Ray Dalio es inversionista y gestor de fondos norteamericano, socio fundador de Bridgewater Associates, el mayor fondo de cobertura del mundo. El 2020 lo señalaron como el hombre más rico del planeta. Y sin embargo, lo que más me interesó de este libro no fue su fortuna, sino el método con el que la construyó.
Un modelo para leer la historia
Para gestionar los fondos que administra, Dalio desarrolló un modelo basado en 17 parámetros para medir la evolución de los países. Con ellos construyó lo que llama El Gran Ciclo, una teoría capaz de describir —y hasta anticipar— el destino de los imperios. Mantiene además un sitio, EconomicPrinciples.org, donde va compartiendo esta mirada con su público.
¿Se puede leer la historia de la humanidad como si fuera un balance financiero? Dalio cree que sí, y lo demuestra.
Tres fuerzas, un mismo patrón
Detrás del Gran Ciclo, Dalio identifica tres grandes fuerzas que se mueven juntas: el ciclo de la deuda y el dinero, el ciclo del orden y desorden interno de cada país, y el ciclo del orden y desorden externo, es decir, cómo se relaciona una potencia con las demás. Cuando las tres fuerzas se alinean, un imperio sube. Cuando se desalinean, cae.
Y describe el arquetipo completo: los imperios nacen, ascienden, llegan a una cima donde empiezan a degradarse, y ese deterioro casi siempre termina en guerras o guerras civiles.El paseo por la historia
El libro recorre cinco siglos con una precisión que impresiona. Los Países Bajos vivieron un auge notable, al punto que su moneda, el florín, fue durante un tiempo donde el mundo entero ahorraba e invertía. España, antes que ellos, había tenido su época de gloria con el descubrimiento y la conquista de América.
Después llegó el Reino Unido. Los Países Bajos sostuvieron varias guerras contra los ingleses hasta ser derrotados, y España fue vencida en el mar cuando Inglaterra vino a disputarle el dominio. Así se fue construyendo el imperio Británico, impulsado por la revolución industrial, hasta poblar el planeta de colonias.
Las dos guerras mundiales marcan el quiebre siguiente: ahí termina el auge británico y comienza la supremacía de su antigua colonia, Estados Unidos. Dalio no se queda solo en Occidente: recorre también el imperio Chino desde el año 500 antes de Cristo, y encuentra ahí los mismos ciclos que sustentan su teoría en el resto del mundo.
¿Y ahora?
Según este modelo, Estados Unidos va en franco deterioro, y el imperio emergente que le disputa la supremacía es China. Verlo desde la mirada tan sistemática de Dalio, con datos y patrones que se repiten durante siglos, hace mucho más nítido ese deslizamiento.
Recuerdo una conversación con alguien que se movía en mercados de alto nivel, que me dijo que él no invertía en empresas, sino en países. Creo que Dalio, con Bridgewater, hace exactamente eso.
La lectura predispone a ver lo que se viene: una guerra entre Estados Unidos y China dentro de un plazo de diez años, según el propio Dalio. Y a esta altura de la historia, con el poder destructivo que existe hoy, no quiero ni imaginar la devastación que eso significaría para el planeta. La guerra actual contra Irán, de hecho, bien podría leerse como un ataque indirecto a China, que se abastece de manera importante desde el golfo Pérsico, hoy bloqueado.
La lección de la sobriedad
Lo que más me dejó pensando es otra cosa: cuando los países llegan a la cúspide, se engolosinan. Empiezan a sentir que se merecen condiciones fastuosas de vida, gastan en exceso, se endeudan, sin ver que están cavando su propia tumba.
¿No es la misma tentación, a otra escala, la que enfrenta cualquiera que logra éxito o riqueza? Quizás la lección de fondo no es solo geopolítica: es que, incluso alcanzando la abundancia, hay que sostener la sobriedad y la austeridad. Los imperios que olvidan eso, tarde o temprano, lo pagan.
Es un libro de altísimo valor para quienes manejan cifras significativas de ahorro y están permanentemente pensando dónde invertir. Pero también, creo, para cualquiera que quiera entender hacia dónde va el mundo en que vivimos.
¿Estamos dispuestos, como personas y como países, a mantener la sobriedad justo cuando más nos cuesta hacerlo: en la cima?




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