Cada uno de nosotros es un observador particular válido, es el mensaje detrás del ejercicio que llamo El Observador.
En este ejercicio experimentamos cada uno esto del observador distinto y particular que es cada uno.
No será algo que hemos leído, o que nos lo dijeron, lo habremos vivido.
Y de verdad, todos vemos una realidad distinta. ¿Cómo es esto posible?
Y qué tal si esto no ocurre así ? No hay una realidad ahí afuera sino que vivimos en una especie de sueño producido por el cerebro con imágenes que viajan del cerebro al ojo. En el ojo se producen algunas disparidades entre el estímulo visual que llega de la realidad y la señal del cerebro, las que son enviadas al cerebro para efectuar pequeñas correcciones a la imagen que en definitiva produce el cerebro. De ahí la coherencia entre la experiencia visual y la realidad.
Esta perspectiva desplaza el foco de la realidad, de la cosa allá, a la relación entre la cosa observada y el observador.
El observador entra en escena con un rol muy destacado, pues es él el que en buena medida está creando o influyendo fuertemente en lo que será al final la experiencia visual.
O auditiva.
Lo que vemos gravita principalmente en la relación entre la realidad observada y el observador y empieza por ponerle más peso, más gravitancia a la influencia de la experiencia en el observador.
Tenemos la tendencia a interpretar el escuchar como si se tratara de un fenómeno similar al diálogo entre computadores, en donde viaja cierta información de uno al otro, en el receptor se activa un proceso computacional que interpreta lo recibido, como si de lo que se tratara fuera de entender lo recepcionado.
La escucha humana, me va pareciendo, no opera así.
Llega un estímulo auditivo y ello levanta en el que escucha .. cualquier cosa.
Eso que aparece como lo que llega, más bien, en buena medida, es producido por el escuchador internamente.
Empecé a escuchar los reportes de los demás y sentí una preocupación porque no se parecía a lo que yo había escuchado. Me puse de pie a mi turno y relaté lo que yo había escuchado; y me senté.
Luego de escucharnos a todos, la mujer volvió a leer el poema y .. yo escuché lo mismo de antes.
Conclusión: todos somos escuchadores particulares válidos. Misma cosa que en el ejercicio del observador.
Conclusión: nuestra experiencia es producto de la relación entre el mundo allá afuera y yo como observador/escuchador.
Este cambio paradigmático surge en la física cuántica.
Los científicos estudian en sus laboratorios al electrón. Son capaces de determinar su ubicación, pero la velocidad se les hace indeterminada. Si determinan la velocidad, la ubicación se les hace indeterminada.
La materia electrón se hace inasible, inagarrable.
Y para rematarla, si no hay nadie mirando, parece que el electrón desaparece; no está.
Los físicos cuánticos poco entienden del comportamiento de la materia a este nivel.
Lo que empieza a decantar es que el ser del electrón, nos supera. O podríamos decir que el ser del electrón sólo adquiere presencia o existencia, cuando hay un observador consciente presente. El ser del electrón queda pulverizado, reducido a la nada misma y adquiere presencia ante un observador consciente.
Los meditadores sabemos que en el núcleo de nuestro ser, al que accedemos meditando, no hay nada o solo hay un espacio vacío, consciente.
Podemos decir que no somos nada y que lo que nos constituye son nuestras relaciones.
Relaciones con personas y con cosas, con lo que hacemos.
Esto sin duda afecta al observador que soy. Y afecta la forma en que ejerzo mi oficio de coaching.












