El mundo se ha puesto altamente complejo. La crisis del sistema educacional, pareciera que no damos pie en bola para resolverlo y cada vez que implementamos alguna nueva norma, la cosa empeora. Es cosa de ver colegios como el Instituto Nacional.
Nadie a solas o en grupo, con los qué piensan igual, tiene la solución.Ya no sirve ponerlos a debatir para ver quien gana, pues ninguna de las partes tiene la solución.
Recuerdo a Nicanor Parra cuando dijo, la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas. Más me parece que por ahí irá la cosa.
Poner a la izquierda y a la derecha a conversar, no a debatir, parece ser la vía para mejores soluciones.
Lo que no sabemos, aunque creemos saberlo, es conversar. Conversar de buena forma.
Para conversar de buena forma necesitamos haber aprendido varias cosas antes:
- No hay una realidad ahí afuera. Lo qué hay son observadores particulares, qué ven realidades distintas, qué al parecer ellos mismos la están creando.
Si no hemos superado este punto, nos entramparemos en las discusiones de quién está viendo la realidad correctamente, lo qué es un error filosófico-biológico-neuronal. - Qué hay distintas maneras de escuchar al otro. Unas en qué escuchamos para refutar o ver si estamos de acuerdo. Otra en que escuchamos empáticamente, poniéndonos en los zapatos del otro, queriendo comprender de verdad lo qué dice, porque lo dice y desde donde lo dice.
Incluso podemos ir más a fondo con la escucha generativa, innovativa, qué ateniendo a lo qué emerge en la dinámica de la conversación atendemos a las cosas qué emergen del campo qué la interacción crea.
Para un buen conversar tenemos qué aplicar un buen escuchar. - Necesitamos distinguir los juicios de las afirmaciones, pues cuando se confunden se distorsiona mucho lo qué está pasando en la conversación.
- Necesitamos saber pedir, cuando de pedir se trata. Y necesitamos saber ofrecer, cuando de ofrecer se trata.
Necesitamos comprender la importancia de los compromisos qué se adquieren en las conversaciones y el daño cuando no se procesan bien los incumplimientos. Su impacto en la identidad pública de las personas. - Necesitamos cultivar la capacidad de no solo observar las emociones qué aparecen en las conversaciones, sino saber gestionarlas.
Las emociones son el motor de todo lo qué hacemos y deben calibrarse en su real importancia. Lo mismo los estados de ánimo. - Necesitamos distinguir desde donde hablan las personas, desde el deber ser, desde lo correcto o desde lo que ellos piensan y sienten de verdad. Tienen las personas una buena conexión consigo mismo, o están pauteados por las ordenanzas qué los rigen.
- Tener distinciones de los tipos de conversaciones qué existen, para saber llevar los debates a diálogos y los diálogos a conversaciones generativas.
- Tener herramientas para distinguir las formas más comunes de corromper conversaciones, como juzgando lo qué el otro dice, echando la talla, riéndose o burlándose, silenciando las voces discordantes, etc, etc.
En una conversación de calidad, el tema no es lo central, son las personas. Por ello es importante partir por que las personas se presenten. Necesitamos saber quienes somos los que nos hemos reunido a conversar.
Cuando las personas de una empresa u organización se conocen y conversan bien, la comunicación dentro de la empresa se hace más fluida, se avanza en inclusión, la innovación prospera y la creatividad destructiva se hace posible. Estas son las razones por las que las naciones prosperan y harán que las organizaciones también lo hagan.
Pienso que es la solución para muchos contextos complejos que vivimos como país, como en las empresas, organizaciones, familias, etc.














