Chul Han hace contrapuntos entre la mirada de distintos filósofos de nuestro occidente con el Budismo Zen, una concepción tan radicalmente distinta a todo lo nuestro, que no dejó de sorprenderme su radicalidad.
Cultivan el vacío radical. Un estado que se logra a través de anular todo apetito y deseo, anulación completa del yo y de la apropiación en cualquier forma. Esta anulación de la interioridad, genera una total acogida a todo y a todos, lo que redunda en una afabilidad total.En contraste, en el occidente lo que prima es la substancia, el ser, lo interior, el yo. Este sujeto que habita en el centro del ser, quiere ser, quiere aparecer o su desarrollo busca su despliegue.
Buscamos nuestra esencia de manera que esta florezca y se desarrolle, creando un mundo alineado con la perspectiva que ese ser le confiere al mundo.
La esencia de este ser, se refleja en sus apetitos, en sus aspiraciones, en lo que quiere lograr. Va tras algo que procede de un impulso interno, movido por ese apetito, hambre, al final de cuentas, de ser.
Disfruté un concepto que salí a chequearlo, preguntándole a varias personas, "cual es la esencia de un anillo como este, mi anillo de compromiso ?".
Recibí múltiples respuestas, de la más diversa índole. La que empató completamente con el planteo Zen fue mi hija, que me dijo que la esencia del anillo es el espacio vacío que deja al centro, donde irá el dedo.
Bravo, esa es la respuesta correcta, desde el punto de vista oriental. Alguno me dijo que la esencia del anillo es su símbolo de un compromiso y fidelidad de una pareja. Esa esencia está en la mente del observador y no en el anillo mismo.
De ahí pasamos a un jarrón, con la pregunta por su esencia. Y los que ya habían escuchado la conclusión del anillo, empezaron a hablar del espacio vacío que conforma el jarrón. En ese espacio vacío, puede contenerse agua, vino, muchas cosas.
El espacio vacío acoge y retiene, demora dicen ellos, agua por ejemplo, cuyo don, cuyo regalo, es la posibilidad de beberla, cuando yo quiera.
Qué es antes, el vacío o el jarrón ? El vacío, dirán los Zen. Y qué pasa cuando el jarrón se rompe ? En vacío sigue ahí. Así es la muerte. El alma es como ese vacío del interior del jarrón, que cuando muere o se corrompe su contenedor, el alma, al igual que el vacío, vuelve a ser parte, como siempre lo fue, de hecho, del todo.
Me gustó mucho esta metáfora o concepción.
Empecé a mirar las casas o departamentos (vivo en uno), como el espacio vacío que permite que los humanos nos congreguemos. Las casas son espacios vacíos configurados por la construcción, donde habitamos, laboramos, descansamos.
El Budismo Zen cultiva en las personas el ser vacío, sin interior, sin yo, sin apetito, sin deseos, sin aspiraciones. Viven conectados con lo cotidiano, sin buscar nunca nada trascendente, nada mas allá de lo que está ante nuestros ojos, en el presente, sin más.
Y cómo se está ahí ? Bien, parece. Son buenos para acoger a parientes y no parientes. Son buenos para reírse de buena gana. Algo tiene esto de atractivo, pero es tan radicalmente distinto a toda nuestra constitución y cableado, que nos queda lejos, pienso.
Me quedé pensando en la meditación, Una forma es la de irse al yo y regocijarse en él y otra es irse al vacío del no yo .. Cómo será eso ?













