jueves, septiembre 24, 2026

Con la IA florece el desierto florido

Esta metáfora del desierto florido, sobre la relación entre la inteligencia artificial (IA) y los humanos, me la aportó Pedro Flores. Él dice que el agua de nuestras preguntas, de nuestras intervenciones, hace que de la IA broten las flores de un desierto florido. Que no es en los fierros de la tecnología donde brotan las flores, sino en las mentes y los corazones de nosotros, las personas.

La inteligencia artificial es mirada por muchos con desconfianza, como un espacio desértico, como datos y más datos, amasados y recuperados a la velocidad del rayo, sin ser más que un "loro estocástico" (una conexión de palabras mediante algoritmos estadísticos).


Me pregunto cómo funciona nuestro cerebro cuando hablamos, generando ese río de palabras que no tuvieron tiempo para ningún preámbulo, ningún borrador, generadas en procesos de alta velocidad, una palabra tras otra, en apariencia con total lógica, sentido y racionalidad.
¿No seremos también algún tipo de loro estocástico más desarrollado?

La IA, esa cosa al otro lado de la pantalla, parece un verdadero desierto si no se nos ocurre nada que preguntar, nada que pedir.
Es cuando en nosotros brotan las preguntas, surgen los pedidos, que al ser lanzados a la superficie del desierto de la IA, hacen emerger y aflorar más maravillas.
Esto nos pone frente a frente al verdadero desafío que es la IA. ¿Cuáles son tus preguntas, cuáles son tus inquietudes, cuáles son tus intereses?

Tras estas preguntas está mi servicio, que llamo Coaching de las Preguntas para la Era de la IA.

Pero no es solo eso. Cuando te llega de vuelta la devolución de la IA, necesitas criterio, discernimiento, intención, para que de verdad puedan florecer las flores de lo que estoy llamando el desierto florido.
No se trata de que la IA piense por ti, sino de que te ayude a pensar mejor tú.

La IA puede generarte muchas ideas, muchos brotes. Solo tú puedes saber cuál te sirve y cuál no, cuál vale la pena y cuál más vale descartar; ese criterio es solo tuyo. Y debes tenerlo desarrollado.


Los principales brotes surgen de tu introspección, de tu silencio, de tu experiencia, de tus conversaciones con otros. Y a partir de ellos vas a la IA y profundizas, ensanchas, vas más lejos, en un diálogo entre pares, sabiendo siempre que el que tiene la experiencia, las emociones, la chispa divina, eres tú. Y solo tú.

Estoy convencido de que la convivencia con la IA nos obliga a profundizar y, a veces, a iniciar el desarrollo personal. Porque la IA, y el posible desierto florido que emerja, es solo resorte tuyo.



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