con lo que escribiste es mía y diferente a lo que pensaste al escribirlo. Siendo así, se comprende por qué la comunicación y las relaciones interpersonales son tan difíciles; ero siendo consciente de esto creo que puede aparecer más tolerancia y, ojalá, más empatía. Gracias por compartir esta reflexión tan importante!!!

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    1. Claro, si pensamos que poseemos una verdad, la comunicación y las relaciones interpersonales serán muy difíciles; pero si pensamos que somos meros observadores en permanente transformación, consciencia al final de cuentas, de una realidad inasible, en buena medida construida por nosotros mismos, sí podemos conversar; y avanzar.
      Haciendo Constituciones no lo hemos logrado.
      Buen día Guillermo

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    2. Claramente no lo hemos logrado.

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